Cerca de dos mil personas coparon el amanecer en Vicente López con la ilusión de conseguir un puesto en una empresa de seguridad privada. La postal, que remite a las largas filas frente a los depósitos de alimentos durante 2024, expone el dramático presente de trabajadores que perdieron empleos calificados durante la recesión. Mientras una compañía abre sus puertas con ofertas laborales de escasa remuneración, un neumático gigante cierra definitivamente y deja a casi mil familias en la calle.
La tranquilidad característica del amanecer en Florida Oeste se vio abruptamente interrumpida. Los vecinos de Avenida Roca al 4500, en el partido de Vicente López, se asomaron a sus ventanas sin dar crédito a lo que sus ojos contemplaban: una verdadera multitud congestionaba las veredas y se desparramaba sobre el asfalto, generando una estampa que, para muchos, resultaba dolorosamente familiar.
No era la primera vez que esa zona del conurbano bonaerense se convertía en escenario de una concentración multitudinaria motivada por la necesidad. A mediados del año pasado, exactamente en las mismas coordenadas, cientos de personas se agolpaban frente a un galpón donde, se había denunciado públicamente, la entonces ministra Sandra Pettovello mantenía almacenadas toneladas de comida próximas a su vencimiento. Aquella imagen, que dio la vuelta al mundo, se grabó a fuego en la memoria colectiva como el símbolo más crudo de la indiferencia oficial.
Hoy, la escena se repite pero con un actor diferente. Esta vez, el imán que convocó a cerca de dos mil almas desde la madrugada no es la promesa de un alimento, sino la esperanza, casi desesperada, de acceder a un puesto de trabajo. La empresa Prosegur, una de las gigantes globales de la seguridad privada, había anunciado la incorporación de personal para tareas de vigilancia, y la noticia corrió como reguero de pólvora por los barrios populares y las ciudades del primer cordón del conurbano.
Entre la marea humana que esperaba paciente, concurrrida con su documento de identidad y la ilusión intacta, se mezclaban rostros y trayectorias diversas. No todos eran jóvenes en busca de su primera experiencia laboral. Una porción significativa de los aspirantes confesaba, en diálogo con la prensa presente, proceder de ocupaciones de mayor jerarquía y mejores ingresos. Contadores, administrativos con años de experiencia, operarios especializados y vendedores contaban, con la mirada perdida, cómo la tormenta económica de 2024 y lo que va de 2025 se había llevado puesto sus empleos.
La paradoja resultaba inevitable. Mientras una compañía vinculada a servicios de custodia, caracterizados por un bajo valor agregado y salarios que apenas arañan la línea de la supervivencia, se veía desbordada por la demanda de postulantes, en el polo opuesto de la actividad productiva se consumaba una tragedia laboral de enormes proporciones. La empresa Fate, emblema histórico de la industria nacional del neumático, cerraba sus puertas de manera definitiva. El portón de su planta, que durante décadas significó la posibilidad de un porvenir digno para miles de operarios y sus familias, se clausuraba para siempre, dejando a casi un millar de trabajadores en la más absoluta desprotección.
Este contraste brutal entre una compañía que abre sus puertas ofreciendo lo mínimo y otra que las cierra para siempre constituye la radiografía más precisa del momento que atraviesa la economía argentina. Un escenario de estanflación donde la actividad productiva se contrae, el consumo se derrumba y el desempleo castiga con particular saña a los sectores medios y bajos. Una realidad que, a juzgar por los discursos oficiales que recorren los canales de televisión y las redes del gobierno nacional, se pretende esconder debajo de la alfombra, como si el silencio pudiera disolver la evidencia de miles de personas apostadas al costado de la ruta, aguardando un turno para una entrevista laboral que quizá les permita llegar a fin de mes.
La fila en Florida Oeste, con su extensión interminable y el murmullo de las historias personales que la componen, no es solo una noticia policial o un fenómeno de convocatoria masiva. Es, ante todo, un espejo incómodo que el conurbano le devuelve a un país que se niega a mirarse de frente.
