Río Grande de luto, Falleció Juan José Degratti

Río Grande de luto, Falleció Juan José Degratti

El antiguo poblador de Río Grande falleció este viernes por la madrugada tras una penosa enfermedad. Hace 60 años comenzó su travesía de unir Tierra del Fuego con Alaska en una moto, sueño que cumplió y logró convertirse en el primer hombre en hacerlo. Además de ser entusiasta relator del Gran Premio de la Hermandad. Hace pocos días cumplió 85 años. También recientemente, los moteros y la Municipalidad de Río Grande, encabezada por el intendente Martín Pérez le hicieron un merecido reconocimiento, asimismo, el Concejo Deliberante. Desde el Sindicato de Petroleros Privados, del cual Degratti fue su secretario General por más de tres décadas, enviaron sus condolencias por este luctuoso hecho.

Río Grande.- “En el día de la fecha falleció el Compañero y Amigo Juan José Degratti; desde el Sindicato de Petróleo y Gas Privado a través de su secretario general Luis Alberto Sosa Comisión Directiva y Cuerpo de Delegados acompañamos a la familia en este triste desenlace, sus restos serán velados en la sala de la cooperativa a partir de las 09:00 a 14:00 horas. Participa la familia”, informó el secretario de prensa del gremio René Vergara.
Agregó que “el 18/11/1960 emprendía un viaje de Ushuaia a Alaska y hoy 19/11/2021 emprende un nuevo viaje hacia los brazos de nuestro señor Jesucristo. Descansa en paz Juan José”.

De Ushuaia a Alaska

El 19 de noviembre de 1960, en una moto Alpino de 175 c.c., iniciaba un viaje de 28.800 kilómetros que terminó felizmente luego de casi 3 años e innumerables peripecias. Fue el primero en el mundo en cumplir tal hazaña.
En un reportaje realizado por el periodista Germán Gasparini, relato hace una década esta travesía.
Pensar que en 1960 a alguien se le podría ocurrir unir la ciudad de Ushuaia con Fairbanks en Alaska era pensar casi en un imposible y semejante travesía solamente se conseguía soñar en esas frías noches de aquellas viejas épocas en donde todo era poco para apaciguar el frío de entonces.
Pero ese sueño, ese casi imposible de acuerdo a la lejanía y a la distancia de ambas ciudades, a la adversidad climática, a los caminos de ripio, a los pozos, a los peligros de los ríos que se presentaban y hasta los inhóspitos de algunos de los lugares que debía atravesar hacían aún más peligrosa esta travesía pero la misma, se hizo realidad a través del espíritu aventurero e inquieto de un joven que por entonces tenia veintitrés años y un sinfín de sueños y hazañas por lograr y cumplir, ese joven que hoy ya es un hombre entrado en canas, padre de familia, abuelo de ocho nietos y recientes 84 años, se llama Juan José Degratti y cuenta la historia de semejante viaje cincuenta años después con la misma alegría, emoción y adrenalina de quien lo vivió todo, con la satisfacción del sueño alcanzado que le ilumina la cara y como si el viaje hubiera terminado hace pocos días.
Juan José Degratti nació en el siglo XX, el 10 de noviembre de 1936, en Rosario, provincia de Santa Fe, pasó su infancia y adolescencia en esa ciudad a la vera del río Paraná, fue aventurero, inquieto y amante de la mecánica, desde muy chico ya preparaba los motores de los karting para sus amigos hasta que en el año 1957 fue sorteado para realizar el servicio militar obligatorio y partió hacia Corrientes, a su vuelta emprendió viaje a la ciudad de Río Grande, a la que arribó el 18 de junio de 1958 a las 16:45 horas para trabajar en primera instancia en el INTA y luego para Tennessee, una empresa petrolera de Estados Unidos, en donde tiempo después participó de la fundación del sindicato del sector y actuó también como secretario general de ese gremio.
Ese espíritu aventurero y emprendedor fue lo que lo llevó a los pocos días de haber cumplido veintitrés años, pasar una mañana por la casa del entonces capitán de Tierra del Fuego, Gobernador Campos para comentarle la flamante idea de realizar semejante viaje y pedirle una carta de presentación para ser exhibida en las distintas embajadas y lugares que intentaría recorrer, el gobernador lo miró asombrado, sorprendido y hasta desconcertado por las palabras que acababa de escuchar pero este buen hombre le escribió las cartas y le deseó el mejor de los éxitos para la aventura que estaba por comenzar.

