El capitán argentino cerró su ciclo en la Selección Mayor con números de otro planeta: máximo presenciador, goleador absoluto y único con dos Balones de Oro en Mundiales. Un repaso por sus 21 años de gloria, frustraciones y consagraciones.
Cuando el reloj marcaba el crepúsculo de una carrera que parecía no tener fin, Lionel Messi puso punto final a su travesía con la camiseta albiceleste. No fue un adiós cualquiera: fue la despedida del jugador que más veces vistió la casaca nacional, el que más goles celebró, el que más noches de desvelo regaló a una Argentina que lo vio crecer, caer y resucitar. Entre aquel 17 de agosto de 2005, cuando el mundo lo conoció en Budapest con una roja absurda a los 47 segundos de su ingreso, y el 19 de julio de 2026, en la final del mundo ante España en Nueva Jersey, se tejieron 207 presentaciones oficiales que lo convirtieron en el futbolista con mayor cantidad de presencias en la historia del combinado nacional, muy por delante de Javier Mascherano y Ángel Di María, sus escoltas más cercanos.
Esa cifra monumental se desglosa en un recorrido agotador por todos los escenarios posibles: 72 compromisos por las Eliminatorias Sudamericanas, 61 amistosos internacionales, 39 en el marco de la Copa América, 34 en citas mundialistas y una aparición estelar en la Finalissima intercontinental. Cada uno de esos encuentros sumó un ladrillo a la muralla de un legado que, además, se sostiene en los 125 tantos que perforaron arcos de todo el planeta. Esa cosecha lo ubica muy por encima de Gabriel Batistuta y Sergio Agüero, y entre esos goles, los 36 anotados en las Eliminatorias lo erigen como el máximo artillero histórico de esa competencia, un dominio que parece sacado de un videojuego.
Pero los números, por más abrumadores que sean, solo cuentan una parte de la historia. La otra está hecha de títulos y batallas épicas. Messi levantó seis copas con la Mayor: el Mundial de Qatar 2022, las Copas América de 2021 y 2025, y la Finalissima de 2022 ante Italia. A eso se suman el Mundial Sub 20 de Países Bajos 2005 y los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, que completan un palmarés que lo consagra como el máximo ganador de la era moderna. Sin embargo, su camino en los Mundiales fue una montaña rusa de emociones: 34 partidos distribuidos en seis ediciones, con 26 de ellos llevando la cinta de capitán. Es, con creces, el argentino con más presencias en la Copa del Mundo, superando a Diego Maradona y Mascherano, y en el plano global, dejó atrás al alemán Lothar Matthäus por nueve encuentros.
En esas citas máximas, Messi fue titular en 31 ocasiones, y solo en tres oportunidades ingresó desde el banco de suplentes. Su registro de 23 victorias —contando tiempos reglamentarios, alargues y definiciones por penales— contrasta con las seis derrotas que sufrió, entre ellas las dolorosas caídas ante Alemania en 2010 y 2014, la sorpresa ante Arabia Saudita en 2022, y el mazazo final contra España en la última final. Pero su capacidad de resiliencia se refleja en los 21 goles mundialistas, una cifra que lo dejó a solo uno del francés Kylian Mbappé, aunque con un detalle no menor: ninguno de los tantos de Messi fue de penal en tiempo reglamentario, salvo los que ejecutó en las tandas decisivas contra Países Bajos y Francia.
Precisamente, desde los doce pasos, su efectividad fue un arma de doble filo: convirtió 4 de los 9 penales que pateó en partidos oficiales, y en las definiciones por tiros desde el punto penal, su frialdad fue total ante Países Bajos en 2014 y ante Francia en 2022. Pero los matices de su juego van mucho más allá de las estadísticas: 12 de sus gritos fueron de tiro libre, con el primero registrado ante Paraguay en 2012, y sus víctimas se reparten entre 41 seleccionados de todos los continentes. Bolivia y Ecuador padecieron su puntería en ocho ocasiones cada uno, mientras que Uruguay, Brasil y Chile también sufrieron en carne propia su genialidad.
La dimensión de su figura también se mide en los 3054 minutos que acumuló sobre el césped en los Mundiales, una cifra que supera ampliamente al italiano Paolo Maldini, y en los dos Balones de Oro que obtuvo como mejor jugador del torneo, en 2014 y 2022, un hito que nadie había logrado antes. Pero detrás de cada récord hay un hombre que soportó la presión de ser capitán en 133 ocasiones, desde aquel debut en el rol ante Grecia en Sudáfrica 2010, designado por Diego Maradona, hasta su última batalla. Y a lo largo de 21 años, nueve entrenadores desfilaron por el banco argentino, desde José Pekerman hasta Lionel Scaloni, con quien encontró la estabilidad y el éxito que tanto había buscado. Scaloni lo dirigió en 76 partidos, más que ningún otro, y fue el artífice de la consagración en Qatar y la posterior revalidación americana.
En suelo argentino, Messi jugó 53 veces, con 38 goles, y el Monumental se convirtió en su fortín: 28 presentaciones, 21 triunfos y 7 empates, sin conocer la derrota, y 19 tantos que hicieron rugir a una hinchada que lo despidió con lágrimas y aplausos. Su legado, sin embargo, no se agota en los números: es la historia de un genio que aprendió a sufrir, a liderar y a convertir cada obstáculo en combustible. Porque Messi no solo jugó 207 partidos; los vivió, los sintió y los transformó en la epopeya más grande que el fútbol argentino haya conocido. Y aunque el último silbato haya sonado, su eco seguirá retumbando en cada rincón del planeta donde se juegue al fútbol.
