Tras superar una infección urinaria que lo mantuvo internado, el entrenador de 69 años reapareció en el predio de Boca Juniors. Su presencia en el partido contra Rosario Central se evalúa día a día, marcando un regreso prudente y vigilado.
Miguel Ángel Russo, diez días después de haber estado recluido en la clínica Fleni a causa de una recaída en sus defensas que derivó en una infección urinaria, volvió a pisar el lugar que considera su segunda casa. No fue con el ímpetu característico, sino con la calma de quien cumple una etapa de convalecencia, pero su sola presencia transmitió alivio y serenidad a todo el mundo de Boca Juniors.
El técnico, de 69 años, se presentó en el estadio Alberto J. Armando para acompañar los entrenamientos dirigidos por Claudio Úbeda, su ayudante de campo. Intercambió palabras con Juan Román Riquelme y con varios futbolistas, demostrando que, aunque a un ritmo menor, su mente sigue conectada con el equipo. Antes del anochecer, emprendió el regreso a su hogar, cumpliendo con las recomendaciones médicas de no forzar su recuperación.
La intención del estratega es poder estar presente el próximo domingo en el Gigante de Arroyito, cuando su equipo enfrente a Rosario Central. Sin embargo, su asistencia no está confirmada y se decidirá en las próximas horas, en función exclusiva de su estado físico. El aspecto deportivo queda, por el momento, en un plano secundario. Lo verdaderamente relevante es la notable mejoría de Russo, lo cual ha llevado tranquilidad no solo al club, sino a todo el fútbol argentino.
El episodio que lo tuvo alejado comenzó el lunes de la semana pasada, cuando fue internado en el centro médico de Belgrano tras sentirse particularmente débil. Los estudios clínicos detectaron una alteración en su organismo, confirmada posteriormente como una infección. Esta situación es particularmente delicada para el entrenador, quien en 2017 superó un cáncer de vejiga y de próstata. Como paciente oncológico, cualquier señal de alarma, por mínima que sea, debe ser atendida con máxima urgencia y precaución. Una infección de este tipo no tratada puede acarrear complicaciones renales severas o, en el peor de los casos, generalizarse. La decisión de internarse de inmediato, impulsada en gran medida por su familia, fue fundamental para evitar riesgos mayores.
Su mejoría ha sido progresiva y meticulosa. Tras recibir el alta el viernes pasado, los profesionales de la salud le aconsejaron no retomar de golpe su rutina laboral. Durante su ausencia, mantuvo un monitoreo constante a distancia, en permanente contacto con Úbeda, Riquelme y el cuerpo médico del club. Su reaparición de este jueves tuvo incluso un condimento extra: el clima favorable. La práctica se realizó en La Bombonera, con una temperatura agradable, lo que sin duda influyó en su decisión de acercarse.
La posibilidad de que Russo viaje a Rosario se ve reforzada por el cariño y las comodidades que le brinda el club canalla, donde es muy querido y donde forjó una gran amistad con su actual presidente, Gonzalo Belloso. Allí tendría a disposición toda la atención médica necesaria y un lugar adecuado para seguir el encuentro con comodidad, lejos de la fosa de suplentes que caracteriza a ese estadio.
Su inesperada aparición en el entrenamiento sorprendió a muchos dentro del plantel, que no esperaban verlo hasta después del partido. Su regreso, aunque parcial, opera como un poderoso mensaje de fortaleza y compromiso. No obstante, queda claro para todos —dirigentes, jugadores y el propio Russo— que el camino de vuelta será gradual. La última palabra la tendrán siempre los médicos y su propio cuerpo. Por ahora, su sonrisa de vuelta en el césped es la mejor noticia.
