Milei arremete contra jubilados y opositores en cena de la ultraderecha

Milei arremete contra jubilados y opositores en cena de la ultraderecha

El Presidente defendió con crudeza sus vetos a leyes sociales y lanzó una ofensiva contra el kirchnerismo en un evento de recaudación de fondos organizado por la Fundación Faro, cercana a La Libertad Avanza.

Bajo las tenues luces del Yacht Club de Puerto Madero, el presidente Javier Milei desató una serie de diatribas contra sus críticos, a quienes tildó de «zombis con parásitos mentales», mientras defendía con vehemencia su decisión de rechazar iniciativas legislativas destinadas a mejorar las jubilaciones y declarar la emergencia en discapacidad. El escenario fue una cena organizada por la Fundación Faro, el think tank libertario dirigido por el polemista de ultraderecha Agustín Laje, que funciona como brazo recaudador de fondos para el oficialismo, con el respaldo de empresarios afines.

Con tono desafiante, el mandatario desestimó las quejas por el deterioro de los ingresos de los adultos mayores: «Los que hoy lloran por las jubilaciones son los mismos que antes las dejaron en 80 dólares. Ahora superan los 320, y hay salarios de 1100. Si su discurso fuera cierto, las calles estarían plagadas de cadáveres», espetó, ante un auditorio que celebró sus palabras.

La cruzada contra las provincias
En un discurso cargado de retórica electoral, Milei anunció el envío de un equipo de «24 reformistas» a todo el país, coordinado por Felipe Núñez, asesor del Ministerio de Economía. Su misión será identificar «impuestos superfluos» y «ñoquis» en las administraciones provinciales y municipales. La medida, según el Presidente, busca «desarmar los tentáculos de la casta», en alusión a sus adversarios políticos.

Con la mira puesta en las elecciones bonaerenses del 7 de septiembre, Milei intentó nacionalizar la contienda. Atacó sin rodeos al gobernador Axel Kicillof, a quien llamó «enano soviético» e «inútil esférico», y advirtió que el comicio marcará «el último clavo en el ataúd del kirchnerismo». Sus declaraciones reflejan la preocupación del Gobierno por las encuestas, que ubican a su candidato, Diego Valenzuela, en desventaja.

El ajuste como orgullo
El Presidente se jactó de implementar «el mayor ajuste fiscal de la historia», superando incluso las reformas de los años noventa. Citando un informe de su ministro Federico Sturzenegger, afirmó que solo 24 países lograron una hazaña similar, «23 de ellos tras una guerra». No obstante, reconoció que la recuperación económica podría tardar «tres o cuatro décadas», e instó a sus seguidores a «tener paciencia».

La velada contó con la presencia de figuras clave del Gobierno, como Luis Caputo, quien aplaudió los comentarios más polémicos. En un momento revelador, el economista Miguel Boggiano, cercano a Milei, exhortó a los empresarios a no sentir «vergüenza por despedir empleados si es necesario para ganar dinero», una frase que fue recibida con risas y aplausos.

La batalla cultural
El evento también sirvió para reforzar el discurso de la «batalla cultural». Laje presentó un estudio —financiado por los auspiciantes de la fundación— que asegura «demonizar la envidia de la izquierda» y ensalzar los «valores de la derecha», como el «orden y la laboriosidad». Mientras, Axel Kaiser, intelectual chileno aliado, teorizó sobre los «neuroparásitos» que, según él, infectan a los movimientos progresistas.

La primera fila estuvo copada por funcionarios y allegados a «Las Fuerzas del Cielo», el grupo influyente liderado por el estratega Santiago Caputo, ausente pero clave en la sombra. Su hermano Francisco, «coach ontológico», fue nombrado coordinador de Faro, evidenciando el entramado entre el poder político y los negocios privados.

El mensaje final
Antes de retirarse, Milei pidió «dejar de lado los insultos para debatir ideas», aunque minutos antes había calificado a sus rivales de «comunistas sanguinarios». La contradicción pasó desapercibida entre sus seguidores, quienes corearon consignas a favor de «seguir recortando el Estado».

Mientras la oposición denuncia el tono agresivo del oficialismo, la Casa Rosada insiste en que tiene los votos para sostener los vetos presidenciales. El escenario postelectoral, sin embargo, podría poner a prueba esa certeza.

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