El gobierno cubano anuncia un paquete de medidas de emergencia, incluyendo una semana laboral de cuatro días y racionamiento de combustible, ante el colapso del suministro energético tras el aislamiento internacional.
La Habana amaneció bajo el peso de una severa coyuntura. El régimen cubano, liderado por Miguel Díaz-Canel, decretó este viernes un conjunto de acciones extremas para paliar el caos energético que inmoviliza al país, en medio de una crisis agravada por el cambio político en Venezuela y el recrudecimiento de la presión económica desde Washington.
En un comunicado oficial, el viceprimer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga fundamentó las disposiciones como un esfuerzo para «garantizar la vitalidad del país y los servicios esenciales». El eje central de la estrategia es la reasignación prioritaria de los escasos combustibles disponibles hacia los servicios públicos fundamentales y las actividades económicas consideradas indispensables. «Al no existir disponibilidad suficiente, es imposible sostener los volúmenes de distribución anteriores», admitió el funcionario, prometiendo una normalización gradual de los suministros.
Las medidas adoptadas representan una contracción significativa de la vida económica y social. La administración estatal transitará a una semana laboral de cuatro días, de lunes a jueves, mientras se imponen límites estrictos a la adquisición de gasolina y diésel. El transporte interprovincial en autobuses y trenes verá reducida su frecuencia, y se confirmó el cierre temporal de numerosas instalaciones turísticas. El ámbito educativo también se verá afectado, con una reducción de la jornada escolar y una flexibilización de la asistencia obligatoria en las universidades.
El objetivo declarado es concentrar los recursos energéticos remanentes en la producción de alimentos, la generación eléctrica y aquellas actividades que generan divisas extranjeras, vitales para la deprimida economía nacional. Esta situación de emergencia revive el espectro de la llamada «opción cero», un plan de supervivencia concebido durante el Período Especial de los años noventa, que el propio Díaz-Canel reconoció haber reactivado ante la posibilidad de enfrentar un escenario sin importaciones de crudo.
La crisis tiene sus raíces en eventos geopolíticos recientes. La operación que terminó con la captura del ex presidente venezolano Nicolás Maduro y el posterior bloqueo estadounidense al flujo de petróleo desde Caracas el pasado 3 de enero, cortó un suministro vital. Washington extendió la presión a finales de enero con una orden ejecutiva que amenaza con sanciones a cualquier nación que provea combustible a la isla, lo que, según reportes, habría disuadido a México de continuar con sus envíos iniciados en 2023. Expertos calculan que Cuba, que importa dos tercios de su demanda energética, perdió con Venezuela aproximadamente 30.000 barriles diarios de un total requerido de 110.000.
Frente a este escenario, el mandatario cubano reiteró una disposición al diálogo con Estados Unidos, pero bajo condiciones muy específicas: «no bajo presión» y basado en «la igualdad, el respeto a la soberanía y la no interferencia». Mientras, otro pilar económico muestra grietas profundas. Cifras divulgadas esta semana revelan que el turismo, sector crucial para la entrada de capital extranjero, sufrió un desplome del 18% en 2025 respecto al año anterior, y una caída abismal del 62% comparado con el récord de 2018. Este declive ya provoca despidos y el cierre de hoteles por razones ajenas a fenómenos naturales, una señal alarmante de la contracción del sector.
La combinación de aislamiento internacional, desabastecimiento energético crítico y el colapso de industrias clave como el turismo, pinta un panorama extremadamente complejo para el gobierno de La Habana, que ahora apela a medidas de austeridad que recuerdan a los momentos más duros de la historia reciente de la isla
