El Dr. Juan Rattenbach analiza cómo el Reino Unido influye en la educación y la cultura argentina para minar el reclamo soberano. Universidades, medios y hasta Harry Potter como herramientas de dominación.
El abogado y especialista en soberanía Juan Rattenbach expuso cómo el Reino Unido utiliza estrategias de poder blando —educación, cultura y arte— para consolidar su narrativa sobre las Islas Malvinas, en paralelo a un gobierno nacional acusado de «entrega» y una cancillería que reproduce posturas afines a Londres.
Rattenbach distinguió dos formas de dominación: el poder duro (militar o coercitivo), ejemplificado por la reciente visita del jefe del Comando Sur de EE.UU. para avalar el radar británico en Tolhuin, y el poder blando, más sutil pero igualmente efectivo. «Harry Potter es un caso concreto: genera un vínculo emocional con la cultura británica. La juventud argentina termina disfrazándose en la embajada en lugar de apropiarse de su propia identidad», señaló.
La universidad como campo de batalla
El eje crítico, sin embargo, está en el sistema educativo. Rattenbach denunció que carreras clave como Historia, Geografía y Derecho en universidades nacionales —incluida la UBA— forman profesionales con visiones «pro-británicas». Investigadores del CONICET, como Luis Alberto Romero e Hilda Sábato, han publicado en Clarín y La Nación argumentos que niegan la soberanía argentina en Malvinas y la Antártida, incluso pidiendo en 2012 «reconocer la autodeterminación de los isleños».
«Hay historiadores argentinos que repiten la versión británica: que Argentina nació en 1880 y por tanto no existía en 1833 cuando ocuparon Malvinas. Eso se enseña en las aulas», alertó. El problema se agrava al ser estos contenidos requisito para ingresar a la Cancillería, lo que explica, según Rattenbach, la línea «entreguista» de la diplomacia argentina.
Autonomía universitaria y colonialismo intelectual
Aunque destacó avances —como la inclusión de Malvinas en Derecho Internacional Público (UBA)—, Rattenbach advirtió que la «malvinización» aún es marginal: «La discusión es que la soberanía sea parte del grado, no solo de posgrados». Criticó la articulación «legal pero colonial» entre embajadas británicas y universidades, y llamó a debatir la autonomía universitaria desde una perspectiva soberana.
Un gobierno bajo sospecha
Consultado sobre el rol del gobierno, el experto fue contundente: «Hay una dirección pro-británica clara, pero el poder blando trasciende gestiones. Podría llegar un presidente malvinero, pero si las universidades siguen formando profesionales alienados, el cambio será limitado». La solución, sugirió, pasa por las urnas y por presionar desde la sociedad.
