No piensan en el bienestar de sus hijos, sino en el propio. Usan la culpa y el castigo como armas. Para las personas narcisistas, la culpa siempre la tiene el otro.

“Tengo una madre narcisista con rasgos psicopáticos, tiene 83 años, yo me tengo que hacer cargo. el contacto cero es imposible. Muy doloroso.” Relato en redes sociales de una hija que sufre y mucho por una madre que es lo que le tocó y no la que quisiera.
Definamos primero cómo es una madre o un padre narcisista.
Una madre /padre narcisista:
*No cambia su esencia
*No piensa en tu bienestar, piensa en el propio.
*La falta de empatía es más grande que el amor que siente por vos.
*No reconoce errores. *La culpa siempre es del otro
Te va a manipular para lograr lo que quiera sin importar el costo emocional que eso tenga en vos.
No va a dudar en ponerse siempre en primer lugar.
Va a usar métodos de manipulación como gaslighting (deteriorar tu juicio crítico hasta hacerte dudar de lo indudable) y sentimiento de culpa para lograr sus objetivos.
Va a disculparse repetidas veces prometiendo cambios que nunca llegarán. Incluso va a apelar a las lágrimas de ser necesario para aumentar la culpa en vos.
Quiero aclarar aquí que hay grados en este trastorno. Seguramente te estarás preguntando ¿Cómo llegan una persona a transformarse en narcisista?
Preciso que un NARCISISTA no nace, un narcisista SE HACE. Se hace por el empoderamiento en la crianza que lo ubica en un lugar de inimputabilidad, con la convicción de que su ombligo es lo único en este universo. O, quizás, todo lo contrario: padres abandónicos y desvalorizantes que llevan a un intento de compensación fallida del desamor.
Hay muchas otras maneras de llegar al trastorno narcisista. En ninguno de los casos justifica complicarle la vida a nadie. Empezando por los propios hijos, aquí comienza el desafío: sobrevivir con el amor propio lo más intacto posible y construir los vínculos más saludables a pesar del derrotero de una familia con estas características.
Digo por primera vez en esta nota que NO SOS CULPABLE de la historia que te tocó y toca aún vivir, SOS RESPONSABLE de lo que hacéis con ella.
Los trastornos narcisistas no modifican su estructura. Puede ser tu pareja, puede ser tu jefe, tu hermana, tu madre o tu padre. Cuanto más cercano el vínculo, más difícil la desvinculación. Así funciona.
Culpa y castigo, las armas de los narcisistas
Los padres narcisistas trabajan con una dupla que es muy compleja de rebatir: culpa y castigo.
El circuito en estos casos suele ser:
1- reclamo del padre/madre (fase manipulatoria)
2- Enojo y malestar del hijo/a (fase preculposa)
3- Intento de reconciliación (fase culposa)
4- Cumplimiento del deseo/pedido materno paterno en desmedro del propio.
El hijo acumula derrotas en su ego. Los padres acumulan trofeos, producto de la dignidad deteriorada de sus hijos.
En algún momento es tiempo de cambiar la dirección de las secuencias.
La imposibilidad de ver más allá de su necesidad hace que cualquier intento de “rebelión” en donde quieras poner límites o tomar distancia para seguir tu deseo, será intervenido desde manejos que generan un sentimiento fuerte de culpabilidad.
Los narcisistas saben jugar muy bien con el sentimiento de culpa.
“¿Cómo me hacés esto, a mí que soy tu padre/madre que te dió la vida?”
El sentimiento de culpa se instala generando un fuerte malestar que a veces se traduce en reparar o modificar la acción que genera el hecho, aun contra la propia voluntad, y ese es el castigo. Y eso da lugar a la postergación de las propias ilusiones, sueños, anhelos, metas.
“Iba a irme un fin de semana con unos amigos, pero mi mamá me pidió que me quede en la casa para supervisar una reforma que ella le había encarado al albañil. Me perdí del viaje, la culpa me ganó.”
El castigo es ese, dejar de hacer lo que tenía ganas para ser amado por esta madre a la que nada le alcanza. Quiero aclarar que cuando un niño/a percibe que no es suficiente para sus adultos primordiales el riesgo es no sobrevivir, se pone en juego un mecanismo muy primitivo, si no es suficiente puede no cuidarlo, y si no lo cuidan muere. Se juega algo desde lo instintivo, primitivo. Pelear para ser querido y sobrevivir. Mecanismo que incluso continúa operando ya en adulto.
Ese niño o niña en su vida adulta elegirá vínculos quizás parecidos para intentar reparar lo vivido. Por eso, si la herida no sana, se repite una y otra vez.
“Me estás llevando a la tumba con esa que elegiste para casarte”, sentenciaba una madre narcisista a un hijo que había elegido una novia judía en una familia muy católica.
La imposibilidad de ver al otro más allá del propio deseo, interés o creencia es uno de los rasgos de los trastornos narcisistas.
