La jefa de los senadores libertarios reconoció ante empresarios que la causa por enriquecimiento ilícito contra el vocero presidencial genera una fuerte conmoción en el Gabinete. Mientras la Justicia avanza, la dirigente defendió el principio de inocencia y comparó la fragilidad política de Adorni con su propia experiencia curtida en el poder.
En medio del avance incesante de la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito que tiene en la mira a Manuel Adorni, una de las figuras más relevantes del oficialismo salió a reconocer la magnitud del terremoto político que esta causa provoca en las entrañas del gobierno de Javier Milei. Se trata de la senadora libertaria Patricia Bullrich, quien, en un encendido discurso ante empresarios en la Bolsa de Comercio de Córdoba, admitió sin ambages que el proceso judicial “sin duda genera un impacto” en la administración nacional. “Es duro, para él y todos atravesar este momento”, deslizó la exfuncionaria, quien además confirmó que el jefe de Gabinete se encuentra “muy tocado” en el plano personal y familiar, aunque el Presidente resolvió sostenerlo en su puesto.
La actual líder de los senadores de La Libertad Avanza no ocultó la tensión que atraviesa al entorno más cercano del mandatario. En sus declaraciones, Bullrich planteó que las crecientes sospechas sobre cómo Adorni logró engrosar su patrimonio desde su desembarco en la Casa Rosada repercuten de lleno en el ánimo del Gabinete. No obstante, la legisladora hizo hincapié en la necesidad de resguardar la presunción de inocencia del funcionario cuestionado. “La política no puede cumplir el rol de la Justicia”, sentenció, y aconsejó a sus propios correligionarios abstenerse de emitir juicios anticipados que podrían “destruir una familia”. En esa misma línea, exhortó a esperar que sea el Poder Judicial quien dirima la cuestión, y extendió esa advertencia hacia el interior del oficialismo: “Esto va también para nosotros, no tenemos que hablar antes de tiempo”.
Con una sinceridad inusual, la otrora ministra de Seguridad de Mauricio Macri y Fernando de la Rúa trazó un paralelismo entre su propia trayectoria y la situación actual de Adorni, a quien definió como un neófito en la arena política. “Los que venimos de la política tenemos el cuero más duro, nos hemos comido operaciones y muchas cosas”, señaló Bullrich, en contraste con la vulnerabilidad del actual vocero presidencial, enfrentado por primera vez a una tormenta de esta magnitud. “Él está en esta situación de ser la primera vez. Ojalá que salga todo bien, y si la Justicia decide otra cosa se tomará la decisión correcta”, agregó, dejando entrever que el respaldo oficial no es incondicional ante un eventual fallo adverso.
Consultada sobre la posibilidad de que Adorni se tome una licencia en medio del escándalo que lo salpica, Bullrich respondió con cautela: “Esa es una decisión por el impacto que le produce a él y su familia. Es una conversación con él y el Presidente”. De este modo, trasladó la responsabilidad de cualquier movida futura al diálogo directo entre el mandatario y su colaborador más señalado.
Más allá del frente judicial, la senadora libertaria también se explayó sobre la realidad económica, exhibiendo un sincericidio similar al que días atrás protagonizó el propio Milei en sus redes sociales. Bullrich reconoció sin eufemismos que “la gente está haciendo esfuerzos” en el actual contexto de ajuste y recesión. “Como dijo el presidente ayer, tenemos que tener paciencia. Había sectores con precios subsidiados y que hoy está crujiendo. Pero no podemos seguir con una economía cerrada”, argumentó. En su alocución frente a los hombres de negocios cordobeses, a quienes ponderó las virtudes de la reforma laboral y la flamante ley de inocencia fiscal, la legisladora remarcó que “los procesos de estabilización han sido en general muy duros” y lanzó una advertencia cargada de dramatismo: “No tengamos miedo a los momentos difíciles, cuando uno atraviesa un río difícil, va a tener momentos de zozobra. Hay que seguir por el rumbo. Si nos desviamos nos caemos”. La metáfora fluvial, en boca de quien lidia con dos tormentas simultáneas —la judicial y la social—, sonó como un intento por mantener la firmeza de una nave oficial que, por estas horas, navega con el casco resquebrajado.
