La escalada cambiaria presiona a las empresas, que ya no pueden absorber costos. Con ventas en caída libre y ganancias negativas, el traslado a precios parece imparable. El Gobierno insiste en su teoría, pero los datos muestran un escenario crítico.
La reciente suba del dólar, que acumula un avance del 14% en el último mes, desató una nueva alerta sobre su impacto en los precios internos. Frente a esto, el Gobierno mantiene su postura: asegura que el ajuste monetario y el consumo deprimido evitarán que la industria traslade los costos a las góndolas. Sin embargo, los números revelan una realidad distinta. Las empresas ya no tienen margen para seguir absorbiendo los aumentos, y los primeros movimientos de precios —con subas de hasta 9%— comienzan a confirmar lo inevitable.
El colapso de las ventas y el fin de las ilusiones
El primer trimestre de 2025 fue el peor en ventas para el sector desde 2019. Los márgenes operativos, incluyendo intereses e impuestos, se ubican en -2% en los últimos doce meses, un nivel insostenible. La caída en la demanda no solo redujo los ingresos, sino que también llevó el cociente entre ganancias y ventas a su mínimo en una década. Así, las compañías enfrentan un doble desafío: venden menos y con menor rentabilidad.
La actividad económica no ayuda. Tras un leve repunte a fines de 2024, el crecimiento mensual promedio en 2025 apenas alcanzó el 0,1% entre enero y mayo, según datos oficiales. Junio no habría traído mejoras, según estimaciones privadas. Los salarios, por su parte, acumulan una baja del 1% en lo que va del año, lo que profundiza la contracción del consumo.
La grieta en la demanda: lujo versus necesidades básicas
Mientras los bienes durables mantienen niveles altos de ventas —apuntalados por el crédito y una moneda aún apreciada—, los productos esenciales registran caídas históricas. En supermercados, las ventas cayeron 8% interanual en los primeros cinco meses del año. Las grandes firmas del consumo masivo, por su parte, cerraron el primer trimestre con una merma del 20% frente a 2024 y un 9% por debajo del promedio histórico.
El problema se agrava por la apreciación cambiaria, que redujo las exportaciones del sector y aumentó la competencia con importaciones. Los supermercados, aunque muestran cierta recuperación, lo hacen gracias a productos extranjeros, que no benefician a la industria local.
Deudas, inventarios y un futuro incierto
Las empresas ya no generan flujos positivos: desde 2024, dependen del endeudamiento para cubrir operaciones básicas. La deuda neta pasó de representar siete días de ventas en 2023 a 26 días este año. Si los márgenes no mejoran, este ritmo de financiación será insostenible.
A esto se suma la acumulación de inventarios, un fenómeno que anticipa posibles parates productivos y un crédito más restrictivo. «Si no hay un cambio de tendencia, el ajuste será más profundo», advierten desde el Banco Provincia.
En este contexto, el dólar no solo rompió un ancla inflacionaria, sino que dejó al descubierto la fragilidad de un sector clave. Con salarios en baja y costos en alza, la próxima ola de aumentos parece ser solo cuestión de tiempo.
