La CGT tensa la cuerda: judicialización, malestar social y un frente político que trascienda al peronismo

La CGT tensa la cuerda: judicialización, malestar social y un frente político que trascienda al peronismo

Jorge Sola, uno de los tres conductores de la central obrera, advierte que con el peronismo “no alcanza” para contener al Gobierno de ultraderecha, mientras la entidad despliega una estrategia de tres frentes: recursos judiciales contra la reforma laboral, acompañamiento territorial en medio de una ola de conflictos y la construcción de un proyecto político de amplio espectro de cara a los comicios del año próximo.

En un clima signado por la ebullición social y la creciente litigiosidad en los estrados judiciales, la Confederación General del Trabajo transita una de las encrucijadas más complejas de los últimos tiempos. Lejos de limitarse a la confrontación gremial tradicional, la central obrera ha desplegado un tablero de múltiples piezas que combina la impugnación por vía legal de la reciente reforma laboral, una sostenida presencia en los territorios atravesados por la conflictividad y una ambiciosa apuesta por articular un frente político que, según advierten sus principales referentes, deberá ensancharse más allá de las fronteras históricas del peronismo.

Jorge Sola, secretario general del Sindicato del Seguro y miembro del triunvirato que conduce la CGT, fue tajante al trazar el diagnóstico. En sus palabras, la entidad ha agotado instancias previas sin éxito y ahora concentra sus baterías en los fueros laborales, donde busca revertir una normativa que considera lesiva tanto para los derechos individuales como para las garantías colectivas de los asalariados. El dirigente sostuvo que el objetivo central pasa por frenar lo que definió como una transferencia de ingresos desde el sector trabajador hacia los empleadores, un mecanismo que, a su juicio, desmantela conquistas históricas y profundiza la precarización.

Las cifras que maneja la central sindical dibujan un panorama de alta intensidad en el mercado de trabajo. De acuerdo con las estimaciones proporcionadas por Sola, en el último año se registraron alrededor de ochocientos conflictos sindicales en todo el país, una cifra que representa el pico más elevado del último lustro. A esa conflictividad se suma una sangría de trescientos mil puestos de trabajo que habrían desaparecido en el mismo período. El impacto no fue homogéneo: las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires concentraron la mayor caída de la trama productiva, con un saldo de aproximadamente veintidós mil pequeñas y medianas empresas que echaron el cierre. Neuquén se erigió como la excepción, el único distrito donde ni la conflictividad se incrementó ni el entramado pyme sufrió mermas significativas.

La hoja de ruta que trazó la conducción sindical, según detalló el propio Sola, atravesó tres fases nítidamente diferenciadas. La primera consistió en la movilización callejera, con la intención de visibilizar el rechazo popular al proyecto oficial. La segunda implicó un intento de persuasión en los pasillos del Congreso, buscando inclinar la voluntad de los legisladores para frenar la iniciativa en las comisiones y el recinto. La tercera, actualmente en curso, es la batalla judicial: una presentación sistemática de recursos para impugnar aquellos artículos que consideran violatorios de la Constitución Nacional.

Sin embargo, el dirigente anticipó la existencia de una cuarta etapa que desborda el plano estrictamente gremial. “Hay una cuarta fase que es construir un proyecto político, que devuelva los derechos de los trabajadores y las trabajadoras que se han robado”, expresó Sola, quien diferenció nítidamente entre la solución gremial —que se agota en la oposición a las medidas vigentes mediante todas las herramientas constitucionales disponibles— y una solución política de mayor calado, que requerirá articular voluntades más allá del universo sindical.

En ese punto, el dirigente radicalizó su discurso hacia la necesidad de conformar un frente amplio que desborde los límites del peronismo tradicional. “Con el peronismo es indispensable, pero con el peronismo no alcanza”, sentenció, en una frase que condensa la lectura estratégica de un sector de la central. Para Sola, el escenario actual excede las categorías del debate económico clásico y adquiere ribetes éticos y estéticos que ubican al Gobierno actual en una posición de derecha extrema, lo que justifica convocar a fuerzas tan diversas como radicales, socialistas y partidos provinciales en una coalición de características inéditas.

El reclamo del sindicalista apuntó también a los modos de construcción de ese eventual espacio político. Pidió evitar quedar atrapados en las disputas mediáticas entre figuras de alto perfil y propugnó, en cambio, una apertura horizontal que permita la participación de sectores hasta ahora marginales en las discusiones de fondo. Sola enfatizó que las organizaciones gremiales han permanecido históricamente fuera de la discusión sobre el proyecto de país, y consideró llegado el momento de revertir esa tradición mediante la creación de una mesa de diálogo capaz de articular soluciones inmediatas para la emergencia social con un horizonte claro de recomposición de los derechos laborales.

El panorama sindical, en tanto, no se agota en las instancias institucionales. Sola remarcó que la CGT mantiene una presencia activa en cada conflicto sectorial, sin limitarse a los grandes paros generales que suelen concentrar la atención mediática. Recordó que la última medida de fuerza convocada hace menos de un mes logró movilizar entre trescientas mil y cuatrocientas mil personas en las plazas de Mayo y de los dos Congresos, una demostración de capacidad de convocatoria que, según subrayó, responde a una necesidad espontánea de expresión social. “El mal humor social se da por sí mismo”, afirmó, al tiempo que defendió el papel de la central como una de las pocas estructuras organizadas que aún permanecen en pie con capacidad para canalizar ese descontento masivo.

En ese sentido, el dirigente fue enfático al señalar que la representación sindical no distingue entre filiaciones políticas. Los trabajadores que integran las filas de la CGT, recordó, provienen de todos los signos electorales: algunos votaron al oficialismo actual, otros respaldaron al peronismo en sus distintas variantes y también hay quienes apoyan a partidos provinciales. Pero los problemas que los atraviesan, remarcó, son comunes y no admiten diferenciaciones partidarias.

El camino que se abre por delante, según la mirada de la conducción cegetista, combinará entonces la persistencia en la acción judicial, la continuidad de una estrategia de desgaste en las calles y una audaz incursión en el terreno político, con la pretensión de convertirse en un actor determinante de la reconstrucción de una alternativa de poder. La frase que eligió Sola como síntesis —“con el peronismo es indispensable, pero con el peronismo no alcanza”— resume no solo una posición táctica, sino la apuesta por una reconfiguración de alianzas que, de concretarse, podría alterar de manera significativa el mapa de fuerzas de cara a los comicios generales del año próximo.

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