El Silencio Empresarial se Rompe: La Crisis Económica Desnuda la Hipocresía del Poder frente al Modelo Milei

El Silencio Empresarial se Rompe: La Crisis Económica Desnuda la Hipocresía del Poder frente al Modelo Milei

Mientras la cúpula de las grandes corporaciones se muestra más preocupada por los epítetos gubernamentales que golpean su imagen pública que por la recesión que azota al país, las bases industriales sufren en carne propia el derrumbe de la actividad y exigen respuestas. Comunicados ambiguos, renuncias estratégicas y proyectos mineros personales en medio del fuego cruzado marcan la nueva realidad del empresariado argentino.

La profunda recesión que acelera su marcha y la consecuente crisis que atraviesan los negocios en la totalidad de los rubros han comenzado a fracturar el manto de silencio que, hasta hace poco, predominaba en las cúpulas del poder económico. Ese pacto de cautela, esa omertá que impedía cuestionar abiertamente los lineamientos del modelo implementado por Javier Milei, empieza a mostrar fisuras evidentes. Como un púgil agotado tras doce asaltos, al acuerdo de mantener un perfil bajo para no incomodar al oficialismo le están lloviendo golpes desde todos los flancos.

Esta situación, sin embargo, presenta dos aristas claramente diferenciadas. Para los máximos referentes del empresariado, la grieta en el consenso se origina en el malestar que provocan las descalificaciones y los escraches públicos provenientes del Ejecutivo. En las bases, la realidad es mucho más cruda: el mutismo se ha tornado una postura insostenible ante una coyuntura que está arrasando sin distinción con comercios, fábricas y emprendimientos de todo tipo y envergadura.

Comunicados con Doble Lectura en Horas Decisivas

En las últimas jornadas, como una manifestación tenue de un conflicto de mayor densidad, vieron la luz comunicados oficiales de la Unión Industrial Argentina (UIA) y de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Redactados con una ambigüedad que parece intencionada, los textos buscaron, ante todo, contener las aguas y armonizar posturas internas que chocan con violencia. La decisión de los sectores que comandan estas entidades fue unánime en cuanto a la urgencia: resultaba impostergable manifestar que la administración libertaria debe cesar en su práctica de estigmatizar a hombres de negocios.

El detonante inmediato de esta reacción corporativa fue el calificativo de “Don Chatarrín” que el primer mandatario adjudicó a Paolo Rocca, una figura que, no por casualidad, ostenta poder de decisión en ambas cámaras empresarias. El malestar profundo de la elite local radica menos en el perjuicio económico —al que conciben como parte de un ciclo natural de vaivenes— y más en que la sociedad pueda conocer sus identidades y las prácticas que los sustentan. Mientras la caída de la facturación se asume como un problema recuperable en el mediano plazo, el daño a la reputación pública se percibe como una herida de muy difícil cicatrización.

La Trastienda de una Disputa Interna en la UIA

El escenario de esta tensión tuvo su pico el martes en el histórico salón Petiribí, en la sede que la UIA posee sobre Avenida de Mayo. Allí, la mesa directiva fue escenario de un altercado de consideración cuando se debatió la redacción del comunicado. Los representantes de los sectores más castigados por la política económica —como las ramas del calzado, la metalurgia, los autopartistas y la industria textil— presionaron para que el texto constituyera una crítica directa y sin eufemismos al rumbo trazado por Milei.

Sin embargo, la conducción política, encabezada por los grupos de mayor peso como Techint, las terminales automotrices y Ledesma, ejerció su poder de veto para moderar los ímpetus. Exigieron templanza y la búsqueda de un consenso que evitara una confrontación abierta. La discusión se prolongó sin encontrar una salida fácil. Finalmente, se alcanzó un punto de encuentro en una declaración de tono moderado, confeccionada casi en simultáneo con la AEA, dando como resultado dos textos casi idénticos que fueron difundidos como un intento de simular una postura crítica que, en los hechos, resultó diluida.

“En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país. El respeto es el punto de partida para reconstruir la confianza que la Argentina necesita, tanto puertas adentro como frente al mundo”, fue el extracto central que la UIA hizo público. Horas más tarde, en el grupo de WhatsApp de la entidad, los máximos referentes se encargaron de celebrar la movida, y su titular, Martín Rappallini, intentó vender la jugada como una crítica velada al Presidente. No obstante, al día siguiente, en sus apariciones mediáticas matinales, el mismo dirigente se encargó de aclarar que respaldaba sin fisuras el rumbo económico de la Casa Rosada.

La actitud de Rappallini despertó sonrisas cómplices entre los más experimentados, que observaron una cuota de sobreactuación en un personaje estrechamente vinculado al poder de turno. Este empresario, que responde políticamente a Paolo Rocca y que accedió a la presidencia de la UIA con el visto bueno del holding, fue el representante del sector privado en la mesa de diálogo por la Reforma Laboral y mantiene una fluida relación con el ministro de Economía, Luis Caputo. Dueño de Cerámica Alberdi, un negocio golpeado por la parálisis del sector, Rappallini ha sabido diversificar sus intereses en medio de la tormenta. Quien fuera presidente de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA) acaba de ser beneficiado por el gobierno con la aprobación de un proyecto minero bajo el régimen del RIGI en la provincia de Mendoza. Se trata de una iniciativa de extracción de cobre denominada PSJ Cobre Mendocino, propiedad de Zonda Metals GmBH, firma suiza, y de Alberdi Energy, su propia compañía. El propio Milei y el gobernador Alfredo Cornejo impulsaron personalmente el proyecto ante la Legislatura local el año pasado, obteniendo finalmente la luz verde. Por esta nueva faceta, en los pasillos industriales ya circula un apodo para él: “Martín, el minero”.

Renuncia Silenciosa y Cifras que Alarmann

En paralelo a estas movidas públicas, la UIA atraviesa una interna sorda pero de alta tensión. La renuncia de Diego Coatz, quien se desempeñara como economista jefe y director ejecutivo durante dos décadas, es la evidencia más palpable de las diferencias. Coatz, un perfil netamente industrialista formado durante la gestión de José Ignacio De Mendiguren, dejó su cargo tras la decisión de la cúpula de desdoblar sus funciones y relegarlo a un puesto puramente técnico. Será reemplazado en la dirección ejecutiva por Laura Bermúdez, proveniente de la UIPBA y alineada con Rappallini y, por ende, con la órbita de Techint. En su despedida, Coatz dejó un mensaje que muchos interpretaron como un señalamiento: “Hoy cierro una etapa muy importante en la UIA. Fueron 20 años muy intensos (…) Siempre con la pasión de poner a la industria y la producción en el centro de la conversación pública porque Argentina es, fue y tiene que ser un país industrial”.

Previo a su partida, el equipo de Coatz procesó los datos del Monitor de Desempeño Industrial correspondientes a la primera parte del año, que anticipan la evolución del sector. El índice se ubicó en 36,5 puntos en enero de 2026, lo que representa una caída de 7,5 puntos respecto a la medición anterior. En la comparación interanual, el desplome es de 5,6 puntos. El sondeo arroja cifras devastadoras: el 53,3% de las compañías encuestadas admitió una merma en su producción en comparación con el último trimestre del año pasado. En lo que respecta a las ventas en el mercado interno, el 54,7% reportó bajas, contra apenas un 13,3% que experimentó aumentos. El empleo también resiente el golpe: un 22,2% de las firmas registró caídas en su dotación de personal, recurriendo la mitad de ellas a despidos directos, mientras que un significativo porcentaje aplicó reducción de turnos o suspensiones.

La AEA y la Obsesión por la Forma sobre el Fondo

Por su parte, la AEA, fundada en 2002 con la aspiración de emular a las grandes ligas del empresariado brasileño, también centró su malestar más en las formas que en el fondo de la crisis. Hoy dominada por Techint, Arcor, Clarín, Ledesma, el grupo Braun y Marcos Galperín, la entidad respondió al discurso presidencial en el Congreso con un comunicado que, una vez más, puso el acento en el tono del vínculo. “Para avanzar hacia un crecimiento sostenido, es indispensable promover un diálogo constructivo y respetuoso entre el gobierno y el sector privado”, rezaba el texto. La paradoja no escapa a sus propios miembros, que en privado admiten que la situación actual supera en gravedad a cualquier crítica que pudieran haber vertido durante el kirchnerismo respecto al avaso del Estado sobre las instituciones y la propiedad privada.

En este contexto, la cámara decidió también un recambio en su conducción ejecutiva. Jaime Campos, quien oficiaba de vocero para evitar la exposición directa de los grandes dueños, será sucedido por Alejandro Lastra. El nuevo director ejecutivo, proveniente de Telefónica-Movistar donde se desempeñó en Asuntos Públicos y Regulación, es un abogado con vasta experiencia en el sector corporativo, con un paso intermedio por IBM.

Hasta los Bastiones Liberales Piden Protección

La delicada situación del entramado productivo ha llegado a tal punto que incluso voces históricamente vinculadas al liberalismo económico se alzan para pedir un cambio de rumbo. María Pía Astori, presidenta de la Fundación Mediterránea —cuna de pensadores como Domingo Cavallo y muy influenciada por el grupo Arcor—, salió a reclamar un trato preferencial para la manufactura local. En un claro guiño proteccionista, Astori afirmó que sin industria nacional “no hay país que valga” y solicitó que el sector sea tratado “como lo hace Estados Unidos, con coherencia”, en alusión a las barreras que la potencia del norte impone a la competencia externa, especialmente la china.

“Sin producción no hay desarrollo, sin empresas no hay empleo y sin industrias ni empleo no hay país que valga”, enfatizó la empresaria, quien además pidió reglas de juego claras, previsibilidad y solidez institucional. Sus declaraciones, realizadas en un foro donde exponía el ministro Caputo, resuenan como una advertencia desde un sector que, hasta ahora, había sido un aliado natural del discurso de libre mercado.

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