Identifican al gendarme que hirió de gravedad al fotógrafo Pablo Grillo en medio de un operativo represivo descontrolado

Identifican al gendarme que hirió de gravedad al fotógrafo Pablo Grillo en medio de un operativo represivo descontrolado

El Colectivo Mapa de la Policía reveló la identidad del cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA) responsable del disparo de gas lacrimógeno que dejó al periodista en estado crítico. Las pruebas visuales y testimonios confirman un accionar violento y desmedido, con disparos horizontales prohibidos por protocolo, bajo la supervisión directa de las máximas autoridades de seguridad.

Identifican al autor del disparo que dejó al fotógrafo Pablo Grillo en estado crítico

El Colectivo Mapa de la Policía confirmó este lunes que el cabo primero Guerrero, con legajo 103.208 de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA), fue el efectivo que accionó el arma lanzagases cuyo proyectil impactó gravemente al fotógrafo Pablo Grillo durante una manifestación. Guerrero forma parte de la Sección de Empleo Inmediato (SEI) de la GNA, unidad especializada en intervenir en protestas y portar armas no letales, como las pistolas de gases lacrimógenos.

Según los protocolos vigentes, estas armas solo deben ser manejadas por personal con experiencia, como los cabos primeros, quienes suelen tener alrededor de una década de servicio. Sin embargo, en esta ocasión, el uso indebido de estas herramientas derivó en un episodio de violencia extrema. Las imágenes captadas durante el operativo muestran a Guerrero y otros efectivos disparando de manera horizontal, una práctica expresamente prohibida por su alto riesgo de letalidad.

Un operativo bajo órdenes superiores

El accionar de los efectivos no fue aislado ni improvisado. Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, supervisó en tiempo real todo el operativo desde el Comando Unificado, instalado en la sede del Ministerio de Seguridad. Bajo su dirección, se implementó una estrategia de «fuego a discreción», que resultó en un nivel de violencia inusitado, incluso con un policía herido por el disparo de un colega.

Las filmaciones y fotografías obtenidas por diversos medios, incluidos drones de los canales A24 y TN, permitieron identificar al cabo Guerrero como el autor del disparo. Su uniforme, de un tono verde más claro o caqui, lo diferenciaba del resto de los efectivos, lo que facilitó su reconocimiento. Además, los informes de los peritos Willy Pregiasco y Martín Onetto detallan que el disparo ocurrió a las 17:18:05, con una trayectoria ligeramente inclinada hacia abajo, sin impactar en ningún objeto intermedio.

La responsabilidad de las autoridades

La Comisión Provincial de la Memoria amplió la denuncia penal con un documento de 46 páginas, en el que se señala a «GNA 1» (identificado como Guerrero) como el tirador más probable, acompañado por otro efectivo, «GNA 2». El informe, respaldado por figuras como Adolfo Pérez Esquivel, Dora Barrancos y Roberto Cipriano García, incluye imágenes que confirman la presencia del jefe de la Gendarmería, Claudio Brilloni, en el lugar de los hechos. Su presencia avala la teoría de que los disparos horizontales se realizaron con el respaldo de las máximas autoridades de la fuerza.

Un patrón de violencia sistemática

Lo más alarmante del material audiovisual es que Guerrero no fue el único efectivo que disparó de manera horizontal. Otros gendarmes y policías federales también accionaron sus armas en esa dirección, violando los protocolos que exigen disparar hacia arriba para evitar impactos directos. Un jefe de la Gendarmería consultado por este medio explicó que, para disuadir a manifestantes a 100 metros de distancia, es necesario disparar hacia arriba, creando una parábola que reduzca el riesgo de lesiones graves. Sin embargo, en este caso, los disparos directos evidenciaron una intencionalidad letal.

La cultura de la violencia en las fuerzas

El operativo también puso en evidencia una cultura de violencia dentro de los cuerpos de infantería de la Gendarmería y la Policía Federal. Estos efectivos, conocidos como «los brutos» o «las bestias» por sus compañeros, suelen ser admiradores de figuras como el exdictador Jorge Rafael Videla y protagonistas de episodios de represión desmedida. En gobiernos anteriores, un accionar como el de Guerrero habría resultado en un sumario interno y un posible traslado a una provincia lejana. Sin embargo, bajo la actual administración, estos comportamientos son incentivados y respaldados.

El consumo de sustancias y el descontrol

Otro factor que agrava la situación es el consumo de estupefacientes y anabólicos entre los efectivos de infantería. Aunque los jefes lo niegan o lo minimizan, es un secreto a voces que muchos de estos agentes están bajo la influencia de sustancias durante los operativos. Este contexto de descontrol, sumado a la falta de supervisión adecuada, explica la violencia extrema desplegada en la manifestación.

Pruebas contundentes y responsabilidades pendientes

El Colectivo Mapa de la Policía, con el apoyo de organizaciones como el CELS, la Correpi y la Revista Crisis, utilizó secuencias de tres canales de noticias y tomas de drones para reconstruir los hechos. Las imágenes muestran el momento exacto del disparo, con el humo saliendo del arma de Guerrero. Aunque las pistolas lanzagases no dejan estrías que permitan identificar el arma específica, las pruebas fotográficas y las pericias son determinantes para establecer responsabilidades.

La responsabilidad final recae en el director de la Gendarmería, Claudio Brilloni, y en la ministra Patricia Bullrich, quienes avalaron y supervisaron el operativo. También estaba presente el comisario inspector Gerardo Perillo de la Policía Federal, conocido por su participación en la represión de movilizaciones. Todos ellos deberían ser imputados por tentativa de homicidio, dado el carácter letal de los disparos directos.

Un operativo que terminó en caos

El descontrol del operativo fue tal que incluso un efectivo de la Policía de la Ciudad, Elías Montenegro, resultó herido por el disparo de un compañero. Montenegro, de 34 años, fue trasladado al Hospital Argerich con esquirlas de goma en el brazo, producto de un proyectil disparado por otro policía. Este episodio refleja el nivel de violencia y descoordinación que caracterizó la intervención.

En definitiva, lo ocurrido no fue un hecho aislado, sino el resultado de una política represiva que fomenta el uso desmedido de la fuerza, con consecuencias devastadoras para la sociedad y para los propios efectivos.

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