El Viaje: Un joven rosarino, una pequeña moto y el sueño de llegar a Alaska

El inicio de este raid fue el 19 de noviembre de 1960, del cual se cumplieron 60 años de esta gran epopeya que fue unir en motocicleta las ciudades de Ushuaia con Fairbanks, en Alaska. Degratti emprendió esta gran marcha que duró treinta y dos meses a las 9:45 de la mañana a bordo de una moto marca Alpino, de tan solo 175 C.C. y 6 caballos de fuerza, motor nº 421, chasis nº 1552 y patente nº 012 de Ushuaia.
En este sentido, Juan confiesa que “El 19 de noviembre pasé a saludarlo al Gobernador y a las 9:45 hice certificar en el libro ante la policía mi salida desde Ushuaia hacia Alaska a través de un cabo segundo de apellido Díaz”, y recuerda que “esa fría mañana tomé por la ruta nacional, por el camino viejo del Garibaldi y cuando llegué a la parte más alta estaba nevando, ahí me encontré con Sevillano y me preguntó a dónde iba y al contestarle me dijo que estaba loco, le dije que eran locuras de la juventud y seguí viaje a la Misión Salesiana en Río Grande, lugar en el que paré porque conocía a los curas del lugar entre los que estaban los padres Ruiz, Muñoz, Luis Barraquin, eran curas que había conocido tiempo antes cuando trabaja para el INTA. Al padre Ruiz le comenté la idea y le solicité una carta de recomendación para presentar en las distintas casas salesianas y me hizo una nota de apoyo en donde me recomendaba para todas las casas salesianas”.
En el transcurso de este largo viaje enfrentó diversas dificultades meteorológicas, terremotos, volcanes, derrocamientos de gobiernos y alguna que otra enfermedad propia de tantos cambios y desarreglos en las comidas como también el tener que cruzar en balsas o desarmar la moto para cruzar los ríos más fantásticos hasta enamoramientos de momentos que en más de una oportunidad le hicieron perder la cabeza y poner en duda la continuidad del viaje, fue así, que al llegar a Rosario, la ciudad en donde tenía a su familia, pasó a saludarla antes de continuar viaje, se enamoró de una rosarina y se quedó por unos quince días, en este sentido, Juan nos relató cómo su padre lo hizo cambiar de parecer, al respecto expresó que “mi viejo me dijo que sino realizaba este viaje yo no era su hijo porque uno cuando quiere realizar algo lo debe cumplir”.
Y al respecto agrega que “fue ahí que me hizo un click la cabeza y después de dejar Rosario seguí viaje hacia Córdoba en donde paré y me dieron alojamiento en la policía, luego seguí a Desaguadero, Tucumán, Jujuy, Salta y ahí me quedé por dos o tres días en la Quiaca debido a que no podía pasar porque no tenia la documentación de la moto para salir del país, me buscaron una resolución hasta que Honorio Panceri, director de la aduana local, me hizo todos los papeles y me dejo pasar para Bolivia”.

