La noche estelar de Dembélé catapulta a Francia y siembra dudas en el campeón nórdico

La noche estelar de Dembélé catapulta a Francia y siembra dudas en el campeón nórdico

Un hat-trick del extremo del PSG, una exhibición de velocidad y puntería, bastaron para que el conjunto galo doblegara con claridad a una Noruega que reservó sus piezas clave. El vigente monarca mundial afianza su liderato y ya mira con cautela el incierto horizonte de las eliminatorias.

El escenario era propicio para la gesta individual, para que la figura del astro consagrado se elevara por encima del trámite. Sin embargo, la noche parisina se vistió de gala para rendir pleitesía a un nombre que, pese a su enorme cartel, suele habitar en la órbita del secundario de lujo. Ousmane Dembélé, con una exhibición de poderío ofensivo y desborde inagotable, se erigió como el artífice absoluto del contundente triunfo de la selección francesa por 4 tantos contra 1 sobre una Noruega que compareció con un once repleto de suplentes y con la mente puesta en el inmediato futuro. Este resultado, que no admite matices, consolida a los galos en la cima del Grupo I, aunque el verdadero desafío comenzará a escribirse en la siguiente ronda, donde les aguarda un oponente aún por definir, mientras que el combinado escandinavo, por su parte, deberá medir sus fuerzas ante el siempre combativo conjunto de Costa de Marfil.

La ausencia en el banquillo del estratega Didier Deschamps, quien no pudo dirigir a sus pupilos a causa del sensible fallecimiento de su progenitora, no fue óbice para que la maquinaria del campeón del mundo funcionara con la precisión de un reloj suizo. El equipo, conducido desde la línea de cal por su asistente, mostró una personalidad arrolladora y un hambre de gol que hacía presagiar una goleada de proporciones bíblicas. Aunque la designación oficial del rival para los dieciseisavos de final está pendiente de confirmación, todos los pronósticos apuntan a que el combinado de las barras y las estrellas se topará en su camino con la escuadra sueca, un adversario histórico que pondrá a prueba la solidez defensiva gala. Y el panorama, lejos de clarearse, se tiñe de tonos grises, ya que de superar ese escollo, el destino podría depararles un cruce de alto voltaje en la ronda subsiguiente ante la poderosa Alemania, lo que dibuja un recorrido plagado de obstáculos y de máxima exigencia para los pupilos de Deschamps.

La previa del encuentro ya había generado cierto revuelo mediático, pues el entrenador noruego, Stale Solbakken, había sido taxativo al anunciar que su alineación sufriría una profunda metamorfosis, con la mira puesta en los compromisios venideros. Esta decisión estratégica implicó que el temible artillero Erling Haaland, el hombre que inspira el miedo en las zagas rivales, comenzara el partido desde el banquillo de los suplentes, una imagen tan insólita como reveladora de las prioridades del cuerpo técnico nórdico. En las antípodas de esta postura, el conjunto francés saltó al césped con su tridente ofensivo más temible, y la atmósfera vibró con la expectativa de que Kylian Mbappé pudiera acortar la distancia con Lionel Messi en la lucha por el cetro de máximo anotador en la historia de las Copas del Mundo. No obstante, el guion estaba escrito con otra tinta y el protagonista iba a ser otro.

Desde el pitido inicial, los galos imprimieron un ritmo frenético que desbordó por completo a la defensa noruega. Fue entonces cuando Dembélé, como un vendaval, abrió el marcador tras una magistral habilitación de Mbappé, un socio que parece entender a la perfección los movimientos del extremo. La conexión entre ambos fue un puente inexpugnable para la zaga rival, y el segundo tanto no tardó en llegar, fruto de un contraataque de manual que se asemejó como una gota de agua a la primera diana. En esta ocasión, el último ganador del Balón de Oro, en un alarde de técnica depurada, sacó un zurdazo imparable desde las afueras del área que se alojó en el fondo de la red, dejando sin opciones al portero adversario y desatando la euforia en las gradas. La superioridad francesa era tan abrumadora que el partido parecía sentenciado antes del cuarto de hora.

