Alexia Abaigar: una detención polémica y un «montaje jurídico» con sello político

Alexia Abaigar: una detención polémica y un «montaje jurídico» con sello político

La militante peronista, acusada de acciones equiparables al terrorismo por un escrache a José Luis Espert, denuncia irregularidades en su proceso judicial, allanamientos arbitrarios y un traslado mediático. Desde su prisión domiciliaria, relata el calvario vivido y la persecución que, asegura, busca amedrentar a la militancia.

«Esto es una locura, un mamarracho jurídico, un montaje total», dispara Alexia Abaigar con voz firme. La joven, cuyo nombre figura como Alesia en el documento pero que prefiere ser llamada como su madre quiso inscribirla, lleva veinte días bajo arresto: primero en la cárcel de Ezeiza y ahora en prisión domiciliaria con tobillera electrónica. Su caso ha despertado fuertes cuestionamientos hacia la Justicia, especialmente hacia la jueza Sandra Arroyo Salgado, quien revocó una excarcelación aprobada por la Cámara de San Martín y fijó una fianza millonaria.

Una caución imposible
Los defensores de Abaigar no dudan en calificar la medida como «abusiva y desproporcionada». La imposición de 30 millones de pesos como garantía —una suma inalcanzable para su entorno— fue interpretada como un acto de desacato hacia la instancia superior. «La jueza se ha alzado contra la Cámara», acusaron sus abogados, mientras el expediente permanece bajo secreto de sumario, una figura excepcional reservada para delitos graves.

Lo paradójico es que, pese al hermetismo judicial, fragmentos de la causa fueron «filtrados selectivamente a medios afines», según denuncia la defensa. Alexia misma se enteró de los cargos en su contra a través de un programa de televisión mientras estaba recluida e incomunicada en Ezeiza. «Escuché que me trataban como terrorista o narcotraficante. Fue devastador», relata.

El operativo: allanamiento, incomunicación y traslados forzados
El calvario comenzó el 25 de junio, cuando Abaigar fue interceptada por la policía al salir de su casa en Vicente López. «Me quitaron el celular, me aislaron y allanaron mi vivienda buscando un pasacalles y un buzo bordó que nunca existieron», describe. Durante el registro, los oficiales intentaron incautar un póster de Evita y el libro Sinceramente de Cristina Kirchner, pero un vecino testigo —un anciano de 76 años— intervino: «Nunca creí ver algo así. ¿Ahora es delito ser militante?».

El procedimiento derivó en la detención de su madre, Eva Pietravallo, una mujer de 70 años con problemas de salud, y de un ex pareja de Alexia, con quien no tenía contacto hace cinco años. «A mi mamá la llevaron de madrugada. No sabe ni quién es Espert», se indigna.

Traslados filmados y protocolos violados
Lo que siguió fue una seguidilla de irregularidades. Su traslado a la comisaría de San Isidro fue repetido para las cámaras: primero con el rostro cubierto y luego, por orden del juzgado, «a cara descubierta»«Fue un montaje. Esperaban el ‘ok’ para continuar», revela. Más escalofriante fue el viaje a Ezeiza: esposada con cadenas al piso del patrullero, escoltada por camionetas y llevada «a velocidad de película», según sus palabras.

La salud en riesgo y la sombra de la persecución política
Abaigar padece linfangioleiomiomatosis (LAM), una enfermedad que requiere tratamiento continuo. Durante su encierro, no solo le fue negada la medicación inicialmente, sino que su condición fue usada de manera «cinica», según afirma: «La jefa policial lo mencionó como si ya lo supiera. ¿Cómo?».

Su defensa insiste en que el caso es «una avanzada contra la militancia», señalando patrones comunes con el arresto de Eva Mieri —quien sigue en Ezeiza— y la criminalización de protestas. «Nosotras somos el blanco: mujeres peronistas. Quieren mandar un mensaje de miedo», reflexiona.

El mensaje final: «A esta crueldad hay que frenarla»
Pese a lo vivido, Alexia no claudica. «Mis ideas están más fuertes que nunca», afirma. Su historia, entre el drama personal y la disputa política, expone grietas en el sistema judicial y ecos de una polarización que, advierte, «ya no tolera disidencias». Mientras espera que la Justicia rectifique, su voz se suma a las que claman contra lo que define como «la judicialización de la política».

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