En un partido de escaso brillo, el equipo de Barros Schelotto se impuso a Instituto con un remate certero de Andrada en los instantes finales. La figura del triunfo visitante fue el guardameta Álvaro Montero.
En una tarde soporífera en el estadio de Córdoba, Vélez Sarsfield consiguió una victoria trabajada y valiosa sobre Instituto en el inicio del certamen Apertura. El único tanto de la contienda llegó en el tiempo de descuento, obra del joven Lucas Andrada, coronando un encuentro donde la efectividad escaseó y el mérito colectivo brilló por su ausencia.
La primera mitad transcurrió bajo el signo de la imprecisión y la falta de ritmo competitivo. Ambas escuadras, enfrascadas en mostrar la solidez de sus nuevos proyectos, chocaron repetidamente con una realidad tozuda marcada por los errores y la pobreza creativa. Las ocasiones de gol fueron un espejismo, meras aproximaciones que surgieron más de deslices ajenos que del juego construido.
El episodio más crudo del primer periodo fue una entrada violenta de Mosevich, defensor local, sobre el velocista Pellegrini. La acción, de una contundencia alarmante, dejó al jugador visitante muy afectado, aunque pudo continuar. El árbitro Fernando Merlos consideró el contacto como un choque fortuito y no sancionó la infracción. Cerca del descanso, el conjunto cordobés creyó obtener un penal, pero la alegría fue efímera; el asistente del árbitro principal levantó su bandera para anular la jugada por una posición adelantada previa de Alarcón.
El desarrollo del segundo tiempo no varió sustancialmente. La sensación predominante era que ambos equipos podrían haber extendido el duelo indefinidamente sin lograr romper la paridad. El partido parecía condenado a resolverse únicamente mediante un balón aéreo y un remate de cabeza. De hecho, Instituto estuvo cerca con un testarazo de Alarcón que fue repelido con seguridad por el guardameta visitante Álvaro Montero, quien se erigió como el actor más destacado de la jornada.
El portero colombiano, beneficiado por la confianza del entrenador Guillermo Barros Schelotto luego de una pretemporata convincente, respondió con solvencia en los momentos cruciales, manteniendo a su equipo con vida cuando el partido se antojaba estéril. Justo cuando todo apuntaba a un reparto de puntos, irrumpió la magia de Lucas Andrada.
En el minuto 46 del complemento, el juvenil del Fortín recibió el esférico en el borde del área y, con un zurdazo potente y colocado, venció al arquero Manuel Roffo estrellando el balón en el poste izquierdo antes de que éste se alojara en las redes. El gol, un verdadero golpe de efecto, desató el júbilo entre los jugadores y el cuerpo técnico visitante.
De esta manera, casi sin pretenderlo, Vélez se adjudicó tres puntos dorados en condición de visitante. Un triunfo que, más allá del juego mostrado, proporciona un impulso anímico fundamental para el incipiente camino que tiene por delante en el campeonato bajo el mando de Barros Schelotto.
