En un acto con desarrolladores inmobiliarios, el ministro de Economía lanzó un exabrupto en italiano y responsabilizó a sus adversarios políticos por los problemas de su plan económico, mientras insistió con el discurso del miedo en plena campaña electoral.
El insulto que refleja la estrategia oficialista
El presidente de la Nación no es el único que recurre a expresiones agresivas cuando la presión aumenta. En sintonía con ese estilo confrontativo, el ministro de Economía, Luis Caputo, arremetió contra la oposición durante un discurso ante empresarios del sector inmobiliario, calificándolos con un término soez en italiano: “merda” (“mierda”, en español). La frase no solo buscó descalificar a sus rivales políticos, sino también presentarlos como los culpables del desorden que atraviesa el modelo económico impulsado por el gobierno de Javier Milei.
Aunque el evento estaba destinado a analizar el mercado inmobiliario, el titular del Palacio de Hacienda aprovechó el escenario para desplegar una retórica alarmista. “Todo el mundo duda: ¿no volverán estos merda a hacer lío?”, expresó, dirigiendo su crítica hacia los sectores que se enfrentarán a La Libertad Avanza en las próximas elecciones legislativas. Con esas palabras, intentó trasladar la responsabilidad por la inestabilidad financiera a sus adversarios, en lugar de asumir los errores propios.
La campaña del miedo y la culpa ajena
El episodio no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia electoral previsible: el oficialismo insiste en endilgar sus fracasos a fuerzas políticas opositoras, mezclando datos distorsionados con acusaciones infundadas. Una táctica que ya había quedado en evidencia días atrás, cuando desde el gobierno arremetieron contra el gobernador Axel Kicillof con argumentos cuestionables.
En medio de ese clima de confrontación, Caputo admitió que persisten dificultades económicas, como las altas tasas de interés y los plazos reducidos en pesos. Sin embargo, en lugar de profundizar en soluciones concretas, optó por insistir con un mensaje optimista sobre el futuro, asegurando que el Banco Nación lanzará una línea crediticia en dólares para desarrollos urbanos y suburbanos, con condiciones ventajosas.
Ataques al Congreso y promesas contradictorias
El ministro no se limitó a los insultos. También cargó contra el Poder Legislativo, acusándolo de promover normas “desfavorables” para el país. Entre ellas, mencionó leyes destinadas a mejorar los ingresos de los jubilados, fortalecer el Hospital Garrahan, apoyar a las universidades públicas y ampliar los tratamientos para personas con discapacidad. Para Caputo —autodenominado por Milei como “el mejor ministro de Economía de la historia”—, esas iniciativas perjudican al país, en contraste con lo que él considera los logros de su plan de ajuste.
En un tono casi suplicante, pidió a los empresarios que confíen en la estabilidad macroeconómica y los instó a votar por La Libertad Avanza. Aseguró que, si el oficialismo triunfa en los comicios, los cambios se acelerarán, aunque admitió que, en caso contrario, el proceso será más lento. Pese a reconocer que la recuperación del mercado de capitales llevará tiempo, insistió en que su rumbo es el correcto y les recomendó a los inversores pensar en ganancias a mediano plazo.
Entre la esperanza y la desconfianza
La paradoja de su discurso quedó al descubierto cuando, tras advertir sobre los riesgos de un eventual regreso de la oposición al poder, afirmó con seguridad que Milei será reelegido en 2027. Mientras tanto, su mezcla de insultos, promesas y advertencias refleja la tensión de un gobierno que, ante las dificultades, elige el ataque como herramienta de campaña.
El mensaje final de Caputo fue claro: según él, la Argentina nunca tuvo una estabilidad como la actual, y el éxito dependerá de que los empresarios crean en su relato. Sin embargo, las dudas persisten, tanto sobre la veracidad de sus afirmaciones como sobre la efectividad de una estrategia que parece basarse más en la polarización que en resultados tangibles.