Vuelvo a decir, hay grados, como en los terremotos la escala Richter, en los trastornos narcisistas hay niveles de complejidad. Y las consecuencias en las psiquis de los hijos son proporcionales a la magnitud del trastorno en los padres.
¿Qué hacer con una madre/un padre narcisista?
*Terapia, para trabajar la culpa que provoca le decisión de poner límites y tomar distancia.
*Entender que no va a cambiar, el trastorno narcisista es irreversible y la terapia no es efectiva en ellos porque no hay empatía y conciencia de problema.
*Encontrar (terapia mediante) la manera de poner límites efectivos porque el circuito de comunicación en estos vínculos es sumamente tóxico y lastimoso para quien espera cambios que no van a llegar.
*Hacer el duelo por la madre o padre que quisimos tener y no tuvimos. Y esa es la parte más dolorosa, el duelo permite la aceptación de la realidad. No hacerlo nos ubica en el lugar de un imposible transformándonos en Quijotes de la vida en la búsqueda del amor que no tuvimos ni tendremos jamás de ellos.
*Entender que no hay nada malo en vos, la imposibilidad está en el otro lado.
*Poner límites es fundamental y hasta vital diría yo.
Les traigo a colación una frase de José Eduardo Abadi: “No es que vos seas invisible, el problema es que el otro es ciego”.
Y ese es el principal derrotero, la aceptación con un diagnóstico certero, aunque doloroso de la realidad.
Dice Hugo Finkelstein en su poema del NO:
“No. No es no, y hay una sola manera de decirlo. No. Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos. No, se dice de una sola manera. Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. No. Se dice una sola vez, no. Con la misma entonación, no. Como un disco rayado, no. No, es el último acto de dignidad. Ese no, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro. Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.”
Así debe ser el NO para un padre/madre narcisista, y para esto hay que saber y tenerlo bien claro:
Vos NO SOS CULPABLE de la historia que te tocó vivir, SOS RESPONSABLE de lo que hacés con ella
Este tipo de padres lesionan seriamente tu amor propio, haciendo sentir que la responsabilidad está siempre afuera y que no eres suficiente para lograr el buen amor. No es así.
La insuficiencia y la herida no sanada está del otro lado, no sos culpable.
Por lo tanto si tenés que elegir entre ellos o vos, ELEGITE. “Perdón mamá, si tengo que elegir entre tu vida y la mía, elijo cuidarme”, decía llorando desde su internación un hijo angustiado, infartado por el sufrimiento silencioso de muchos años. Era la respuesta a su madre que lo interpelaba preguntándole quien iba a hacerse cargo de ella si él se enfermaba. «No sé mamá, yo no», pudo decirle al fin.
¿Difícil no? muy difícil, pero no imposible. Se llama límite. Se llama amor propio. Se llama “no tengo la culpa de lo que él/ella no puede”. Se llama elegir finalmente el camino de la libertad. Aunque cueste el límite y la distancia.
Y en muchos casos, como el de la madre de 83 años, que traje al inicio, quizás el límite sea gradual porque a veces no es posible el contacto cero.
Entonces se tratará de gestionar la logística para el cuidado de esta madre, visitarla lo que sea posible preservando la salud mental de la hija, más allá del deseo y la manipulación de la madre.
En la distancia entre lo ideal y lo posible se encuentra la medida del sufrimiento humano.
Y cada vez estoy más convencida en lo personal y profesional que la vida es un rato, y no lo digo desde la melancolía sino desde la convicción de que no hay tiempo que perder.
Es ahora el momento de decidir empezar a poner las cosas en su lugar. En la familia que tenés “la suerte es loca lo que toca, toca”. Pero ahora elegís vos. Y vos podés.
Conclusión
«En este momento, mientras reflexionas sobre tu experiencia, recuerda que has sobrevivido a una situación extremadamente difícil. Llegaste hasta aquí con las herramientas que tuviste y como pudiste. La influencia del narcisismo puede ser devastadora, pero encontraste la fuerza para seguir adelante. Hoy, es hora de reclamar tu libertad emocional. Permítete sentir el dolor y la rabia, pero no te quedes ahí. Es hora de establecer límites claros y firmes, incluso si eso significa tomar distancia de aquellos que te han lastimado, incluyendo a tus propios padres. Recuerda que no estás obligado a tolerar el abuso o la manipulación emocional, sin importar quién sea el responsable. Tienes derecho a protegerte y a cuidar de ti mismo.
Y si mientras lees este artículo, te das cuenta de que todavía no has superado el impacto del narcisismo en tu vida, no te desanimes. Déjame decirte que ya diste el primer paso. Reconocer que estás en un proceso de sanación y que es normal que te tome tiempo. No te culpes por no haberlo superado antes, más bien comprométete a seguir adelante, a buscar ayuda y apoyo cuando lo necesites, además de priorizar tu propio bienestar. Vos también podés encontrar la libertad emocional y vivir una vida plena y auténtica. ¡No te rindas! Levántate, grita tu verdad, y reclama tu derecho a vivir la vida que deseas, no la de otros.
¡Sé que lo lograrás!!!
