El sacerdote portugués fusionó fragmentos de discursos de Jorge Mario Bergoglio con potentes bases de música electrónica, en una ceremonia gratuita que convocó a familias, jóvenes, militantes católicos, personas del colectivo LGBTIQ+ y fieles de diversas procedencias, en el primer aniversario del fallecimiento del pontífice argentino.
Una muchedumbre impresionante se congregó ayer sábado en el corazón político del país para ser parte de un espectáculo singular, donde el DJ Guilherme, nombre artístico del cura luso Guilherme Peixoto, desplegó un show que equilibró con maestría la música, la puesta escénica y el fervor religioso. Con la destreza propia de los grandes artistas, el sacerdote intercaló extractos ampliamente reconocidos de las alocuciones de Francisco con vibrantes pistas electrónicas, una combinación difícil de concebir pero sorprendentemente eficaz a la hora de conectar con las masas. Este formato, que ya ha recorrido diversos escenarios internacionales, tuvo como epicentro la emblemática Plaza de Mayo, completamente repleta desde la tarde y hasta bien entrada la noche.
La convocatoria, realizada en honor al Papa Francisco al cumplirse un año de su partida, comenzó a gestarse mucho antes del horario estipulado para el inicio oficial, previsto para las veinte horas. Desde las quince, el ingreso por la Avenida de Mayo desde 9 de Julio presentaba un tránsito despejado, mientras agentes de policía, inspectores de espacio urbano y baterías de baños químicos ocupaban los laterales. Las potentes torres de sonido comenzaban a vislumbrarse a la altura de la calle Chacabuco, y las banderas desplegadas en estructuras metálicas señalaban a los principales organizadores: la Asociación Miserando, el Arzobispado de la Ciudad de Buenos Aires y el gobierno porteño.
Los primeros asistentes se acercaban en pequeños grupos o en parejas, con indumentarias alejadas de la estética habitual de una fiesta electrónica: predominaban las ropas deportivas, bermudas, zapatillas y una escasa presencia de brillantina durante las primeras horas. La excepción la constituyó un conjunto de jóvenes de la Acción Católica Argentina, pertenecientes a la parroquia San Saturnino y San Judas Tadeo, cuyas edades oscilaban entre los dieciocho y treinta años, todos de evidente extracción trabajadora, luciendo en sus rostros el glitter verde y bordó que identifica a su comunidad. “Somos católicos practicantes con gustos musicales muy diversos. A mí, por ejemplo —confiesa Myriam, quien parecía ejercer como portavoz del grupo— nunca me agradó la electrónica, pero me siento muy feliz de estar aquí porque se logra unir la música y la fe”. Mientras hablaba, el resto de los jóvenes la fotografiaba y ensayaba algunos pasos de baile al compás de la prueba de sonido que se filtraba por los altavoces.
Uno de los aspectos más notables de la jornada fue la masividad alcanzada, digna de envidia para cualquier artista nacional o internacional, así como para cualquier político. La fiesta electrónica religiosa en memoria de Jorge Mario Bergoglio reunió a familias de toda procedencia geográfica, extracción socioeconómica e incluso credo, incluyendo a integrantes del colectivo LGBTIQ+, un sector social que nunca antes había encontrado mayor representación ni tolerancia dentro de la Iglesia Católica como durante el papado argentino. Al arribar a la plaza, a un costado del escenario, dos paneles de auspiciantes mencionaban al gremio Suterh, Sancor Seguros y Aeropuertos Argentina 2000, entre otros.
Todavía durante la tarde, en la previa al comienzo del recital, las familias apostadas cerca de las vallas compartían mate y se tomaban selfies para inmortalizar el momento. Algunas mujeres aprovechaban para tomar sol en el centro de la plaza. Patricia, Cristina y Betiana, tres amigas llegadas desde Ezeiza, Ciudad Evita y Grand Bourg, se contaban entre ellas. Betiana, católica militante, confesó con emoción: “Vengo porque mi hijo es adicto a las drogas. A partir de él conocí la música electrónica, y este encuentro me permite acercarme a su cultura y a su forma de reunirse. La idea de mezclar la electrónica con la fe une mis dos pasiones: la religión y el amor por mi hijo”. Mientras tanto, una de sus compañeras señalaba desde el otro extremo: “Yo no soy católica ni voy a la iglesia”, a lo que la tercera replicó entre risas: “Yo la obligo a venir siempre”. Así, se percibía una mixtura entre fe, superación personal y gusto estético en las tres mujeres, todas ansiosas por ver al padre Guilherme, a quien habían conocido a través de las redes sociales.
El flujo de personas se intensificó notablemente hacia las diecinueve horas, una marea que se reflejó en la saturación de colectivos y subterráneos con destino a la zona. Quienes arribaron más cerca del horario oficial fueron los jóvenes, que trajeron consigo la estética característica de la fiesta electrónica: música a todo volumen y banderas del orgullo LGBTIQ+, de Argentina, de Palestina y de la Iglesia, todas flameando sin contradicción alguna. La irrupción de la juventud no ahuyentó a las familias con niños pequeños, aunque la mayor afluencia obligó a padres y madres a tomar a sus hijos firmemente de la mano. Recién a las diecinueve y media comenzaron a circular cervezas, aguas y otras bebidas, mientras el clima festivo se intensificaba a solo treinta minutos del inicio del show con el que el cura portugués Guilherme Peixoto rendiría tributo al Papa Francisco en su tierra natal.
El evento desplegó un importante operativo técnico y simbólico, que incluyó pantallas LED y un sistema de sonido profesional, además de un notable contenido simbólico católico. El tránsito permaneció interrumpido alrededor de la Plaza de Mayo por más de veinticuatro horas. Guilherme Peixoto, nacido en 1974 en la ciudad portuguesa de Guimarães, comenzó su carrera sacerdotal en 1999 y recién se acercó a la música electrónica en 2006, con el doble propósito de atraer a los jóvenes a la Iglesia católica y de solventar las deudas de su parroquia. En sus presentaciones se entremezclan los ritmos típicos de la electrónica con momentos de oración, mensajes de fe y frases célebres del Papa Francisco, como el famoso “¡Hagan lío!”. Este camino lo llevó a ser conocido globalmente como el “cura DJ”. En Lisboa, la capital lusa, Guilherme tocó ante un millón y medio de personas durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2023. También participó del Festival Medusa en España frente a ciento cincuenta mil espectadores y realizó un espectáculo ante el Cristo Redentor en Brasil. “Procuro que los jóvenes que disfrutan de la música electrónica no dejen de ser cristianos, estén donde estén. Si están en un festival, si están en un club, también son cristianos”, explica acerca de su motivación.