Travesía tras la frontera

Al dejar Salta y con ello suelo argentino, emprendió viaje hacia Bolivia en donde ingresó a través de Villazón para luego continuar vía Camargo, Potosí, Sucre, Cochabamba, Oruro y La Paz, capital de Bolivia. En este país comentó que “cuando iba llegando a la parte más alta la moto se me apunaba por falta de aire, por la altura y como desde chico era mecánico y la moto la conocía mejor que la palma de mi mano, compré un líquido refrigerante pensando que iba a solucionar el problema pero a la larga me terminó perjudicando”.
Así mismo, Degratti expresó que “dialogó con los bolivianos que hablan quechua en función de una lista de algo más de 20 palabras claves con las cuales podía pedir alimento, datos y orientación en función del viaje que estaba realizando”.
Al dejar Bolivia siguió a Perú, país del que tiene un gran recuerdo y al que alguna vez le gustaría nuevamente visitar junto a México, otro de los países que lo acogió más que bien, al respecto, Degratti nos dijo “al dejar Bolivia seguí viaje hasta el estrecho de quiquina, en el lago Titicaca, de Arequipa llegué a Lima, allí la familia Cánepa me atendió muy bien y conocí a una chica, de apellido Reboredo, me dio la impresión de que era la mujer con la que podría emprender un proyecto de vida y me quedé cinco meses cuando la visa era por sólo 15 días”.
La capital peruana le reportó varias aventuras más como fue cuando “un día necesitaba dinero para poner una cubierta de recambio, fui hasta la Embajada donde se encontraba el vehículo del embajador, abrí la puerta del mismo y me senté adelante, el chofer me quiso sacar pero no pudo, siempre estaba bien vestido lo que generaba una buena imagen y al llegar el embajador, me presenté, le expliqué lo que estaba haciendo y que necesitaba 75 soles, el embajador me dio 100 soles, y me deseó buena suerte. Curiosamente en México cuando llegué para renovar mi pasaporte, era el mismo embajador y al verme me reconoció y no me cobró nada porque se acordaba de mi”.
Al querer salir de Perú, al llegar a la frontera, se arma la revolución que derroca al presidente de entonces y se cierra la misma y no puedo pasar a Ecuador pero tampoco puedo reingresar a Perú porque había sido expulsado del país por extralimitarme con el tiempo permitido, a los tres días cuando la abrieron siguió viaje.
Degratti siguió viaje a Ecuador, en donde antes de llegar a Quito, en donde se hospedó en la escuela de la policía, se perdió en el medio de la selva y conoció a los indios colorados.
Prontamente siguió rumbo a Colombia, Pasto, y como siempre suele suceder en este tipo de viajes, en el camino se presentan miles de dificultades como la falta de dinero, peligros, aduanas, pero también son muchas más las manos solidarias, las enseñanzas y hasta los pequeños milagros que suelen ocurrir, es así como Juan nos detalla de lo que en un momento le sucedió “se me rompe la moto por lo que tengo que caminar por varios kilómetros hasta que diviso una casita en donde paro a pedir ayuda, al llegar la noche me tiro a dormir en el piso junto a una manta y veo al señor, dueño de la casa, que empieza a girar en círculo alrededor de la moto, pensando que me la iba a robar, en realidad estaba cuidándome a mi y a la moto, a la mañana pasa un señor con una camioneta, al ver la moto para y este hombre tenía un taller de reparación de motos, al otro día me la llevó al taller, la arreglamos y pude continuar viaje hacía Cali”.
Emocionado en el relato de tantos recuerdos, Juan expresa que “año y medio había transcurrido hasta llegar a Colombia desde el inicio del viaje” y agrega que “al llegar a Cali, había un argentino, Jorge Furchi, que trabajaba en el cuartel de bomberos y que cuando sonaba la sirena para salir hacia los incendios, yo salía con ellos con el casco nº 98”.
Recordando, nos cuenta que “de Cali seguí a Bogotá, en el medio del camino me detuve en un pueblito que se llama el Espinal, paré a tomar una gaseosa en un barcito, al ponerla arriba de la mesa, la botella empezó a moverse, lo primero que pensé fue que era el cansancio que me vencía después de tantas horas, veía nublado pero de repente vi que afuera había un policía que me tenía la moto, lo que realmente estaba pasando es que había un terremoto, después de unas horas hice unos Km. más hasta un pueblo que se llama Sonson, al llegar, vi como la iglesia había sido derrumbada”.
De esta manera, “al llegar a Bogotá leo en los diarios lo que había sucedido en el camino y al salir de la ciudad me para un grupo de guerrilleros comandados por el capitán Centella, quienes me dejaron continuar después de algunas preguntas pero detrás mío venia un colectivo al que lo ametrallaron a todos, lo dejaron como un colador”, enfatiza excitado.
Pero Degratti es una persona de aventura, y la idea de llegar hasta Alaska lo atraía más que la inseguridad de lo que recientemente había vivido. Fue así como llegó a Panamá, lugar en donde nos cuenta una jugosa historia y que es máas que valorada en los días en los que estamos viviendo, recuerda que “necesitaba cargar combustible y en la estación de servicio había un señor limpiando el coche y le pregunté sino se lo podía limpiar yo, me preguntó porqué y le dije que necesitaba cargar combustible, y sí yo le limpio el coche a usted, eso me da la posibilidad de cargar nafta para la moto, a raíz de la situación planteada, el hombre me explica que él era el dueño de todo esto y me invitó a comer y obviamente me regaló la carga de combustible” y agrega que “me expresó que había actuado de esa manera porque vio que yo quería ganarme mi propio sustento porque sí me hubieras pedido directamente no te hubiera dado ni medio litro de nafta, me deseó muy buen viaje y me regaló un dólar”.
