En un encuentro de aristas opuestas, el Rojo aprovechó una distracción defensiva en el tramo decisivo para imponerse por la mínima. La Academia, que llegaba con un invicto de nueve presentaciones, pagó caro la imprecisión desde los doce pasos y vio interrumpida su escalada en la parte alta de la tabla.
En una nueva entrega del tradicional duelo del sur del Gran Buenos Aires, el conjunto de Independiente logró imponerse por la cuenta mínima ante su eterno adversario, Racing Club, en el escenario del Libertadores de América. El enfrentamiento, correspondiente a la decimotercera jornada del Torneo Apertura, encontró a ambos protagonistas con trayectorias de signo contrario antes del pitazo inicial. El anfitrión, que partía fuera de la zona que otorga pasajes a la fase final de la competencia, arrastraba dos caídas en fila y tenía a su estratega, Gustavo Quinteros, expuesto al escrutinio de la parcialidad. Del otro lado, la escuadra visitante pisaba el césped con la confianza que entrega una seguidilla de nueve compromisos sin perder, lo cual representaba una coyuntura dorada para consolidarse entre los primeros clasificados.
Desde los instantes inaugurales, el dueño de casa pretendió asfixiar a su ilustre adversario con mayor ímpetu que claridad conceptual. El trámite se presentó espeso y fragmentado, con una tendencia marcada a la interrupción del fluir ajeno antes que a la construcción ordenada de las propias acciones. En ese contexto de imprecisiones, aprovechando una grave desatención en la retaguardia local, Racing —que abusaba del envío largo sin destino preciso— llegó primero al área de peligro mediante una maniobra acrobática de Solari. El extremo apareció de manera sorpresiva y su remate se marchó lamiendo el poste, generando el primer sobresalto serio en el arco de Independiente.
El conjunto de la calle Bochini no conseguía articular a sus hombres de creación para fabricar situaciones claras destinadas a Montiel y Ávalos. De hecho, este último, más tarde y en una insólita acción ya en rol de defensor circunstancial, estuvo a punto de introducir el esférico en su propia portería tras un venenoso tiro de esquina ejecutado hacia el primer palo por Baltasar Rodríguez. En ese segmento del partido, cada saque de esquina en cualquiera de los dos frentes se transformaba en una verdadera batalla campal: empujones, tirones de camiseta y agarrones diversos que el árbitro Rey Hilfer elegía sistemáticamente pasar por alto, en una decisión que alimentó la crispación dentro del terreno.
Recién superada la media hora de juego, el Rojo logró aproximarse con un zurdazo de Montiel que exigió a la defensa rival. En la respuesta inmediata, un pase extraordinario de Fernández dejó a Conechny en soledad frente al guardameta, pero el atacante definió con escasa fortuna. Sin embargo, en el trayecto del disparo se interpuso una mano de Sebastián Valdez, infracción que, tras la revisión minuciosa del VAR, derivó en la concesión de un lanzamiento penal. La responsabilidad recayó en Maravilla Martínez, quien desperdició la ocasión de manera estrepitosa al enviar la pelota por encima del larguero, después de intentar una picada que resultó desafortunada en su ejecución y desastrosa en su puntería.
El fallo desde los doce pasos, fallado de semejante modo, desató un abanico de reacciones encontradas: decepción entre los propios, alivio sarcástico en los adversarios, saludos irónicos y, sobre todo, una oleada de furia en las gradas. Algunos seguidores locales exaltados rompieron uno de los paneles que protegían el banco de suplentes de Racing, lo cual obligó a interrumpir la contienda durante varios minutos, en un episodio que empañó el espectáculo y encendió las alarmas sobre la seguridad en el recinto.
El conjunto local despertó definitivamente en la etapa complementaria. Marcone protagonizó la primera intervención de envergadura por parte del arquero Cambeses, quien respondió con solvencia. Pero la visita también reaccionó: Martínez no logró empujar el balón bajo el arco en una acción que parecía cantada, y un centro de Solari hizo detener más de un corazón entre los hinchas del Rojo. Inmediatamente después, Cannavó se interpuso en el momento justo cuando Malcorra ya saboreaba el gol. En apenas quince minutos se vivió más fútbol y emociones que en la totalidad de la primera mitad.
El arco parecía empeñado en negarse una y otra vez a Maravilla, pero no así al paraguayo Ávalos. Este recibió un pase quirúrgico de Montiel y, con un toque sutil pero certero, punteó la redonda para desatar la locura en el estadio cerca del silbato final. Con lo justo, Independiente se llevó los tres puntos porque acertó en lo que su vecino falló de manera clamorosa. Así, el Rojo recupera oxígeno y también empieza a mirar con renovadas esperanzas hacia la zona de clasificación a los play-offs, mientras que Racing deberá digerir un traspié que frena su marcha triunfal y deja interrogantes sobre su capacidad de gestión en los momentos de máxima tensión.
