Un informe reciente revela un deterioro sostenido en las ventas de productos básicos durante la actual gestión. La retracción del consumo se extiende sin pausa y supera incluso los registros más críticos de períodos anteriores.
El nivel de consumo en Argentina atraviesa una de sus etapas más delicadas en décadas recientes. Ni siquiera durante los momentos más complejos de la crisis económica bajo la presidencia de Mauricio Macri se habían observado cifras tan adversas como las que se registran en la actualidad. A lo largo de los 27 meses de gestión de Javier Milei, el gasto de los hogares en bienes esenciales apenas mostró leves señales de recuperación en contadas ocasiones, consolidando un escenario marcado por la contracción persistente.
Los datos más recientes indican que, en casi la totalidad del período analizado, el consumo se mantuvo en retroceso. Apenas tres meses lograron exhibir una mejora marginal, lo que implica que durante dos años completos el nivel de compras se sostuvo en caída. Aún más preocupante resulta el hecho de que los indicadores actuales no logran superar las ya bajas bases de comparación interanual: cada año reciente muestra un desempeño inferior al anterior, evidenciando un deterioro continuo sin señales claras de reversión.
El informe elaborado por la consultora Scentia, al que accedió Página I12, confirma esta tendencia. Durante marzo, el consumo general —que incluye supermercados, comercios de cercanía, farmacias, mayoristas, plataformas digitales y kioscos— registró una disminución interanual del 5,1 por ciento. Ese mismo porcentaje se repite al considerar exclusivamente supermercados y negocios barriales, lo que refleja que la caída impacta de lleno en los productos de primera necesidad.
Un aspecto relevante del estudio es la metodología adoptada por diversas consultoras, que comenzaron a medir el consumo de manera agregada, combinando múltiples rubros. Esta estrategia buscaba, en sus inicios, suavizar los resultados negativos. Sin embargo, en los últimos meses, incluso esta medición ampliada —una suerte de “promedio general”— también evidencia retrocesos sostenidos, confirmando la profundidad del problema.
Si se analiza el comportamiento mensual, la tendencia es contundente. Con excepción de abril y algunos meses puntuales del año pasado, donde se observaron leves incrementos, el resto del período estuvo marcado por caídas significativas en las ventas. Aunque durante la gestión de Macri también hubo retracciones, la magnitud actual resulta considerablemente más severa.
Las causas de este fenómeno encuentran puntos de contacto entre ambos períodos, pero con diferencias clave. En ambos casos, el aumento de tarifas de servicios esenciales limitó la capacidad de gasto de las familias. No obstante, en la coyuntura actual, el impacto es aún más profundo: los costos fijos del hogar alcanzaron niveles difíciles de sostener y, al mismo tiempo, los ingresos perdieron poder adquisitivo a un ritmo más acelerado.
El análisis por sectores refuerza el diagnóstico. Las grandes cadenas de supermercados experimentaron una caída del 7,1 por ciento, mientras que los comercios de barrio retrocedieron un 5,1 por ciento. Los kioscos registraron una baja del 4,5 por ciento y los mayoristas, aún más afectados, cayeron un 8,8 por ciento. Solo dos rubros lograron escapar a esta tendencia negativa: las farmacias, con un leve crecimiento del 0,9 por ciento, y el comercio electrónico, que mostró un incremento destacado del 34,4 por ciento, aunque su participación en el total sigue siendo limitada.
Dentro del segmento de supermercados, el panorama es especialmente alarmante. En marzo, todos los rubros presentaron caídas pronunciadas: alimentos, bebidas —tanto alcohólicas como sin alcohol—, productos de higiene, artículos para el hogar y alimentos frescos mostraron retrocesos significativos. Ni siquiera las promociones agresivas, con descuentos de hasta el 20 por ciento sin tope y múltiples días de ofertas, lograron revertir la tendencia. El volumen vendido continúa disminuyendo mes a mes.
En los comercios barriales, la situación no es mucho mejor. Solo el rubro alimentos mostró un leve crecimiento interanual del 1 por ciento, un dato que, lejos de ser alentador, resulta preocupante si se considera el aumento poblacional que debería impulsar una mayor demanda.
Por su parte, el canal mayorista también refleja la debilidad del consumo. Apenas un segmento logró expandirse: los productos impulsivos, como golosinas, crecieron un 14,6 por ciento, impulsados en gran medida por el inicio del ciclo escolar. Sin embargo, este incremento puntual no alcanza para compensar la caída generalizada.
El comercio electrónico, aunque muestra cifras de crecimiento llamativas —con subas de hasta el 44 por ciento en alimentos—, representa una porción reducida del total del consumo masivo, por lo que su impacto estructural sigue siendo limitado.
En conjunto, los datos configuran un escenario complejo, donde la contracción del consumo se consolida como uno de los principales síntomas de la crisis económica actual. La combinación de tarifas elevadas, pérdida del poder adquisitivo y caída sostenida en la demanda plantea interrogantes sobre la evolución futura y las posibilidades de recuperación en el corto plazo.
