La entidad que preside Santiago Bausili registró un quebranto de 348 millones de dólares al 30 de septiembre por sus inversiones en el metal precioso, tras haber perdido alrededor de mil millones el año anterior con apuestas a la baja del dólar. Especialistas cuestionan la opacidad de las operaciones y el cambio de paradigma en la administración de las reservas internacionales.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) vuelve a estar en el centro de la tormenta financiera. Según surge del análisis de sus estados contables con fecha al 30 de septiembre pasado, la entidad acumula una pérdida de 348 millones de dólares como consecuencia de sus inversiones en oro. Este resultado se suma a otro revés de magnitudes mucho mayores: durante el año anterior, la autoridad monetaria había perdido cerca de mil millones de dólares al apostar a la caída de la divisa estadounidense.
Las decisiones de inversión recaen directamente sobre el presidente de la institución, Santiago Bausili, y son ejecutadas por el subgerente de operaciones y jefe de la mesa de dinero, Esteban Klein. De acuerdo con la información contable difundida, durante 2025 el BCRA instrumentó una estrategia financiera que combinaba la venta de opciones de compra (call) con la adquisición de opciones de venta (put), con la expectativa de que el precio del oro descendiera. Esa apuesta derivó en un quebranto de entre 875 y 1023 millones de dólares, equivalente a la mejora de precio que experimentó el metal y que la entidad no pudo capturar.
La paradoja resulta llamativa: en 2025, cuando el oro protagonizó una fuerte suba, el Banco Central optó por protegerse de una eventual caída y terminó resignando la oportunidad de obtener unos mil millones de dólares en ganancias. En cambio, en 2026, con el metal acumulando un descenso del 4,4% hasta el 30 de septiembre, la entidad no mantuvo aquella estrategia de cobertura, lo que se tradujo en una nueva pérdida. Así lo reflejan los estados contables, elaborados sobre la base de la escasa y poco transparente información que brinda la institución, lo que obliga a realizar estimaciones sobre las operaciones financieras destinadas a especular con el precio del dólar.
El economista Jorge Carrera, quien fuera vicepresidente del BCRA, explicó a través de la red social X el cambio de paradigma que atravesaron los bancos centrales en la administración de sus reservas internacionales tras la crisis financiera de 2008. A partir de entonces, las entidades dejaron de replicar las estrategias financieras de aquellas instituciones que regulan y que eventualmente deben rescatar. Dicho de otro modo, abandonaron la búsqueda de rentabilidad para concentrarse en garantizar la liquidez. «En todos los casos las recomendaciones de buenas prácticas a los bancos centrales insisten en la transparencia en las políticas de inversión con lineamientos públicos aprobados por el controlante (el Congreso) y con procesos donde haya opinión técnica macroeconómica, financiera y jurídica interna», señaló el especialista.
El antecedente inmediato resulta elocuente. Durante el año pasado, según reveló un informe de la Auditoría General de la Nación, el BCRA perdió con opciones de oro —conocidas en el mercado como Zero Cost Collar— poco más de mil millones de dólares. Se trata de un instrumento que consiste en la compra de una opción de venta asociada a la venta de una opción de compra, sin costo porque ambas se compensan, pero que se activan cuando el precio de mercado supera el piso o el techo del precio de ejecución, denominado strike.
La defensa ensayada por el Banco Central sostiene que la intención era protegerse de una caída del precio del oro y que, por esa razón, se resignó a capturar un tercio de la suba que registró el metal. Sin embargo, la entidad no reveló las operaciones que pactó, ni quiénes fueron las contrapartes, ni si mantuvo la misma estrategia durante el corriente año. Una de las sospechas que sobrevuelan el caso es que se trató de varias operaciones destinadas a generar un quebranto de mil millones de dólares. Otra de las dudas apunta a quién o quiénes actuaron como contraparte de esos contratos, si fueron operaciones a pantalla ciega o cómo se los seleccionó, y si fue siempre la misma contraparte la que le ganó las apuestas al BCRA. Según se desprende de los estados contables y de la información pública, la entidad nunca modificó su tenencia de oro, aunque se desconoce qué proporción se encuentra en el país y cuánta en el exterior, sobre la cual se pactaron estas operaciones, ya que es la única que se acepta en garantía.
En función de la misma tenencia, en 2024 el oro se valorizó 1.110 millones de dólares desde los 4.024 millones que cotizaban al inicio de la administración de Javier Milei en diciembre de 2023. En 2025, en tanto, su valor se incrementó en 3.380 millones hasta alcanzar un total de 8.586 millones de dólares. Al 30 de septiembre, las tenencias de oro del BCRA habían caído en 348 millones de dólares. Durante 2024, la entidad había ganado un 27,1% por valuación; sin embargo, no instrumentó opciones Zero Cost Collar, aun cuando la volatilidad fue mucho mayor que en 2025. El año pasado, ante un incremento del precio del oro del 64,9%, el Banco Central consideró necesario proteger el capital frente a un riesgo de caída. El metal subió hasta mediados de abril con escasa volatilidad, luego se mantuvo en una meseta hasta agosto y protagonizó una suba vertiginosa hasta mediados de octubre. Entre octubre y diciembre mantuvo la tendencia alcista, aunque con una volatilidad considerable que debería haber disminuido las pérdidas previas. No obstante, la entidad sigue sin explicar cómo pagó más de mil millones de dólares para defender un activo que al inicio del año tenía una valoración de 5.200 millones.
El episodio reaviva los cuestionamientos sobre la transparencia en el manejo de las reservas internacionales y sobre la pertinencia de que un banco central asuma riesgos propios de un inversor especulativo. Mientras el oro sigue oscilando en los mercados internacionales, las pérdidas acumuladas por el BCRA en sus apuestas financieras continúan sumando capítulos a una historia que, lejos de aclararse, parece profundizar sus sombras.
