Boca recuperó su casa y la victoria en el último suspiro

Boca recuperó su casa y la victoria en el último suspiro

Con seis juveniles en el once inicial, el equipo de Arruabarrena sufrió ante Lanús pero encontró el gol del triunfo en el minuto final. La vuelta a la Bombonera fue agónica, celebrada por una multitud que no dejó de alentar.

La esperada reaparición del conjunto xeneize en su propio reducto, luego del exilio temporario en el escenario de Huracán, se convirtió en un motor anímico de peso para sus seguidores. El compromiso correspondiente a la séptima jornada del torneo, frente al conjunto granate, volvió a pintar un cuadro de capacidad desbordada en las gradas, con la ilusión puesta en cosechar el segundo éxito del certamen. Hasta ese momento, el equipo apenas había saboreado los tres puntos en una ocasión —ante Estudiantes— mientras que el resto de sus presentaciones se repartían entre empates (cinco) y una caída inicial frente a Deportivo Riestra.

La acumulación de compromisos en el calendario, sumada a la nómina de jugadores que transitan por el departamento médico, obligó al entrenador Arruabarrena a mover piezas en el tablero. La apuesta más notoria fue la inclusión del joven Facundo Herrera, quien por vez primera vestía la camiseta titular en la retaguardia central; a lo largo del desarrollo, el muchacho fue exhibiendo destellos técnicos que merecen ser subrayados. En el mediocampo, Rey Domenech ocupó el sitial que suele pertenecer a Paredes, y si bien no atesora aún la jerarquía del flamante campeón mundial, su proyección resulta prometedora y goza de la estima del cuerpo técnico. A estos nombres se les sumaron Gorosito, Di Lollo, Delgado y Flores, de manera que el once inicial contabilizó seis futbolistas surgidos de las divisiones inferiores.

Del otro lado, Lanús presentó una base de hombres con mayor rodaje, y esa experiencia les permitió tejer las redes del dominio durante largos pasajes del encuentro. De hecho, los visitantes dispusieron de las situaciones más claras para abrir el marcador en la etapa inicial; incluso, Peña Biafore estremeció el travesaño con un cabezazo que puso en riesgo la valla local. Boca, sin embargo, tampoco permaneció inerte: generó aproximaciones reiteradas, aunque sus remates solían estrellarse contra los cuerpos de la defensa adversaria o desviarse en el último instante. Velasco, moviéndose como reemplazo del lesionado Aranda, fue partícipe activo de esas ofensivas; el ex Independiente, a partir de esta coyuntura, dispondrá ahora de un rol trascendental en el esquema, y el devenir de los próximos partidos revelará si supo capitalizar la ventana que se le abrió.

El transcurso del segundo tiempo trajo consigo un giro en la dinámica. Los ingresos simultáneos de Villa, Paredes y Valencia inyectaron frescura y verticalidad al anfitrión, y su sola presencia empujó a Boca hacia el arco contrario con mayor insistencia. El arquero Losada debió exigirse en más de una ocasión para mantener el cero en su pórtico y sostener la igualdad que se le escapaba de las manos. Poco a poco, Paredes fue tomando las riendas de la zona central, distribuyendo el esférico con una precisión que desordenó las líneas granates; mientras, Villa y Valencia hilvanaban asociaciones en los últimos metros, buscando el quiebre que desnudara la paridad.

El cronómetro avanzaba implacable y el empate parecía sellado. Sin embargo, la emoción estalló en el último minuto de descuento, cuando Belmonte, tras recibir un pase de Ascacibar, definió por encima del guardameta para decretar el 1-0 definitivo. La vuelta al sagrado recinto tuvo un cierre de infarto, pero el festejo se desbordó en las tribunas, donde los hinchas celebraron como si se tratara de una final. La victoria, más que tres puntos, significó un respiro en medio de las urgencias y la confirmación de que, incluso en la adversidad, el corazón del equipo late con fuerza cuando su gente lo empuja desde cada rincón de la casa propia.

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