El equipo económico confía en un sendero de menor turbulencia para el dólar, apuntando a desarmar la mentalidad del «canuto» y atraer divisas, mientras evalúa el impacto de la reapertura petrolera venezolana sobre Vaca Muerta.
La gestión libertaria define su rumbo con una particularidad distintiva: una conducción presidencial cómoda en escenarios que generarían intranquilidad en otros mandatarios. Sobre ese pilar se articulan las operaciones que desplegará el oficialismo durante el año para enfrentar la amenaza perpetua sobre el poder: el comportamiento de la divisa estadounidense y el fantasma de una devaluación.
Hasta el momento, prevalece la concepción de validar una travesía con sobresaltos controlados hacia un destino preestablecido. No obstante, un elemento novedoso irrumpió en el panorama. Se trata de las consecuencias que la situación en Venezuela comienza a tener sobre la economía argentina, repercutiendo especialmente en las firmas que operan en Vaca Muerta, considerada el estandarte de la administración actual para captar inversiones e incrementar los envíos de crudo al exterior.
El valor del dólar moviliza intensos debates entre los expertos, impulsa negocios o condena a otros hasta su desaparición. El dispositivo para 2026 contempla estas singularidades con una meta que, a la luz de la historia, parece una quimera: culminar diciembre con mayores reservas en el Banco Central y un índice inflacionario más bajo. Para lograrlo, la cotización deberá deslizarse en una proporción que incentive la venta de divisas a quienes las poseen. No existen divergencias en el equipo del ministro Luis Caputo respecto a este eje.
Subyace, además, una clara intención de transformar la mentalidad financiera doméstica. En otras palabras, contrariar la arraigada práctica de atesorar billetes verdes, consolidada durante décadas tras sucesivas devaluaciones, cambios monetarios y eliminación de ceros. Estos temas son materia de discusión entre el propio Javier Milei, su ministro de Economía, el equipo ampliado y los responsables del Banco Central, liderados por Santiago Bausili.
El ahorrista local presenta vicios opuestos a los del resto del mundo. Mientras muchas naciones padecen el «home bias» –la tendencia a concentrar inversiones en activos nacionales–, la Argentina sufre un exceso de lo contrario. El inversor local conoce en profundidad a grandes corporaciones internacionales en detrimento de las firmas locales, y está más dispuesto a financiar a otros estados antes que al suyo. Es esta lógica la que la cartera económica pretende revertir, moldeando un perfil de ahorro más alineado con el de otros países.
Esta perspectiva busca incluso permear hasta el nivel barrial. La ambición es que quienes disponen de capital lo destinen a emprender un negocio, expandir uno existente o financiar proyectos cuyo éxito esté vinculado al futuro del país, una decisión inherentemente riesgosa. El objetivo manifiesto de que los ciudadanos retiren los dólares de sus escondites constituye la expresión más audaz de un concepto mucho más amplio.
Aferrándose a estos lineamientos, el Gobierno proyecta el recorrido de la moneda extranjera, el pago de sus obligaciones y los riesgos de devaluación. El equipo económico se dotó de una regla reformulada para gestionar las tensiones cambiarias. Desde su escritorio, Bausili observa que el BCRA tiene solo dos tipos de pasivos en pesos. Por unos debe pagar intereses, como los pases. La porción mayoritaria, sin embargo, corresponde a los pesos que circulan en la economía, por los cuales no existe tal exigencia. La visión del instituto emisor prioriza incrementar esta última categoría y reducir la primera.
Tras la asunción de Milei, los pasivos remunerados equivalían a cuatro veces la base monetaria, pero esa relación se ha ido contrayendo. El equipo maneja indicios de que la demanda de pesos aumentará, pero las alternativas para inyectarlos son limitadas. Una opción –la emisión para financiar al Tesoro– pertenece, en el ideario libertario, a otra dimensión política.
El Gobierno asume que necesitará emitir. La pregunta crucial es: ¿contra qué activo? Si el BCRA provee pesos, aspira a obtener dólares a cambio. Desde la óptica oficial, esos billetes constituyen la única vía genuina para satisfacer la demanda de moneda local. Comprarle bonos al Tesoro no figura entre las prioridades de Bausili y Caputo.
