Tras el resultado electoral en Buenos Aires, el mercado financiero ingresa en una fase de alta volatilidad

Tras el resultado electoral en Buenos Aires, el mercado financiero ingresa en una fase de alta volatilidad

La moneda norteamericana y el riesgo país registraron incrementos significativos, generando presiones sobre la estrategia oficial y renovando los interrogantes sobre el rumbo económico de cara a los comicios de octubre.

La victoria opositora en las elecciones bonaerenses ya exhibe sus primeras consecuencias en el ámbito financiero, introduciendo un nuevo capítulo de incertidumbre en la ya compleja situación macroeconómica. La divisa estadounidense experimentó una fuerte escalada de cuarenta y cinco pesos, finalizando la jornada en mil cuatrocientos veinticinco pesos en la banca pública, mientras que el indicador de riesgo país se disparó por encima de los mil cien puntos básicos. Este movimiento tensiona aún más el escenario, proyectando sombras de inestabilidad al menos hasta las elecciones nacionales de octubre y exponiendo al programa oficial a múltiples desafíos.

En el mercado mayorista, la cotización del dóbal concluyó en mil cuatrocientos ocho pesos, marcando un alza superior al tres por ciento, aunque en momentos de la rueda se acercó peligrosamente a los mil cuatrocientos cincuenta, rozando el límite superior de la banda de flotación cambiaria, establecida cerca de los mil cuatrocientos setenta pesos.

Frente a este panorama, el presidente Javier Milei sostuvo dos encuentros consecutivos con su gabinete económico. De la primera convocatoria estuvo ausente el ministro de Economía, Luis Caputo, quien se dirigió a la Casa Rosada al mediodía junto al secretario de Finanzas, Pablo Quirno, para mantener una reunión previamente agendada con Ilan Goldfajn, titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con el objetivo de analizar el estado de los créditos en curso. Horas más tarde, Caputo retornó a la sede gubernamental, en esa ocasión acompañado por el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.

Internamente, los equipos técnicos mostraron un cauteloso alivio respecto a la reacción del mercado cambiario, argumentando que la apreciación del dólar resultó menos severa de lo que se había anticipado. No obstante, la atención del Ejecutivo se concentra en la próxima licitación de letras del miércoles, donde vencerán aproximadamente 7,2 billones de pesos. La estrategia desplegada hasta el momento ha consistido en validar tasas de interés muy superiores a la inflación y incrementar los encajes bancarios —actualmente en un 53,5%— para absorber liquidez y desincentivar la fuga hacia el dólar. Una de las alternativas que se evalúa es una nueva elevación del efectivo mínimo inmovilizado.

Mayor inquietud generó la pronunciada suba del riesgo país. Este indicador, elaborado por el banco JP Morgan, complica sustancialmente los planes gubernamentales para obtener financiamiento externo y honrar los compromisos de deuda, un desafío particularmente crítico para el próximo año.

Analistas del sector anticipan que la tensión cambiaria persistirá, al menos, hasta octubre, con la moneda estadounidense oscilando en una franja cercana a los mil cuatrocientos pesos. La contrapartida de esta situación es que, con un tipo de cambio near el tope de la banda, es probable que el Tesoro Nacional intensifique sus intervenciones o, de superarse dicho umbral, el Banco Central se vea forzado a utilizar parte de sus reservas para contener la presión.

Desde la consultora PxQ señalaron que “los bonos y el equity reflejarán un combo de falta de reservas en el presente y amenaza de reducción del superávit fiscal en el futuro”. Agregaron que “aceptar la derrota en su verdadera dimensión implica la necesidad de modificar el esquema de bandas y administrar la convergencia hacia un tipo de cambio real que permita acumular reservas”.

En este sentido, un eventual endurecimiento de la política monetaria, mediante nuevos aumentos de encajes y tasas, podría extender el impacto negativo sobre la actividad económica más allá de lo previsto. Especialistas de Delphos Investment concluyeron: “El principal riesgo para el Gobierno pasa por lo macroeconómico. Una suba del dólar al techo de la banda podría interrumpir el proceso de desinflación, deteriorar el humor social y alimentar el voto castigo. Bonos y acciones enfrentarán semanas de debilidad hasta que haya mayor claridad sobre la coyuntura”.

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