Después siguió viaje por Costa Rica y El Salvador, lugar en donde conoce a un griego, a un español y a dos italianos. Al respecto, Juan nos dice que “todos estábamos haciendo lo mismo pero de distinta manera, entonces fuimos a pedir ayuda a la colectividad de cada uno y los que juntamos lo pusimos en el jeep de uno de ellos”, prosiguiendo en el relato cuenta “fue así que después elegimos un lugar en la selva dentro del mar, un lugar precioso, hicimos un campamento hasta que se nos agotó el agua y tiramos la moneda para ver quien subía a los cocoteros, después de quince días teníamos la cara hinchada de tomar tanto coco”.
El viaje, que después siguió camino por Honduras, Guatemala en donde tuvo la suerte de ver un volcán en erupción hasta llegar a México, en donde nos cuenta que “ahí nos dividimos con estos chicos porque yo tenía el pasaporte en orden pero ellos tuvieron problemas porque tanto Grecia y España habían cortado las relaciones con México”.
Este trotamundos que siguió solo su viaje hacia México, “entré al Distrito Federal, una enorme ciudad en donde me perdí hasta que un muchacho me orientó y me guió hasta encontrarme con uno de los policías que patrullaba los caminos, el me llevó al escuadrón, me dieron alojamiento y como llegaba la Navidad de 1962 me impidieron continuar y me obligaron a quedarme con ellos, fue así como pasé las fiestas navideñas en la casa de uno de los oficiales”, recuerda.
Estados Unidos siempre es complicado poder entrar por sus estrictos controles pero Juan tiene en su exquisita mente la memoria en donde recuerda como fue el tránsito de Matamorros hasta llegar a la frontera con el país americano “toda la comida que traía la tuve que tirar y la billetera estaba llena con papeles de un dólar y sólo dos de cinco dólares, me habían dicho que tenía que mostrar mucho bulto para demostrar que llevaba dinero y pasar sin problemas, seguí viaje, era pleno invierno, hasta llegar a Houston, en donde me asombré al ver una carretera arriba de la otra, algo totalmente nuevo para mi”.
Al llegar a Houston conoce a Williams, en donde se alojó en su casa por unos días y después en la asociación cristiana de jóvenes, al respecto Juan nos detalla “él llamó al diario en donde me hicieron una nota, el Houston Cronical, a la gente del diario le llamó la atención la moto en la que había realizado semejante viaje y esta nota es leída por dos amigos que estaban viviendo en ese entonces en Houston y que habían sido compañeros míos en Tennesse, en Río Grande, me llaman por teléfono y me vienen a visitar al diario y después me llevaron a dar una vuelta y a saludar al gerente de la empresa petrolera que se encontraba en Houston y me dijo que estaba loco por lo que estaba haciendo”.
Sin embargo, aún quedaban varios kilómetros por recorrer y rememorando cuenta que “siguió rumbeando hacia arriba tratando de arribar hasta Alaska, al llegar a Vancouver estaba nevando y al llegar al cruce poco antes de arribar a la capital de Alaska, la policía me impidió seguir por las grandes nevadas que estaban ocurriendo, así que tuve que volverme para atrás y decidí volver a Houston nuevamente en donde traté de casarme con una chica, Ofelia Torres, para lograr la ciudadanía y quedarme a vivir como mecánico de VW pero finalmente decidí volverme para Buenos Aires después de embarcar la moto en un buque argentino de nombre Marinero”.
El arribo a la capital de Argentina no fue una llegada más sino que para este hombre, este incansable viajero, no podía pasar inadvertida, más bien fue un poco accidentada, precisamente relata “volé desde Miami a Buenos Aires a través de una aerolínea peruana con los nuevos aviones Jet que estaban saliendo en ese entonces y al llegar a Perú, donde hicimos escala, nos hacen descender y en un momento me llama un oficial en donde me dice Sr. Degratti, usted no puede ingresar al país porque se encuentra expulsado del mismo, es decir, todavía seguía registrado desde cuando había traspasado los quince días que me habilitaba la visa”.
Relata que “al llegar a Buenos Aires, me dirigí a la Aduana para liberar la moto en donde me encontré con la misma persona que me había entregado los papeles que le hacían falta a la moto en la Quiaca, Honorio Panceri, al recordarme quién era, efusivamente dijo, “el loco de la moto”, realizado el trámite me fui para Rosario en donde sorprendí a la familia con mi llegada, con la que me comunicaba a través de cartas o telegramas y pude contarle en persona la odisea que realicé durante treinta y dos meses”.
Más allá de las aventuras, la continua búsqueda de nuevas historias, la abundancia de anécdotas, finalmente, Degratti nos dice que “el viaje tuvo un aspecto introspectivo, porque también, afirma, lo condujo hacia el interior de él mismo porque aprendió a apreciar y a valorar la vida y la solidaridad de la gente que fue increíble y se manifestó en cada país por el cual pasaba”.