Sin embargo, la reacción noruega llegó cuando menos se esperaba. Aprovechando un instante de desconcentración en la retaguardia gala, una jugada intrincada terminó en los botines de Thelo Aasgaard, quien, con una estocada de oportunista, encontró un resquicio en la zaga para establecer el descuento. El tanto, como un balde de agua fría, devolvió la ilusión a los nórdicos, pero su efímera alegría se desvaneció con la misma rapidez con la que había nacido. Una nueva jugada colectiva, en la que Francia hilvanó pases con una precisión milimétrica moviendo el esférico de un flanco a otro del terreno de juego, encontró a Dembélé en el lugar y el momento precisos. El extremo, con una definición exquisita al mismo palo, sentenció su hat-trick y restableció la diferencia de dos goles en el marcador, apagando cualquier atisbo de reacción visitante.

La segunda mitad presentó una dinámica distinta, con una Noruega decidida a morder y a buscar el gol que le metiera de lleno en el partido. El conjunto escandinavo, espoleado por la necesidad, generó varias ocasiones claras que hicieron sudar al arquero galo. La más clamorosa fue un penalti que Jorgen Strand Larsen ejecutó con escasa fortuna y que el guardameta Maignan, inspirado bajo los tres palos, logró detener con una estirada felina. Esa parada resultó ser un mazazo psicológico para los visitantes, que vieron como su última gran oportunidad se esfumaba ante la muralla defensiva y el oportuno reflejo del cancerbero francés. A pesar de los intentos, la defensa gala, liderada por un central inmenso, se mantuvo firme y despejó con autoridad cada acercamiento, mientras que el portero, en un estado de gracia, se erigió en el salvador de su equipo en los momentos de mayor asedio.

En los minutos finales, cuando el trámite expiraba y la victoria francesa era ya un hecho consumado, la joya del conjunto galo, Désiré Doué, puso la guinda a la torta con un soberbio cabezazo que significó el cuarto tanto y la sentencia definitiva del encuentro. El joven talento, que había ingresado en la recta final, demostró que el futuro de la selección está en buenas manos, sellando con este tanto una noche prácticamente perfecta para los intereses franceses. Mientras tanto, en la otra orilla del continente, la jornada también deparó una exhibición de poderío ofensivo por parte de Senegal, que despertó de su letargo a tiempo para golear por un contundente 5-0 a Irak. Esta victoria, fraguada con goles de Seck, que abrió la lata con un cabezazo que desvió Habib Diarra, y los tantos de Ismaïla Sarr, el propio Diarra, el ingresado Pape Gueye, autor de dos dianas, e Iliman Ndiaye, presenta a los senegaleses como serios candidatos a meterse en los dieciseisavos de final como uno de los mejores terceros.

La expulsión temprana del iraquí Rebin Sulaka allanó el camino para el equipo de Pape Thiaw, que, obligado a obtener un triunfo que le diera vida en el torneo, se encontró con la jornada soñada para disparar sus aspiraciones. El conjunto africano, tras un inicio dubitativo, se adueñó del balón y del terreno de juego, desarbolando por completo a un Irak que se replegó en su parcela, pero que, tras el descanso, asistió a su propio derrumbe. Los pupilos de Thiaw tejieron un juego de toque y despliegue físico que resultó incontestable para los asiáticos, que nunca encontraron la fórmula para frenar el vendaval ofensivo. Este resultado, que permitió a Senegal forjar un sueño de continuidad en la competición, supone un hito histórico para el fútbol africano, ya que por primera vez una selección de ese continente logra anotar cinco tantos en una misma edición del Mundial. En el bando opuesto, la escuadra iraquí, que accedió al torneo como el último clasificado y que aún no conoce la victoria en la máxima cita futbolística, mostró una imagen desangelada y sin alma, tirando la toalla mucho antes del pitido final.

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