El ministro de Economía, Luis Caputo, multiplica sus apariciones públicas para sostener las negociaciones con el FMI, mientras el Gobierno evita el Congreso y oculta detalles clave sobre el levantamiento del cepo cambiario. La ex presidenta Cristina Fernández irrumpió en el debate con un mensaje que encendió las alarmas en Hacienda.
En un clima de extrema tensión financiera y política, el ministro de Economía, Luis Caputo, despliega una agenda frenética para mantener en pie el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), mientras el Gobierno nacional busca evitar que el Congreso intervenga en la negociación. La Casa Rosada decidió avanzar con un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para sortear el debate legislativo, en un intento por ocultar un dato clave: la fecha de apertura del cepo cambiario y su impacto en una posible devaluación del peso.
Fuentes cercanas a las tratativas, que operan desde Washington, revelaron que el Ejecutivo teme que, si se conoce el momento exacto en que se levantará la restricción cambiaria, se desencadenaría un proceso de devaluación anticipada que el Gobierno no podría contener. «Si esto se difunde ahora, el mercado reaccionará de inmediato, y la devaluación será inevitable», señaló una fuente consultada. Este escenario es precisamente lo que el presidente Javier Milei busca evitar a toda costa.
La urgencia de Caputo por consolidar un acuerdo que aún no está cerrado se explica, en parte, por la delicada situación macroeconómica que atraviesa el país. En las últimas semanas, el Gobierno ya ha gastado cerca de 1.000 millones de dólares para contener la brecha cambiaria, con dos picos particularmente críticos: el viernes pasado, cuando se vendieron más de 600 millones de dólares para frenar el avance de los dólares financieros, y el viernes anterior, con una erogación de casi 300 millones. A este ritmo, si se filtra información sobre el levantamiento del cepo o la devaluación, el Ejecutivo podría enfrentar un riesgo político severo.
El ruido de CFK y la tensión en Hacienda
En medio de este escenario, un mensaje en la red social X de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) generó un revuelo inusual en el quinto piso del Palacio de Hacienda. Con su habitual agudeza política, CFK cuestionó un fragmento del discurso de Milei durante la apertura de las sesiones legislativas, en el que el mandatario admitió que podría haber «volatilidad» en el camino hacia la estabilidad económica.
«En mi barrio, y en Argentina, a eso le decimos devaluación», escribió la ex mandataria, subrayando que la estabilidad prometida por el Gobierno depende, en gran medida, de mantener el tipo de cambio artificialmente bajo. Este comentario no solo puso en evidencia el núcleo del debate con el FMI —la histórica exigencia del organismo de devaluar la moneda—, sino que también expuso la fragilidad del plan económico oficial.
Caputo, en una entrevista televisiva el viernes, intentó bajarle el tono al asunto al afirmar que «puede haber volatilidad, pero no un cimbronazo». Sin embargo, sus palabras no lograron disipar las dudas. Horas más tarde, el propio Milei publicó una nota en el diario La Nación en la que aseguró que el endeudamiento con el FMI no equivale a una toma de deuda, un argumento que fue rápidamente cuestionado incluso por aliados del PRO, quienes lo tildaron de «insostenible».
El FMI y la presión por la devaluación
El FMI insiste en la necesidad de una devaluación porque observa con preocupación cómo el Gobierno utiliza las reservas del Banco Central (BCRA) y los fondos del acuerdo Stand-By para regular la brecha cambiaria. Además, el organismo advierte que el BCRA mantiene un nivel de reservas negativas similar al que dejó el ex ministro Sergio Massa, lo que limita la capacidad de intervención del Gobierno en el mercado.
El levantamiento del cepo, en este contexto, no sería más que un eufemismo para referirse a una devaluación encubierta, que derivaría en un dólar más caro y libre. Este escenario, según analistas, podría desatar una ola de incertidumbre y tensiones sociales, especialmente en un año electoral como 2023.
Conclusión
Mientras Caputo continúa su cruzada por sostener un acuerdo que aún no está cerrado, el Gobierno enfrenta un dilema de enormes proporciones: avanzar con las exigencias del FMI y arriesgarse a una devaluación descontrolada, o postergar la decisión y profundizar la crisis de credibilidad en los mercados. En medio de este escenario, las palabras de CFK resonaron como un llamado de atención sobre los riesgos que Milei y su equipo parecen dispuestos a asumir. La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo más podrá el Gobierno mantener el equilibrio en esta cuerda floja.