“Transmitir la Hermandad es tan emocionante como correrla”

Juan José Degratti comenzó a ser parte del Gran Premio Internacional, conocido después como ‘de la Hermandad’, el 9 de agosto de 1974, es decir, días antes de la primera carrera inaugural.
“En ese momento fuimos en una camioneta blanca con Enrique Astesano, el Cónsul Honorario González, René Díaz, Ernesto Aloras y yo, para ir preparando el tema de la transmisión de la carrera con CD 89 Radio ‘Presidente Ibáñez’ de Punta Arenas (hoy 88.5 MHZ Punta Arenas – Porvenir)”, recordó.
“Fue perfecto todo porque nos encontramos en Porvenir con José ‘Cochocho’ López Cárdenas, quien estaba en la Municipalidad; vino desde Punta Arenas Eugenio Bahamndez y coordinamos todo porque ya se sabía que se estaba por realizar la competencia y preparamos todos los equipos”, agregó.
En ese sentido añadió que “en caso de CD 89 Radio ‘Presidente Ibáñez’ ellos no tenían móviles e iban a utilizar los móviles de Carabineros (la principal fuerza policial nacional de Chile) y del lado nuestro, a través de la gentileza del Batallón de Infantería de Marina N° 5 y tras haber conversado con su Comandante, el Suboficial Reynoso, quien era el Jefe de Comunicaciones, nos facilitó todos los móviles para poder transmitir, desde la frontera hasta Río Grande”.
Cabe destacar que YPF también aportó camionetas junto con el BIM 5 para esa histórica transmisión.
Sobre este punto Degratti detalló que “teníamos un móvil en San Sebastián, un móvil en ‘La Arcillosa’, un móvil en María Behety y otros dos móviles estaban uno en el Autódromo y el otro en la cabina vieja que lamentablemente el viento la tiró”.
Aseguró que esa primera transmisión de la Hermandad “fue perfecta, porque nunca habíamos realizado una transmisión y si bien nos costó un poco para empezar la transmisión, prácticamente salió impecable. De todos modos en esa primera carrera fueron 19 coches, no como la cantidad que hay hoy”, contrastó.
Precisó que “Eugenio Bahamondez transmitía con tres móviles de Carabineros hasta la frontera chilena y después nosotros retomábamos la transmisión (una vez que traspasaba la frontera) y en San Sebastián estaba Rubén Angelinetta; en la zona de ‘La Arcillosa’ estaba Pedro Barbera, en la zona de María Behety estaba Carlos María Ratier, en el Autódromo estaba yo y en su momento Horacio Beisur y después él tomaba el avión que era suministrado por el Aeroclub Río Grande para cuando se acercaban los punteros poder hacer la transmisión”, explicó.
Además de los mencionados, estaban también Raúl Portela, de LU-14 Radio provincia de Santa Cruz, Washington Jara y Manuel A. Soto, de LU-4 radio Patagonia Argentina, de Comodoro Rivadavia, Horacio Sandoval, de LRA 10 Radio Nacional Ushuaia, Horacio D. Surt, Daniel Pisano, Raúl Liscio, Carlos Brea, Rubén Ramírez “y un gran equipo de colaboradores de LRA 24 Radio Nacional Río Grande que hicieron posible los relatos, el recuerdo para los iniciadores y equipos de esta carrera, Víctor Jesús Donoso, Uros Domic, Pedro Vukasovic”, elogió.
“Sigo sosteniendo que en la última edición del GPH hubo 172 vehículos. Si comparamos y una nueva carrera se realizara mañana mismo y se anotaran 22 coches, ya estaría superando a la primera carrera que solo fueron 19, como dije. En los últimos 10 años hubo más de mil pilotos en total y si tomamos desde la primera carrera de 1974 hubo más de tres mil binomios”, observó.
Juan José Degratti participó de la transmisión desde el inicio del Gran Premio en 1974 hasta la última edición en 2019, aunque con distintas emisoras como Radio Nacional, Aire Libre FM, Radio Fuego y otras radios, “y en los últimos cuatro años, junto con ‘Lucho’ Torres a través de Canal 13 y ad honorem, sin cobrar un solo centavo -más allá de que me llame Degratti- y lo hice porque siento lo que es el Gran Premio de la Hermandad y además tengo familiares en Porvenir, mi señora es chilena incluso, y cuando uno llegaba a Porvenir teníamos muchos amigos que ya nos estaban esperando con la parrillada, incluso antes de 1974 cuando se corría dentro del pueblo (las famosas Tres Horas), por lo que ya estaba sembrada esa amistad mucho antes del Gran Premio de la Hermandad”.
LU 88 TV Canal 13 de Río Grande registró imágenes de la edición inaugural. Miguel Ángel ‘Lito’ Castro (locutor) y Rodolfo Rivarola (camarógrafo) fueron los responsables de aquella cobertura histórica.
A modo de anécdota, Degratti recordó que en la primera edición “Rubén Angelinetta y (Roberto) ‘Lapicito’ Peix estaban en San Sebastián. Nosotros nos juntábamos en Radio Nacional a tomar unos mates y comentar lo que había pasado en las etapas de la carrera. Entonces Rubén Angelinetta me dice: ‘-cuando se cumplan diez ediciones del GPH te voy a revelar un secreto’. Le digo: ‘-¿vas a esperar diez años para revelarme un secreto?’, me dice: ‘-sí’. Cuando se cumple la décima edición, en la que corrimos con Víctor Sáenz, una vez más nos reunimos en Radio Nacional y Angelinetta me dice: ‘-Te voy a revelar el secreto: yo no soy Rubén Ángel Angelinetta, soy Rubén Vicente Angelinetta’. Ocurría que en las transmisiones le decía al aire: adelante, adelante Rubén Ángel Angelinetta y no se de donde saqué ese nombre. Cuando voy al cementerio, donde está la bóveda y la placa de Rubén Vicente Angelinetta’ y de su hija Verónica, yo digo adelante, adelante Rubén Ángel Angelinetta, cuando le daba el pase. Me tuvo en vilo por diez años con ese ‘secreto’. ‘Lapicito’ Peix, además de tomar los tiempos, lo que hacía era preparar también el chulengo para hacer los choripanes y todo eso. Además de manejar el cronómetro, manejaba el chulengo también”, resumió.
Agregó que Angelinetta y Peix “siempre andaban pegados en las carreras porque ambos habían sido militares, el primero de la Base Aeronaval y el segundo de la Fuerza Aérea, se conocían muy bien y eran amigos”.

