La joven de 14 años, ausente desde el miércoles tras salir rumbo a la escuela, fue encontrada muerta en circunstancias que conmocionan a la comunidad. Las pesquisas apuntan a posibles instigadores detrás del fatal desenlace.
El clamor de una familia que durante más de veinticuatro horas recorrió cada rincón en busca de respuestas se quebró este jueves con la peor de las noticias. La adolescente de catorce años cuya pista se había perdido en la mañana del miércoles, luego de abandonar su hogar con el uniforme escolar puesto, fue localizada sin signos vitales en el partido de General Las Heras, según confirmaron fuentes oficiales al portal Infobae. El cuerpo de la menor, identificada con la inicial M., presentaba signos de ahorcamiento, lo que transformó la pesquisa en un escenario de profunda conmoción para los pesquisas y allegados.
El relato de los hechos comenzó una jornada antes, cuando la víctima salió de su vivienda junto a su hermana mayor, como solía hacer cada día lectivo. La acompañante declaró ante las autoridades que dejó a la joven en el acceso del establecimiento educativo, instante en el cual M. se detuvo a conversar con sus compañeras, en una rutina que no anticipaba ninguna rareza. Esa imagen fue la última que retuvo su hermana. Al mediodía, la madre de ambas acudió al colegio para recogerlas, y fue allí donde se desató la angustia: la menor de catorce años nunca había cruzado el umbral del aula. Desde ese momento, la desesperación se apoderó de la familia.
La progenitora radicó la denuncia en la comisaría más cercana y entregó todos los elementos que podían orientar la investigación. Un detalle llamó la atención de los pesquisas desde el principio: la adolescente había dejado su teléfono celular en la vivienda, una conducta que su entorno calificó como totalmente inusual. En cambio, sí llevaba consigo la tarjeta SUBE y una suma de dinero efectivo cercana a los cuarenta mil pesos. Quienes la conocían aseguraron que jamás había protagonizado una ausencia prolongada ni mostrado indicios de querer alejarse voluntariamente de su hogar.
Los pesquisas volcaron entonces sus esfuerzos en el relevamiento de las cámaras de seguridad desplegadas en el distrito de Merlo. Las grabaciones les permitieron reconstruir parte del derrotero de la joven. Cerca de las ocho y veinte de la mañana del miércoles, las imágenes captaron a M. caminando en soledad, con su mochila a cuestas, en dirección al Hospital Héroes de Malvinas. Ese registro visual se convirtió en una pieza clave para entender sus pasos iniciales.
El fiscal Nicolás Filippini, al frente de la Unidad Funcional de Instrucción N°8 de Morón, ordenó de inmediato el peritaje del teléfono móvil que la adolescente había dejado en su casa, así como de otros dispositivos electrónicos que pudieran aportar pistas. El análisis de los datos arrojó un hallazgo inquietante que la propia madre se encargó de difundir en un mensaje dirigido al grupo de padres del colegio. Según el relato de la mujer, las pericias revelaron que personas de identidad reservada —cuyo género y edad no pudieron determinarse, ya que utilizaban apelativos ficticios— habrían inducido a M. a alejarse por su propia voluntad. La mujer agregó un dato que elevó la alarma: los números telefónicos involucrados provenían de países limítrofes, y la hipótesis manejada por la familia era que la menor podría haber sido retenida con el propósito de ser trasladada ilegalmente fuera del territorio argentino.
La pesquisa tomó entonces un nuevo rumbo cuando los investigadores lograron seguir el rastro de la tarjeta SUBE utilizada por la adolescente. Los registros indicaron que M. abordó un tren a las nueve y quince de la mañana y descendió en la estación de General Las Heras aproximadamente cuarenta y cinco minutos más tarde. Esa fue la última activación registrada del medio de pago. Desde ese momento, el foco de la búsqueda se concentró en esa localidad.
El desenlace llegó durante la tarde del jueves, cuando los efectivos encontraron el cuerpo sin vida de la menor en ese mismo partido. La noticia golpeó con crudeza a los familiares y amigos, que en ese preciso instante realizaban una manifestación en la estación de Merlo para exigir respuestas y mantener viva la esperanza. El dolor se apoderó del lugar cuando la multitud supo que la joven ya no regresaría.
El expediente permanece abierto y las autoridades judiciales intentan esclarecer las circunstancias exactas que rodearon la muerte. La principal línea investigativa apunta a determinar si la adolescente fue víctima de una instigación al suicidio por parte de los contactos anónimos con los que mantenía comunicación telefónica. Mientras tanto, el pesar envuelve a dos distritos del conurbano bonaerense que hoy lloran una pérdida que deja más interrogantes que certezas.
