Milei culminó su gira europea sumido en un aislamiento que sorprendió incluso a sus aliados ideológicos

Milei culminó su gira europea sumido en un aislamiento que sorprendió incluso a sus aliados ideológicos

El mandatario argentino atravesó su visita por España sin lograr encuentros con referentes de la realeza ni con el líder de Vox, Santiago Abascal, y con una exposición pública marcada por la ausencia de patrocinios empresariales y por sus habituales ataques a la prensa.

La reciente travesía del presidente argentino Javier Milei por territorio español dejó una estampa que los observadores locales no tardaron en calificar como de profunda soledad. Ni la Casa Real ni el máximo referente nacional de Vox, Santiago Abascal, mostraron disposición a recibirlo, lo que configuró un escenario llamativo para un mandatario que suele presentarse como adalid de la derecha radical a escala global. El corresponsal del diario Página|12 en España, Héctor Barbotta, resumió esa sensación en diálogo con Radio 750 al señalar que el economista lució una «indisimulable soledad» durante su estadía por el Viejo Continente.

El único contacto relevante que consiguió concretar fue una breve reunión con Isabel Díaz Ayuso, presidenta del Partido Popular y de la Comunidad de Madrid, encuentro que no alcanzó para disipar la impresión de un paso sin mayor trascendencia ni reconocimiento. La agenda del mandatario argentino, signada por la premura de los compromisos y por la proximidad de los comicios españoles previstos para el 29 de noviembre, quedó así reducida a una mínima expresión protocolar.

Barbotta aportó una interpretación política para la negativa de Abascal a mostrarse junto a Milei. Según el periodista, la extrema derecha española se percibe a las puertas de integrar un gobierno y su candidato presidencial consideró imprudente exponerse en una fotografía con el argentino en un contexto electoral tan ajustado, donde cada gesto cuenta y los errores se pagan caros. Esa cautela revela hasta qué punto la figura del visitante se ha convertido en un lastre incluso para quienes comparten su prédica.

A ese cuadro de incomodidad se sumó otro episodio que generó ruido en la opinión pública española. El presidente argentino aprovechó su estadía para dar rienda suelta a una costumbre que lo caracteriza: la descalificación personal de periodistas. El corresponsal de Página|12 subrayó que en España ese tipo de conductas resulta absolutamente infrecuente y que un político de cualquier signo que ataque de manera individual a un profesional de la comunicación provoca escándalo y llama poderosamente la atención.

Pero hubo otra señal, acaso más elocuente, del aislamiento que rodeó al economista especializado en crecimiento con o sin dinero. La visita fue organizada por Nueva Economía, una firma dedicada a coordinar foros de debate sobre políticas económicas con figuras públicas, financiados por distintas compañías, en especial del sector de la medicina privada y de las energías renovables. En esta ocasión, el evento se llevó a cabo en el Real Casino Gran Círculo de Madrid y la invitación recayó sobre Milei.

El detalle revelador surgió al comparar la escenografía de su disertación con la de otras conferencias similares. Según relató Barbotta, el atril que ocupó el mandatario argentino permaneció completamente en blanco: ninguna de las empresas que habitualmente patrocinan estos encuentros accedió a que sus logotipos aparecieran ni en el podio ni en el fondo destinado a los expositores. Esa ausencia de marcas comerciales constituye un indicio elocuente del recelo que su figura despierta entre los potenciales auspiciantes.

El periodista añadió que el comentario más extendido entre la prensa española apunta a que la propia derecha local prefiere tomar distancia del presidente argentino y que su presencia generó una evidente incomodidad entre sus aliados europeos. La trayectoria de Milei en el imaginario político español experimentó, además, un giro notable: si en un primer momento despertaba cierta simpatía entre sectores conservadores porque enunciaba aquello que muchos no se animaban a decir, con el correr del tiempo habría traspasado todos los límites tolerables, al punto de transformarse en una compañía incómoda para quienes antes lo miraban con beneplácito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *