El conductor técnico de Racing Club, Juan Pablo Vojvoda, brindó un extenso análisis post-partido tras el ajustado 2-1 sobre Gimnasia en el Cilindro. El estratega valoró el arranque arrollador de su escuadra, lamentó los errores no forzados que permitieron la paridad transitoria y desclasificó los motivos extrafutbolísticos que relegaron al defensor mundialista Marcos Rojo al banco de los suplentes.
En la cálida noche de Avellaneda, el estadio Juan Domingo Perón fue testigo del segundo desafío oficial bajo la nueva era de Juan Pablo Vojvoda al frente del conjunto albiceleste. Tras el pitazo final que selló una victoria por 2 a 1 frente al Lobo de La Plata en el marco del inicio del torneo Clausura, el entrenador cordobés se presentó ante los medios con la serenidad que lo caracteriza, pero con un discurso que alternó la satisfacción por el resultado con una introspección crítica acerca del funcionamiento de su equipo. El triunfo, que se suma al contundente 4-1 ante Defensa y Justicia por la Copa Argentina, representa un bálsamo para el inicio de su gestión, aunque el técnico fue contundente al confesar que la victoria se sintió más como un desahogo que como una confirmación de certezas absolutas.
El estratega no escatimó en elogios para los compases iniciales del encuentro, un período de dominio que describió como el espejo en el que quisiera ver reflejada la identidad de su Racing. Según sus propias palabras, el conjunto de Avellaneda desplegó un repertorio de alta intensidad durante los primeros veinte o veinticinco minutos de juego, una dinámica tan vertiginosa y efectiva que, a su juicio, debió haber sido traducida en una ventaja más holgada en el marcador. «Me cautivó la fluidez y la movilidad de esos instantes inaugurales», manifestó el DT, «y mi anhelo más profundo es que esa energía y ese despliegue táctico puedan mantenerse como una constante a lo largo de los noventa minutos, y no solo como un destello pasajero». Esta declaración dejó entrever la obsesión del cuerpo técnico por la continuidad en el rendimiento, un punto débil que históricamente ha aquejado a la institución.
Sin embargo, la luna de miel futbolística se quebró abruptamente en el momento de mayor dominio local. Un descuido en la retaguardia, una distracción que Vojvoda calificó como un acto de autosabotaje, permitió que Bautista Barros Schelotto igualara el marcador de manera transitoria. Lejos de buscar excusas en el rival, el entrenador fue implacable con su propia tropa al revelar el mensaje que transmitió en el vestuario: «Les hice saber a mis jugadores que fuimos nosotros mismos quienes nos complicamos la existencia». Esta frase, cargada de honestidad brutal, subrayó la frustración del técnico ante la facilidad con que su equipo entregó una ventaja que había costado construir. La autocrítica se extendió al complemento, donde, a pesar de haber conseguido el gol del triunfo, el conjunto careció de la serenidad y el reposo necesarios para administrar los tiempos del partido, dejando la sensación de que el resultado final pudo haber sido más abultado o, por el contrario, puesto en riesgo ante cualquier envión visitante.
No obstante, la conferencia adquirió un matiz particularmente resonante cuando el periodismo indagó en la composición del once inicial. La gran sorpresa de la velada fue la ausencia de Marcos Rojo en el quinteto defensivo titular, quien, tras ser titular en el duelo copero, observó el compromiso desde el banquillo de suplentes, cediendo su lugar al juvenil Gonzalo Escudero. Lejos de tratarse de una decisión puramente táctica o un castigo deportivo, Vojvoda destapó el verdadero trasfondo de esta determinación, que encontró su origen en un contratiempo logístico y una decisión de carácter humano. El técnico reveló que el defensor, recientemente convocado a la selección argentina para la final ante España en el Mundial de Clubes, recibió una invitación especial para presenciar dicho cotejo, un hecho que, según el entrenador, representa un motivo de orgullo inmenso para toda la institución y que no podía ser vetado.
«Marcos es un jugador de jerarquía mundial, que ha pisado los escenarios más importantes del planeta, y no me sentí con la autoridad moral para prohibirle que asista a un evento de tal magnitud», confesó Vojvoda, evidenciando un enfoque de gestión de grupos que prioriza el diálogo y la empatía por sobre la rigidez autoritaria. El entrenador explicó que, si bien no se trata de una sanción, el retraso en el regreso del futbolista, producto de la cancelación de su vuelo, generó una situación de desventaja competitiva con respecto a sus compañeros, quienes ya se encontraban plenamente preparados para el compromiso. «Fue una cuestión de lógica deportiva», aclaró el DT, «hubo muchachos que trabajaron toda la semana y que estaban listos para saltar al campo. Marcos comprendió a la perfección esta situación y la asimiló con una actitud ejemplar y profesional».
Lejos de generar un clima de tensión, Vojvoda aprovechó la coyuntura para blindar a su defensor y reforzar su figura dentro del vestuario. Describió a Rojo como un líder nato, un referente que irradia compromiso y que posee la capacidad de imponer su jerarquía en el terreno de juego, tal como quedó demostrado en su actuación frente a Defensa. No obstante, el mensaje del entrenador fue claro y contundente en cuanto a la dinámica grupal: el puesto no está garantizado por el nombre ni por el historial, sino por el rendimiento diario. «Existe una sana competencia interna en la zaga», sentenció Vojvoda, «y el encargado de custodiar el arco será aquel que atraviese un mejor momento físico y anímico. La exigencia está a la orden del día y eso es lo que eleva el nivel de todo el plantel». Con estas palabras, el técnico dejó establecido que, a pesar de los pergaminos, en el Nuevo Racing no hay lugar para los privilegios, sino para el mérito y el esfuerzo cotidiano.
