Mientras desembolsa 850 millones de dólares al organismo crediticio, la administración de Milei se niega a clarificar la fuente de las divisas, en un contexto de fuertes caídas en las reservas y crecientes sospechas de un nuevo endeudamiento encubierto.
El gobierno de Javier Milei concretó este viernes un desembolso de 850 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, cumpliendo de manera extemporánea con una obligación de intereses cuyo vencimiento original estaba pactado para el pasado 1 de noviembre. Sin embargo, la operación se ha visto empañada por un hermetismo absoluto respecto al origen de los fondos, generando un intenso debate y profundas dudas sobre la transparencia de la gestión económica.
La incógnita central reside en la procedencia de esa abultada suma de divisas. La administración se ha negado a informar si el dinero se obtuvo mediante adquisiciones en el mercado cambiario, a través de una transferencia directa del Banco Central, o si, por el contrario, implica una nueva deuda contraída con el Tesoro de los Estados Unidos. Esta falta de claridad alimenta la especulación en un mercado financiero ya de por sí nervioso.
La evolución de las reservas internacionales del Banco Central ofrece una pista contundente. Este viernes, las reservas brutas experimentaron una abrupta caída de 753 millones de dólares. Según análisis de especialistas y fuentes consultadas, esta merma se explica principalmente por un pago de 800 millones a organismos internacionales, compensado solo parcialmente por la positiva valuación de otros activos. La transacción se realizó en un día feriado bancario, lo que impidió la actualización de las estadísticas el jueves y añadió un matiz de opacidad al movimiento.
Un informe de la consultora 1816, reconocida por su seguimiento de los mercados, arrojó luz sobre una maniobra potencial que explicaría el misterio. La firma detectó que, durante octubre, Argentina incrementó su stock de Derechos Especiales de Giro (DEG), la moneda del FMI, en una cifra idéntica a la que redujo Estados Unidos en el mismo período. Este paralelismo sugiere de manera casi inequívoca que la Argentina recibió DEGs de Estados Unidos por un monto equivalente a unos 865 millones de dólares, una cifra muy cercana al pago realizado.
Queda por dilucidar la naturaleza de esta operación. Los analistas se preguntan si se trató de una simple venta de DEGs a cambio de dólares o si, en realidad, refleja la activación de un swap de monedas, un mecanismo de crédito recíproco. Esta especulación cobra fuerza ante la evidente incapacidad del Gobierno para acumular dólares en el mercado local de forma orgánica.
La situación se complejiza al considerar que el Tesoro Nacional enfrenta este mes otros vencimientos con organismos multilaterales, que en su conjunto superan los 1.260 millones de dólares. La falta de datos claros sobre los movimientos de las cuentas oficiales y el aumento significativo de partidas contables ambiguas en el balance del Banco Central, como «Otros Pasivos», avivan la preocupación.
El creciente malestar en el sector financiero es palpable. Después de una inicial validación de las metodologías contables heterodoxas utilizadas para presentar un superávit fiscal que muchos cuestionan, el mercado comienza a observar con aprensión cómo se oculta información crítica. La solvencia del Tesoro y la integridad del balance del Banco Central están bajo la lupa, en un escenario donde la deuda en pesos no deja de expandirse y la verdadera salud de las cuentas públicas permanece en una penumbra deliberada.