Protagonista de la Hermandad

El entrevistado continuó diciendo que “participé de la carrera en la Décima Edición (1983) en que preparé un Renault 12 que lo preparé para Víctor Sáenz, incluso llego a parte como acompañante, aunque no como navegante como es hoy. En esa Décima Edición se corrió el tramo largo, que fue el tramo que se corrió traspasando el puente General Mosconi, se iba hasta la zona de Punta María y de ahí se volvía y yo venía transmitiendo parte de la carrera desde adentro del vehículo, aunque lamentablemente después se nos quemó una válvula y ahí tuvimos que abandonar junto con Leoncio Sáenz”.
Ambos se quedaron pasando San Sebastián. “Si bien lo había preparado al R12, no lo conocía muy bien al coche; no se había tocado nada del habitáculo, únicamente le pusimos la jaula antivuelco y pasando San Sebastián se nos quedó la palanca ‘loca’ y tenía una guantera que utilizaba para poner grabaciones y todo. Resulta que el R12, en la parte de abajo tiene un dispositivo que es el que traba la palanca de cambio. Me tiré abajo y vi que se había roto la traba y no había forma de tener un repuesto así que cortamos un pedazo de alambre, pusimos la traba y así pudimos proseguir, llegando terceros a Porvenir. Al otro día, en la vuelta veníamos punteando por tiempos y lamentablemente antes de llegar a ‘La Arcillosa’ el auto empezó a fallar porque se nos había roto una válvula y entonces tuvimos que abandonar para no romper el motor. Veníamos en tres cilindros y era una picardía romper el motor antes de llegar”, memoró Degratti sobre su única participación en el GPH.
Contó que se dedicó “a colaborar con la carrera, especialmente con las transmisiones, incluso una vez lo suplanté a Horacio Beisur en el avión al mando del piloto Gamboa y de un copiloto, para hacer la transmisión al aire y desde el aire”.
Confió que ver la carrera desde el avión, “fue para mi un espectáculo maravilloso y tal es así que viajaba al lado mío otro piloto del Aeroclub y yo venía transmitiendo. Resulta que había tramos en que el piloto volaba muy bajito, prácticamente sobre los techos de los autos de carrera y el piloto que venía al lado mío empezó a vomitar y los pilotos y sus compañeros lo empezaron a cargar porque resulta que yo, que nunca había volado así, venía tranquilo. Para mi fue emocionante porque una cosa es transmitir desde tierra y otra muy distinta es hacerlo desde el aire”.
Degratti hasta se acuerda de la matrícula del avión: LV-ART. “Fue algo inolvidable y nunca más lo pude hacer, a pesar de que lo intenté”, confió.

