El Fortín fue víctima de una decisión arbitral controvertida en los minutos finales, cuando un gol legítimo de Manuel Lanzini fue anulado por una falta inexistente, tras la intervención del VAR. El 1-1 deja a ambos equipos con sensaciones opuestas: Riestra celebra el punto, Vélez lamenta lo que pudo ser una victoria clave.
En el corazón de Villa Soldati, el Deportivo Riestra y Vélez Sarsfield protagonizaron un encuentro que quedará marcado más por la controversia arbitral que por el fútbol desplegado. El marcador final reflejó un empate 1 a 1, pero el desarrollo del partido y, sobre todo, los episodios finales, dejaron un regusto amargo en el conjunto de Liniers, que vio esfumarse una victoria que ya tenía en el bolsillo por una decisión que generó inmediatas repercusiones.
El duelo, correspondiente a la fecha 12 de la Zona A, tuvo un primer tiempo de escasas emociones. Vélez dominó la posesión del esférico, pero adoleció de profundidad en los metros finales, mientras que Riestra, fiel a su estilo, apostó por el juego directo y las transiciones rápidas. Sin embargo, fue en el complemento donde el partido despertó. A los ocho minutos, el local rompió el cero gracias a un cabezazo de Tomás González, quien apareció desde atrás para conectar un centro enviado desde la izquierda por Bracamonte, adelantando a los de Villa Soldati.
La reacción de Vélez no se hizo esperar. El entrenador, apoyado en la dupla de los mellizos Barros Schelotto, movió el banco y dio ingreso al joven Thiago Aguirre, de apenas 17 años, quien en los veinte minutos finales formó una dupla ofensiva junto a Dylan Godoy, con el respaldo de Pellegrini y Lanzini desde los costados. El Fortín comenzó a asediar el arco rival con insistencia. A los 29 minutos, Godoy estuvo cerca del empate con un cabezazo que exigió la intervención de Arce, pero el arquero local respondió con solvencia.
Sin embargo, la insistencia tuvo su recompensa apenas sesenta segundos después. Un rechazo defectuoso de Paz dentro del área terminó en los pies de Matías Pellegrini, quien con un zurdazo violento impactó el balón, que tras dar en Miño, descolocó al guardameta y significó la igualdad. El partido se inclinaba ya del lado visitante, que había tomado el control absoluto del juego y buscaba con desesperación el gol que le diera los tres puntos.
Y ese gol pareció llegar. Corría el minuto 40 del segundo tiempo cuando Manuel Lanzini, con una definición de categoría, envió el balón al fondo de la red, desatando la euforia en el banco y en los reducidos pero ruidosos seguidores velezanos que se hicieron presentes en el estadio. El árbitro Nazareno Arasa, en primera instancia, convalidó la conquista. Pero la alegría duró apenas unos segundos. Desde la cabina del VAR en Ezeiza, el encargado Diego Ceballos llamó al juez principal para revisar una supuesta infracción previa. Tras largos minutos de incertidumbre, Arasa decidió anular el tanto, argumentando una falta de Dylan Godoy sobre Miño que las repeticiones televisivas demostraron como inexistente.
La decisión generó un vendaval de críticas. Ceballos, desde la tecnología, indujo a Arasa a modificar su fallo inicial, y el árbitro, lejos de mantener firmeza en su criterio, terminó cediendo ante la presión del monitor. Lo que debió ser un triunfo valioso para Vélez, que hubiera significado un salto anímico y clasificatorio de peso, se transformó en un empate que, aunque mantiene al equipo en lo más alto de la tabla, no deja de sentirse como una oportunidad desperdiciada por circunstancias ajenas al juego.
A pesar del golpe, el conjunto de Liniers no queda mal parado en la lucha por los primeros puestos. Comparte la cima de la Zona A con Instituto, ambos con trece unidades, y en la tabla anual se ubica a solo un punto de Independiente Rivadavia y Argentinos Juniors, aunque con un encuentro más disputado. Por su parte, Riestra suma ocho puntos y se posiciona noveno, a dos unidades de Boca Juniors, el último equipo que, por ahora, ingresaría a la zona de playoffs.
El empate, más que un resultado deportivo, dejó una sensación de injusticia que empañó el buen trabajo de un Vélez que supo reponerse a la desventaja inicial y que, con jóvenes y veteranos, mostró argumentos suficientes como para aspirar a más. La polémica, una vez más, pone en el centro del debate la utilización del VAR y la responsabilidad de quienes lo operan, en un fútbol argentino donde cada decisión puede cambiar el destino de un campeonato. El Fortín, ahora, deberá enfocarse en el próximo desafío: el miércoles, en Córdoba, frente a Boca por la Copa Argentina, con la espina clavada y el orgullo herido, pero con la certeza de que, más allá del resultado, su juego mereció otro desenlace.
