Estabilidad de precios en alimentos: ¿tregua inflacionaria o reflejo de una crisis de consumo?

Estabilidad de precios en alimentos: ¿tregua inflacionaria o reflejo de una crisis de consumo?

Mientras el Gobierno celebra la contención en los precios de alimentos y bebidas, los datos revelan una preocupante contracción en las ventas, marcando el quinto mes consecutivo de caída. Expertos advierten sobre el impacto del deterioro del poder adquisitivo y cambios en los hábitos de compra.

El Ejecutivo nacional destacó con optimismo la escasa variación en los precios de los productos esenciales durante las últimas semanas, un fenómeno que contrasta con las proyecciones iniciales tras la eliminación del cepo cambiario. Sin embargo, detrás de esta aparente calma en los estantes, se esconde un panorama económico alarmante: el desplome sostenido del consumo, que ya acumula cinco meses de retrocesos interanuales.

Según el relevamiento de la consultora LCG, los alimentos apenas registraron un incremento del 0,1% en mayo, mientras que las bebidas tuvieron ajustes compensados por la baja estacional en verduras. Más sorprendente aún fue el comportamiento a principios de junio, cuando la variación fue nula (0,0%), un dato que la firma calificó como «el inicio de mes con menor dinamismo en los últimos doce meses».

La otra cara de la moneda
La estabilidad de precios, lejos de ser una señal de recuperación, refleja el ahogo financiero de los hogares. La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) confirmó que las ventas en supermercados y almacenes cayeron un 7,6% interanual en mayo, el peor desempeño desde septiembre de 2024. Este rubro fue el principal responsable del retroceso general del 2,9% en el comercio minorista, arrastrando incluso el repunte en sectores como perfumería.

La situación es aún más crítica al analizar la tendencia intermensual: las compras de alimentos y bebidas disminuyeron un 0,9% respecto a abril, consolidando una racha negativa que ya supera el medio año. «No se trata de un efecto estadístico; hay una contracción real del consumo», explicó Salvador Femenía, portavoz de CAME, quien atribuyó el fenómeno a la incertidumbre macroeconómica, los costos crecientes de los servicios y la presión fiscal.

Cambios estructurales en el consumo
Los analistas coinciden en un patrón inédito: la desaparición del «stockeo», práctica habitual en contextos inflacionarios. «Los clientes adquieren solo lo indispensable, sin margen para acumular productos», señaló un informe sectorial. Fernando Savore, vicepresidente de la Confederación General de Almaceneros, corroboró esta tendencia: «Aumentó la cantidad de tickets, pero con montos mínimos. La gente prioriza lo básico y administra hasta el último peso».

Esta dinámica forzó a las grandes marcas a congelar o reducir precios para sostener la demanda, mientras las cadenas de supermercados resistían remarcos de hasta el 12% solicitados por proveedores tras la liberalización cambiaria.

Conclusión
La aparente tranquilidad en los precios enciende luces de alerta sobre la profundización de la recesión. Con salarios erosionados por paritarias mínimas y servicios en alza, la estabilidad en gondolas no es sinónimo de bienestar, sino el termómetro de una sociedad que lucha por llegar a fin de mes.

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