El gobernador bonaerense tildó al Presidente de “caprichoso, dogmático y destructivo” por su gestión económica, y apuntó contra el ministro Luis Caputo por “festejar” el cierre de industrias nacionales.
En un discurso cargado de dureza y conceptos históricos, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, salió al cruce del rumbo económico implementado por la administración de Javier Milei. El mandatario provincial no solo cuestionó las políticas de la Casa Rosada, sino que también trazó un inquietante paralelismo con el devenir de otras naciones de la región, advirtiendo sobre el riesgo de disolución de la clase media argentina, un pilar que, según su visión, distingue al país del resto de Latinoamérica.
En declaraciones contundentes, Kicillof aseguró que el jefe de Estado alberga la intención de “convertir a la Argentina en Perú, donde no existe la clase media”. La analogía sirvió como puntapié inicial para calificar al líder libertario con adjetivos de alto voltaje político: “caprichoso, dogmático y destructivo”. Para el gobernador, el perfil del Presidente al frente del Palacio de Hacienda evidencia un modelo que representa un retroceso hacia un esquema primario, abandonando décadas de desarrollo industrial.
“Eso es lo que estamos observando al mando de la economía argentina”, sentenció Kicillof, para luego ironizar sobre las críticas que el oficialismo suele esgrimir contra el peronismo. “Suelen decir que el peronismo es una fuerza anquilosada, que pertenece al pasado, pero lo que ellos proponen es un retorno puro y simple al modelo agroexportador del siglo XIX”, disparó.
El gobernador contrastó el rumbo local con la tendencia global, señalando que el contexto internacional actual se inclina hacia el proteccionismo y el fomento de la industria. En ese sentido, describió a Milei como “un corso a contramano”, una metáfora con la que intentó graficar el aislamiento de la política económica argentina respecto del resto del mundo. La ironía llegó a su punto máximo cuando Kicillof lanzó una pregunta retórica cargada de simbolismo: “Flaco, si lo que pretendés es llevarnos a la Conquista del Desierto…”, cuestionando así la mirada anacrónica que, a su juicio, guía las decisiones sobre el desarrollo productivo.
El ataque del mandatario bonaerense no se detuvo en la figura presidencial, sino que apuntó directamente contra el ministro de Economía, Luis Caputo. En diálogo con el medio Cenital, Kicillof consideró “indignante” la postura del funcionario, a quien acusó de menospreciar la producción local. “Jamás utilizó una prenda de vestir confeccionada en el país”, manifestó, reclamándole al jefe del Palacio de Hacienda que, en lugar de denostar la industria nacional, “se aboque a la tarea de hacerla más competitiva y accesible”.
La advertencia más sombría llegó al referirse al cierre de emblemáticas firmas argentinas, como el caso de Fate. Kicillof denunció la existencia de lo que definió como un “plan de exterminio de la industria nacional” y criticó con dureza la reacción del Gobierno ante estas situaciones. “Ante el cierre de una fábrica, cualquier gestión responsable debería conmocionarse y desplegar todas las herramientas para evitarlo. Sin embargo, aquí lo que se percibe es un festejo”, lamentó.
Finalmente, el gobernador resumió su preocupación en el impacto social del modelo, poniendo el foco en el tejido más sensible de la sociedad. A su entender, el mayor peligro que acecha a la nación es la degradación de su estructura social. “Lo que nos diferenciaba de la mayoría de los países de Latinoamérica era la fortaleza de nuestra clase media. Ese es el sector que hoy está en la cuerda floja, ese es el verdadero patrimonio que se está dilapidando”, concluyó, dejando un mensaje de alerta sobre el futuro del entramado social argentino.