Un recuerdo muy emotivo para el cronometrista Raúl Liscio

Consultado sobre el cronometraje, Degratti destacó a Raúl Liscio. “Él decía: ‘el puntero va a llegar a Río Grande a las 12:34,25’ y exactamente a esa hora estaba el puntero llegando al Autódromo de Río Grande. Aparte de cronometrar, él mismo era un cronómetro. Yo le decía ‘el Loco Liscio’ porque éramos amigos desde hace muchos años y siempre estábamos juntos con Raúl, un gran compañero, un amigo de la vida y estuvimos juntos desde que empezamos en el Gran Premio de la Hermandad y tal es así que era emocionante verlo a él porque tenía el cronómetro colgado y te iba cantando cuando faltaban cinco segundos y lo iba contando con los dedos antes de la bandera de largada. Lo sentí mucho a Raúl porque teníamos una amistad de tantos años en el GPH que prácticamente ya nos conocíamos de memoria dónde íbamos a estar. Por eso espero que cuando se inaugure algún día la cabina de transmisión del Autódromo de Río Grande, lleve el nombre de Raúl Liscio, porque para mi fue un gran amigo y toda esta colaboración siempre la hicimos desinteresadamente”.
“Ni en Río Grande ni en Punta Arenas o Porvenir jamás hubo un reclamo por el cronometraje de Raúl y los chilenos sabían que cuando estaba él era una garantía”.
A modo de anécdota, recordó que “Raúl siempre andaba con un cronómetro que parecía un ladrillo de grande, hasta que le trajeron otros más modernos”.
Tal era la amistad que los unía, que ambos matrimonios, Raúl y Rosalba, Juan José y Rosa, mantenían encuentros familiares y sociales. “A Raúl le gustaba cocinar y tal es así que hasta hoy tengo guardado un menú que el creó en su momento, está escrito con su letra, tenía una forma muy particular de escribir, muy especial e inconfundible; además, mencionaba los ingredientes con humor, asociándolo a personajes”.
Don Raúl Liscio falleció en febrero de 2004. Cabe destacar que él fue quien promovió y editó la primera revista dedicada al Gran Premio fue promovida y editada por

Una carrera que ni la amenaza de un conflicto bélico frenó

En 1978 la carrera de la Hermandad volvió a tener su nombre original: Gran Premio Internacional porque había tensiones muy fuertes y amenaza de una guerra entre Argentina y Chile por tres islas del Canal Beagle. “Lamentablemente la pandemia hizo algo que no logró un casi conflicto bélico: suspenderse. Ya llevamos casi dos años. Todos los años voy cambiando los números en mi gorra, que la tengo desde la primera Hermandad, además tengo los mismos zapatos desde que empezó la primera carrera y los tengo guardados sacándolos para usarlos solamente en cada Gran Premio, después no lo uso para nada, así que me los puse 46 veces. En la última edición del 2019 cuando transmitimos con ‘Lucho’ Torres, mi hijo vino de Punta Arenas y me regaló un par de zapatones y me dijo que los use porque eran nuevos. Entonces, no se me ocurre mejor idea que ponerme un zapato viejo y uno nuevo y cuando termina la carrera ‘Lucho’ Torres me dice: ‘-te equivocaste de zapatos’ y le digo ‘-no, no me equivoqué, el que tengo en el pie derecho ya tiene 45 ediciones y el otro está debutando en la 46° Edición’. Esos zapatos me los había comprado en Punta Arenas y los conservo y guardo, y los uso en cada Hermandad como si fuera la primera vez como en 1974”, relató Juan José Degratti.

“Otto Blasco fue un excelente preparador y un gran piloto”

