Con un equipo alternativo y la mente en la semifinal de Copa Libertadores, la Academia se impuso por la mínima a un Aldosivi que lucha por no descender. Vietto, de penal, decidió un partido que dejó más dudas que certezas de cara al cruce con Flamengo.
La escena en Avellaneda fue un espejo de la realidad que atraviesa Racing. Mientras en el Cilindro se disputaban los noventa minutos contra Aldosivi, el pensamiento colectivo, desde la tribuna hasta el vestuario, ya había emprendido vuelo hacia Río de Janeiro. La Academia afrontó el compromiso con la sombra del inminente duelo ante Flamengo proyectándose sobre cada jugada, en un partido donde el resultado local fue casi un trámite necesario frente a la monumental cita del miércoles en Maracaná.
Fiel a su pragmatismo, el estratega Gustavo Costas aplicó una lógica indiscutible. Consciente de que el objetivo primordial de la temporada es la Copa Libertadores, un torneo que el club no conquista desde hace 58 años, optó por preservar a la columna vertebral de su equipo. La ola de lesiones que afecta al plantel, con bajas significativas como las de Gabriel Rojas, Franco Pardo, Santiago Sosa y Adrián Martínez, obligó a un manejo cauteloso de los recursos disponibles. La sorpresa en la alineación fue la presencia de Facundo Cambeses bajo los tres palos, quien llegó embargado de confianza tras su reciente debut con la selección argentina, mientras el juvenil Francisco Gómez aguardaba su oportunidad desde el banco.
Frente a un Aldosivi desesperado por sumar puntos en su lucha por la permanencia, la rotación racinguista se presentaba como una oportunidad de oro. El equipo visitante intentó capitalizar la situación, plantándose con firmeza en el medio campo. Sin embargo, la falta de puntería en el área rival fue su talón de Aquiles, malogrando aproximaciones prometedoras que nacían de errores en la salida de la Academia.
El partido, que se desenvolvía con paso lento y escaso brillo futbolístico, encontró su punto de inflexión en una mano clara de Fernando Román dentro del área. Tras la verificación del VAR, el juez Sebastián Zunino señaló el punto penal. Luciano Vietto, con la frialdad que le caracteriza, se encargó de la ejecución. Con un remate de exquisita factura, picó el balón y dejó sin respuesta al guardameta Jorge Carranza, anotando el único tanto del encuentro. El propio entrenador admitiría después del partido la angustia que le provocó la peculiar forma de patear de su delantero.
A pesar de la ventaja, Racing no logró apoderarse del control del juego. Vietto alternó destellos de genialidad con pérdidas peligrosas, y Aldosivi insistió sin acierto frente a un seguro Cambeses, quien consolidó su racha de vallas invictas con una atajada espectacular a un cabezazo de Tobías Cervera en la segunda mitad.
El complemento mostró una leve mejora en el juego del local, coincidiendo con una mayor participación de Richard Sánchez en la creación de jugadas. No obstante, la falta de contundencia mantuvo la incertidumbre hasta el pitido final. Adrián Balboa y Ramiro Degregorio desperdiciaron ocasiones clarísimas para sentenciar el partido, mientras que el ingreso de Duván Vergara dejó en evidencia su lejanía de la versión requerida para un partido de la magnitud del que se avecina en Brasil.
El mensaje de la hinchada, coreado en varias oportunidades, resonó como un mantra que define el presente del club: “¡Hay que ganar la Copa Libertadores!”. La victoria, que acerca a Racing a la zona de clasificación, sirvió su propósito en la tabla pero fue apenas un preludio. La verdadera prueba, la que define una era y calma una sed de décadas, espera a miles de kilómetros de Avellaneda. La mente y el corazón ya están en Río.
