Un proyecto cordobés liderado por el investigador del CONICET Rodrigo Nores fue distinguido por la prestigiosa fundación británica Wellcome Trust, lo que permitirá erigir una sala limpia única en el país para el estudio del ADN antiguo y el resguardo de muestras patrimoniales, en una apuesta por la soberanía científica y el diálogo con las comunidades originarias.
La ciencia argentina acaba de recibir una noticia de enorme trascendencia. Una iniciativa encabezada por el investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Rodrigo Nores fue seleccionada por la Wellcome Trust, una de las entidades filantrópicas dedicadas a la investigación biomédica y la salud global de mayor envergadura en el mundo. El reconocimiento otorgado en el marco del prestigioso programa Genomics in Context Award no solo representa un espaldarazo internacional a la labor científica local, sino que habilitará la construcción de un espacio de alta complejidad sin precedentes para el sistema científico argentino: la primera sala limpia exclusiva para estudios paleogenómicos del país, dotada de tecnología de vanguardia para el análisis de ADN antiguo y para el procesamiento y la preservación de muestras patrimoniales.
La propuesta argentina fue una de las doce iniciativas seleccionadas a nivel global, un mérito que adquiere especial relevancia si se considera que el programa de la fundación británica beneficia a proyectos colaborativos capaces de articular con actores sociales clave. En este caso, el equipo de investigación dirigido por Nores, quien se desempeña como investigador del CONICET en el Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC) y como docente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, estuvo integrado por Darío Ramírez, Nicolás Pastor, Mariana Fabra y Gisela Sario. Para alcanzar esta meta, el grupo recibió el respaldo institucional de la Agencia Córdoba Cultura de la Provincia de Córdoba.
El proyecto aprobado por la Fundación Wellcome Trust persigue un objetivo ambicioso: reconstruir la historia evolutiva y las dinámicas demográficas de los Comechingón, Sanavirón y Ranquel, poblaciones originarias prehispánicas de la región central del territorio argentino. El plan de trabajo, lejos de ser una empresa puramente académica, consolida el vínculo que el equipo científico mantiene desde hace años con las comunidades indígenas, un aspecto que sus responsables consideran indispensable. En palabras de Nores, “trabajar de manera conjunta implica enriquecer el marco en el que hacemos investigación”, y añadió que “entendemos que los cuerpos que estudiamos tienen un valor simbólico e identitario muy importante y sentarnos a dialogar con las comunidades indígenas nos permite integrar esa perspectiva de respeto en nuestro trabajo”.
La investigación está orientada a estudiar la salud en el pasado mediante la reconstrucción de genomas antiguos de patógenos, es decir, de virus y bacterias causantes de enfermedades. Este enfoque permitirá obtener información valiosa sobre la relación histórica entre la salud humana y los factores ambientales. De este modo, los investigadores buscarán comprender qué elementos influyeron en las condiciones de vida de las poblaciones pretéritas e inferir las relaciones entre la aparición de agentes infecciosos y la transición en las estrategias de subsistencia, desde los grupos cazadores-recolectores hasta las sociedades agrícolas tempranas. “Buscamos comprender de manera integral nuestra compleja historia poblacional y las dinámicas de salud y enfermedad en el pasado”, explicó Nores.
En este contexto, la construcción de un laboratorio específico se vuelve una pieza clave para el desarrollo de la investigación. El proyecto involucra más de setenta fragmentos óseos y piezas dentales pertenecientes a cincuenta ancestros, procedentes de más de treinta sitios arqueológicos. La magnitud del material a analizar y la necesidad de garantizar su adecuado resguardo hacen que la existencia de una sala limpia local resulte impostergable.
El equipo interdisciplinario reúne a especialistas de la bioantropología, la arqueología, la genética y la paleogenómica, todos ellos formados en universidades nacionales y vinculados al CONICET. Entre los aportes más destacados de su trayectoria se encuentran el hallazgo de un linaje genético propio del centro de Argentina con 8.500 años de antigüedad, la identificación de las primeras evidencias prehispánicas de lepra en América y la contribución de datos clave para conocer el origen y la expansión de la sífilis en el continente y en el resto del mundo.
Sin embargo, estas investigaciones requirieron hasta ahora de colaboraciones internacionales para el análisis de las muestras y el secuenciamiento genómico, dado que se necesita contar con infraestructura y tecnología que hoy no están disponibles en el país. En consecuencia, gran parte del procesamiento y análisis de ADN antiguo proveniente de hallazgos arqueológicos regionales se realiza actualmente mediante alianzas o derivaciones a laboratorios del exterior.
Nores fue categórico al respecto: “Nuestras investigaciones han avanzado muchísimo gracias a colaboraciones internacionales sumamente valiosas que nos permitieron insertarnos en la vanguardia científica. Ahora bien, contar con un laboratorio propio nos permitirá transitar de un modelo dependiente de datos generados en el exterior —a menudo influenciado por prioridades de investigación internacionales— hacia un marco transdisciplinario y centrado en la comunidad”. Y agregó: “En términos prácticos, esto es dar un paso real hacia la soberanía científica: significa tener la capacidad de liderar nuestra propia agenda y completar todo el ciclo de la investigación paleogenómica íntegramente en Argentina”.
El científico cordobés planteó además que, más allá de sus investigaciones, “la apuesta a mediano plazo es que esta infraestructura se consolide como un laboratorio de referencia y un nodo tecnológico estratégico para toda la región”. En esa dirección, expresó su deseo de “impulsar proyectos colaborativos con equipos arqueológicos de Argentina y Sudamérica, brindándoles el respaldo de una sala de excelencia para procesar muestras arqueológicas de manera conjunta y a nivel local, sin tener que recurrir a laboratorios de Europa o Norteamérica”.
El financiamiento obtenido gracias al reconocimiento de Wellcome Trust permitirá, así, no solo ampliar las fronteras del conocimiento sobre el pasado prehispánico y las dinámicas de salud y enfermedad de las poblaciones originarias, sino también sentar las bases de una infraestructura científica soberana, capaz de liderar su propia agenda de investigación y de convertirse en un faro tecnológico para toda la región.