Para que se concrete el escenario donde los ahorristas destinen sus recursos a proyectos productivos, el primer paso requiere un crecimiento económico en un clima de relativa estabilidad. Esto permitiría que la población se sienta segura, permanezca por lapsos más extensos en pesos y la base monetaria pueda expandirse sin convulsiones, mientras las autoridades exhiben una compra sostenida de divisas.
Más allá del marco teórico, el Gobierno afirma haber acumulado evidencias prácticas de este mecanismo. En marzo de 2024, con el modelo en fase inicial y una inflación desbocada, los saldos en cuentas de ahorro en pesos eran mínimos. Esa situación osciló: la confianza en el plan se tradujo en un incremento de los depósitos en moneda local, y viceversa. Los analistas oficiales destacan que los saldos transaccionales siguen una tendencia alcista, la cual necesita de una mejora en la actividad económica para consolidarse y, a mediano plazo, facilitar el fortalecimiento de las reservas.
En todos los casos, la hoja de ruta implica abastecer la demanda de dinero a un ritmo más pausado que el sugerido por otras variables, manteniendo condiciones monetarias restrictivas que ayuden a domar la inflación, incluso a costa de una economía con escaso dinamismo. El dólar es tratado con puño firme.
La directiva del BCRA anticipa un año con menos convulsiones que 2025, cuando el sorpresivo triunfo electoral de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires obligó a un rescate con apoyo externo. La primera evidencia es política: en este ciclo no hay comicios generales, que el año pasado detonaron una fuga de capitales superior a los cinco mil millones de dólares en un solo mes.
Otros factores confluyen en igual sentido. La Reserva Federal de Estados Unidos inició un ciclo de recorte de tasas de interés, lo que disminuye el atractivo de migrar capitales hacia ese país, un factor de inestabilidad que resultó muy costoso durante la gestión de Mauricio Macri.
No obstante, el «dolarducto» que intenta construir la administración acaba de incorporar un nuevo condimento de incertidumbre: el retorno de Venezuela al tablero petrolero internacional. Los principales temores para la Argentina residen en que una eventual orden del presidente Donald Trump a empresas norteamericanas para incrementar inversiones en el Caribe funcione como una aspiradora de capitales, compitiendo con Vaca Muerta. Otra amenaza latente es que un aumento en la producción global deprima los precios del crudo, afectando los ingresos argentinos por exportación.
Consultoras internacionales, como Rystad Energy, analizan el impacto del nuevo escenario. Su informe señala que, dejando de lado obstáculos políticos y financieros, Venezuela podría necesitar hasta 2040 para recuperar sus niveles históricos de producción. Además, subraya que el retorno pleno de las grandes petroleras exigiría reformas legales y regulatorias profundas en el país caribeño, junto a garantías explícitas del gobierno estadounidense. Una aclaración crucial: el crudo de Vaca Muerta es, en general, de calidad superior al venezolano, apuntando a mercados distintos.
Sin embargo, el sector privado ya refleja el golpe de los acontecimientos en las expectativas. La cotización en Wall Street de empresas como YPF, Vista y Pampa Energía cayó aproximadamente un 7% esta semana, atribuido al contexto venezolano.
Paralelamente, el Gobierno teje otra alianza de beneficios mutuos para allanar el camino de las divisas, esta vez con un actor diferente: los gobernadores. La Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Santa Fe ya se financiaron en los mercados internacionales por 600 y 800 millones de dólares, respectivamente. Parte de esos fondos, al destinarse a obras públicas, deberán cambiarse a pesos en el BCRA, inyectando divisas. La lista de mandatarios provinciales interesados en seguir esta ruta es extensa.
Bausili tiene la meta declarada de acumular hasta 17.000 millones de dólares este año. Para alcanzarla, requiere una colaboración especial del ministro Caputo, quien debe seguir obteniendo divisas para honrar compromisos de deuda, dada la imposibilidad de acceder a préstamos externos convenientes. Este es, precisamente, el punto que resta despejar para determinar si la travesía cambiaria del año será tan tranquila como esperan los más optimistas del Palacio de Hacienda, o si añadirá un nuevo capítulo al estrés histórico de los argentinos con el dólar.