Taxis en la cuerda floja: el servicio formal de Río Grande se desangra sin rentabilidad

Taxis en la cuerda floja: el servicio formal de Río Grande se desangra sin rentabilidad

La profunda recesión económica y una competencia desleal que opera en las sombras tienen al borde del abismo al sector del taxi en la ciudad. La merma de afiliados es constante y los ingresos diarios no alcanzan ni siquiera para afrontar los gastos fijos más elementales, mientras las unidades permanecen estacionadas por falta de conveniencia en la circulación.

El tradicional servicio de taxis que surca las calles de la ciudad atraviesa su peor momento, sumergido en una crisis de la que, según sus propios protagonistas, parece difícil encontrar una salida. La Asociación de Taxistas Unidos de Río Grande (ATURG) perdió 23 de sus miembros en los últimos meses, pasando de 128 a tan solo 105, una estadística que refleja un deterioro que se profundiza día tras día.

En diálogo con Radio Fueguina, la titular de la entidad, Griselda Fuentes, pintó un panorama desolador: “Hay una gran cantidad de compañeros que no logran poner a punto sus vehículos para la renovación, otros tantos que no consiguen mantener la documentación al día y la dificultad para encontrar choferes se volvió un problema mayúsculo. Estamos realmente muy complicados”. La dirigente añadió un dato que golpea aún más la estructura del sector: cerca de medio centenar de licencias habilitadas permanecen inactivas, engrosando las estadísticas de un parque automotor que se niega a circular.

El flagelo de la ilegalidad
Uno de los motores de esta debacle es, sin dudas, la multiplicación de los llamados «truchos» o ilegales. “Quienes operan al margen de la ley obtienen un beneficio mucho mayor que nosotros, que cumplimos con todas las obligaciones”, disparó Fuentes, visiblemente indignada. En ese sentido, detalló la pesada mochila que carga el trabajador formal: “Nosotros tenemos que costear los servicios de un contador, abonar el monotributo, cumplir con la AREF (Agencia de Recaudación Fueguina) y un sinfín de gastos que ellos eluden”.

La rentabilidad se ha desvanecido por completo. Fuentes ejemplificó la situación con la experiencia personal de su esposo, también taxista. “El viernes pasado, después de una jornada de doce horas, apenas logró juntar 17 mil pesos”, reveló. Acto seguido, contrastó esa misérrima cifra con lo que realmente se necesita para sostener la actividad: “Para que el negocio sea viable y podamos mantener el vehículo en condiciones, deberíamos estar facturando unos 180 mil pesos por día. Hay que prever el cambio del coche, los services, el abono a la radio, el seguro, la Revisión Técnica Obligatoria y el monotributo. Es una ecuación imposible”.

La dirigente puso el foco en el incesante incremento de los costos, señalando al combustible como el principal verdugo. “La nafta no deja de aumentar, a veces hasta dos veces por semana. ¿Con qué recursos nos sostenemos? Es una situación insostenible. Hoy por hoy, trabajamos pero sin mover el coche. Realizamos un viaje, regresamos a la parada y ahí nos quedamos estacionados. No hacemos recorridas porque no es redituable, el desgaste es mayor que la ganancia”, argumentó.

La tentación de pasarse al otro lado
Consultada respecto a si los trabajadores del volante contemplan la posibilidad de abandonar la formalidad para sumergirse en la ilegalidad, Fuentes no dudó en admitir que la idea ronda en las cabezas de muchos. “Cuando uno se sienta a hacer números, se da cuenta de que los ilegales terminan siendo los más favorecidos. La tentación existe”, confesó. Sin embargo, aclaró que la asociación brega por mantenerse en el camino correcto: “Estamos resistiendo hasta el último momento. Nos va en ello la fuente de ingresos de muchas familias y no queremos resignar nuestros puestos de trabajo”.

En cuanto a las expectativas a futuro, la presidenta de ATURG se mostró tajante y sin atisbos de optimismo. “No vislumbro que esta situación pueda prolongarse por mucho tiempo más. La paciencia y los bolsillos tienen un límite”. Finalmente, lanzó una dura crítica a los comunicados oficiales que hablan de una recuperación de la economía. “Desde el gobierno aseguran que cada vez más gente está saliendo de la pobreza, pero eso no se refleja en nuestra realidad. Por donde miremos, no vemos esa mejoría. Sentimos que son solo palabras, promesas vacías. En la calle, los resultados son otros, y son devastadores”.

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