En una extensa entrevista por la TV Pública, el jefe de Estado calificó como “invento periodístico” la dificultad de los hogares para llegar a fin de mes, elogió a Manuel Adorni y justificó los millonarios créditos del Banco Nación a sus colaboradores cercanos
El mandatario argentino protagonizó anoche un nuevo episodio de confrontación discursiva durante una conversación televisiva en el canal estatal, donde desplegó un repertorio de afirmaciones controversiales que abarcaron desde la negación de la realidad socioeconómica hasta la defensa cerrada de su equipo de funcionarios más cuestionados judicialmente.
En el estudio de la señal pública, el primer mandatario lanzó una afirmación que contradice abiertamente los indicadores de pobreza y los relevamientos sobre poder adquisitivo de los salarios. “Eso de que la gente no llega a fin de mes es una invención de los medios”, sostuvo el líder político, quien además aseguró sin presentar respaldo estadístico alguno que “el consumo se encuentra en niveles récord”. Acto seguido, transfirió la responsabilidad por el incumplimiento de su promesa estrella de campaña —la dolarización de la economía— a la ciudadanía. “No se puede dolarizar porque la población no quiere hacerlo”, declaró el gobernante, argumentando que ya se brindaron las herramientas legales y que cada individuo tiene la potestad de elegir la moneda para sus transacciones, aunque reconoció implícitamente que la confianza en el billete verde no es suficiente para desplazar al peso como medio de cambio cotidiano.
El jefe del Estado también aprovechó la tribuna oficial para elevar una encendida defensa de Manuel Adorni, su jefe de Gabinete, a quien describió como “un funcionario maravilloso”. Esta ponderación se produce en un contexto judicial complejo para el mencionado colaborador, quien enfrenta pesquisas por presuntas inconsistencias patrimoniales y propiedades no declaradas. El Presidente destacó el desempeño de Adorni en la gestión gubernamental, ponderó su triunfo electoral en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y describió su rol como un trabajo silencioso en la cocina política junto a los ministros, mientras que él, según sus propias palabras, fija el rumbo estratégico.
Otro de los pasajes más llamativos de la entrevista ocurrió cuando el mandatario intentó justificar el escándalo generado por los altos funcionarios que accedieron a préstamos multimillonarios del Banco Nación. Su argumentación resultó, como mínimo, insólita: “¿Acaso tomar ese crédito provocó la muerte de alguien?”, inquirió el Presidente, para luego responder él mismo que no. “¿Violentó el derecho a la vida? No. ¿Alguna persona perdió su libertad por eso? Tampoco”, continuó, construyendo una defensa que reduce la ética de gestión a la mera ausencia de homicidios o privación de libertad ambulatoria. Incluso alentó a replicar esa conducta al afirmar que los préstamos fueron otorgados a tasas de mercado y, por lo tanto, resultan perfectamente lícitos.
El primer mandatario destinó un extenso bloque de la conversación a arremeter contra la prensa, a la que acusó de fabricar una realidad paralela y de envenenar deliberadamente a la opinión pública. Según su diagnóstico, el 95 por ciento de los periodistas argentinos son “delincuentes” que escriben por mandato de potencias extranjeras o financiados por intereses foráneos, o bien al servicio de medios que buscan prebendas gubernamentales. Denunció que su administración sufre “un embate mediático” en represalia por la suspensión de la pauta oficial y rechazó cualquier indicio de crisis económica, calificando de “payasos” a quienes mencionan el concepto de estanflación —esa combinación letal de inflación persistente con estancamiento productivo—.
A pesar del clima de ajuste, despidos masivos, cierre de fábricas y erosión salarial que atraviesa el país, el mandatario insistió en que “la motosierra sigue encendida” y que no piensa resignar el equilibrio fiscal bajo ninguna circunstancia. Anunció que Federico Sturzenegger continuará con su tarea desreguladora, que el Banco Central mantendrá el rumbo contractivo en materia monetaria y advirtió que no cederá ante intentos de presión callejera. En sus propias palabras, la economía crece y quienes sostienen lo contrario simplemente ignoran los datos, aunque evitó mencionar cifras concretas que respalden su optimismo.
La entrevista, conducida por periodistas afines a la línea ideológica del oficialismo, constituye un nuevo ejemplo de utilización de los medios estatales para difundir una narrativa oficial que contradice abiertamente los reportes de organismos técnicos, las estadísticas de pobreza, los relevamientos de comercios minoristas y los indicadores de actividad industrial. Mientras tanto, el Presidente cerró su presentación con una arenga a sus seguidores: no habrá marcha atrás en el plan de ajuste, sin importar las consecuencias sociales.