Sobre Otto Blasco, Juan José Degratti destacó que “fue un excelente preparador y una forma de manejar que era propia del ‘Petiso’. Como preparador había que sacarse el sombrero porque el Daihatsu que Otto Blasco tenía, aparentemente lo hacía andar solamente él. Es como cuando René Díaz corría con el Auto Unión y se lo preparaba yo. Ya le conocía las mañas al auto y se lo preparaba cuando se corría por las calles de Río Grande, en las calles de Porvenir y en el Circuito Señoret”, comparó.
Agregó que “lo mismo pasaba con Otto Blasco, él agarraba el Daihatsu y lo único que faltaba es que el auto hablara”.
Entendió que Otto Blasco pudo haber sido el piloto de mayor edad en la Hermandad y el de menor edad pudo haber sido Eduardo Schipani, “pero no puedo asegurar quienes pudieron ser los más jóvenes. Uno a veces entra en el túnel del tiempo, nombres con Pavlov, Finocchio, Preto y otros nombres, hoy siguen corriendo, pero son sus hijos o sus nietos y es como que estuviera haciendo las primeras transmisiones. Por eso digo que a veces, inconscientemente, es como si estuviera entrando en el túnel del tiempo cuando menciono que llega un apellido de estos. En la última carrera donde hubo 172 pilotos, había muchos hijos y nietos de los que corrieron las primeras carreras”.
A modo de anécdota, recordó que Constante Moreno Preto le pidió sacarse una foto con él “y le digo: ‘-andá con cuidado’ y resulta que tratando de hacer el tiempo en Porvenir, ‘se pega una piña’, porque entró muy confiado con su Toyota nuevita, se dio vuelta y prácticamente la destrozó, porque seguramente no le desactivaron el auto blockante y al estar bloqueado le jugó una mala pasada porque Moreno Preto maneja con los ojos cerrados, es un loco de la guerra, lo conozco desde que nació, prácticamente porque soy amigo de la familia, de Ruggero y se que manejando es feliz”.

Las mujeres en el Gran Premio de la Hermandad

Sobre las mujeres pilotos del Gran Premio de la Hermandad, Juan José Degratti dijo que recuerda “a la señora de (Néstor) Nogar y también me acuerdo de una mujer de apellido (Nelly) España que participó muchas veces y en las últimas ediciones vi que hay muchas mujeres que se les da por correr, aunque a lo mejor no están tan acostumbradas porque una cosa es correr en circuito y otra muy distinta es correr en el Gran Premio de la Hermandad porque depende del tiempo que te toque porque han pasado que en algunos años no hubo ni una mota de barro o de nieve y en otros tenés nieve hasta por las orejas”.
Recordó que “una mujer fue la primera que acompañó al ganador del primer Gran Premio, que fue la esposa de (Nicolás) ‘China’ Senkovic, Ema Luisa Villarroel. Lo que pasa es que ‘China’ Senkovic, como siempre iba con su colectivo a Porvenir, prácticamente manejaba con los ojos cerrados porque se sabía el camino, si bien esto no quita sus méritos al manejar.

Duelos memorables

“Hay que recordar los memorables duelos de Nicolás Senkovic con Eduardo Carletti que yo los transmitía. Esos duelos entre ‘China’ y el ‘Colo’ eran tan memorables como los de Víctor ‘Condorito’ Muñoz y Orestes Bonicioli, tal es así que en la décima edición, cruzando la laguna de ‘La Arcillosa’ Víctor Sáenz me dice: ‘-fijate bien porque me parece que viene uno o dos autos detrás nuestro’. No alcancé a darme vuelta para mirar quién venía y nos pasaron como parados Orestes Bonicioli y Víctor ‘Condorito’ Muñoz con los Toyota Starlet. Nosotros éramos de la Categoría B y ellos eran de la A, así que hay que ver cómo andaban y eso que nosotros veníamos punteando. Parecían que iban soldados los dos autos. Soy muy amigo de los dos entre ellos son amigazos y siempre recordamos anécdotas. Cuando ellos largaban la carrera, como se dice vulgarmente, ‘se sacaban la mugre’ entre ellos”.

Esperando la 47° edición del Gran Premio de la Hermandad

Tras dos años de receso por la pandemia de COVID-19, Juan José Degratti se esperanza en que el año que viene se pueda hacer la carrera. “Es la única carrera internacional que se estaba corriendo en la Argentina porque el Gran Premio de Fórmula 1 hace muchos años que no se corre en nuestro país (salvo algún Dakar) y acá en Tierra del Fuego también se dejó de correr la vuelta a la manzana hacia Chile (las famosas Tres Horas) que se corría en Río Grande y en Porvenir. Además, la Hermandad es la única carrera internacional ‘a frontera abierta’ que se corre en el mundo, es un caso único”, observó.
Cabe destacar que Juan José Degratti, el 19 de noviembre de 1960, en una moto Alpino de 175 c.c., iniciaba un viaje de 28.800 kilómetros desde Ushuaia hasta Alaska que terminó felizmente luego de casi 3 años e innumerables peripecias. Fue el primero en el mundo en cumplir tal hazaña.
Fuente: Diario Provincia 23.

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