Tasas de interés a niveles siderales: el jaque mate financiero que sofoca a las Pymes nacionales

Tasas de interés a niveles siderales: el jaque mate financiero que sofoca a las Pymes nacionales

Empresarios de los sectores textil, juguetero y autopartista alertan sobre una aceleración de despidos y cierres. El encarecimiento brutal del crédito para contener al dólar, sumado a la recesión y la invasión de importaciones, estrangula la producción y el comercio.

En un contexto económico ya crítico, la drástica medida del gobierno de elevar las tasas de interés para estabilizar el tipo de cambio en vísperas de los comicios legislativos está imponiendo un costo devastador sobre el sector productivo. Esta política se inserta en un escenario preexistente de ventas anémicas, un dólar elevado y una verdadera avalancha de importaciones, conformando una tormenta perfecta que asfixia a las empresas nacionales. Consultados por este diario, representantes de diversas pymes coincidieron en pintar un panorama desolador.

Desde la Fundación ProTejer, que nuclea a la mayoría de las firmas del universo textil, su vicepresidente, Marco Meloni, expuso la cruda realidad con un ejemplo contundente. Detalló que los plazos de pago se han extendido dramáticamente, pasando de 30 a entre 60 y 120 días. “Necesitás todos los meses pagar los sueldos y todas las semanas hay vencimientos impositivos. Teniendo cheques en cartera a 90 días, estamos pagando un costo financiero mensual del 7%. Esto significa que por un cheque de un millón de pesos, terminás recibiendo setecientos cincuenta mil. ¿Qué negocio en el mundo puede soportar una merma del 25% solo por el costo del dinero?”, se interrogó con preocupación. Meloni fue más allá al cuantificar el descalabro: “Enfrentamos una tasa entre el 30 y 40% anual en dólares para financiarnos, mientras que en el mundo se financia al 4%. De persistir esto, habrá una aceleración muy fuerte en despidos y cierres”.

En la misma sintonía, Luciano Galfione, presidente de la misma entidad, calificó la situación de “disparate”, tras revelar que la tasa de interés para financiamiento de corto plazo llegó a rozar el 60% esta semana. “Esto es un jaque mate en algunos casos y en otros es pegarle todavía más a un entramado productivo que no da más”, afirmó. Galfione también destacó el impacto en el consumo: para ofrecer cuotas sin interés, el comerciante debe incrementar el precio final en un 20%, lo que aleja aún más al comprador en un mercado con poder adquisitivo deprimido.

La crisis trasciende la industria textil. Damián Mondrik, empresario del sector del juguete, explicó cómo la falta de financiamiento racional obliga a modificar toda la logística de producción, comprando insumos en lotes reducidos para rotar el escaso capital lo más rápido posible. Además, relató que la presión se traslada a los plazos de cobro: “La mayoría de nuestros clientes primero nos querían pagar después del Día del Niño y ahora directamente después de Navidad. Financiar toda la temporada con estas tasas se hace una misión imposible si no se cuenta con una posición de capital de trabajo muy sólida”.

Aldo Lo Russo, del sector autopartista, agregó otra arista preocupante: la cadena de pagos se está sosteniendo de manera precaria entre las mismas pymes, estirando los plazos de manera indefinida en un frágil equilibrio. “Desapareció toda posibilidad de financiamiento racional para producir”, sentenció, y alertó sobre las distorsiones en el mercado, donde importadores liquidan stock por debajo de su costo real, haciendo una competencia desleal e insostenible para la producción local.

Para la especialista en desarrollo productivo Agostina Monti Salías, el problema es estructural y multicausal. Analizó que la industria sufre un “triple impacto”: una presión cambiaria combinada con una apertura indiscriminada a las importaciones que vuelve inviable competir; una estructura tributaria caótica y onerosa que recae sobre la producción; y, por último, la crónica y ahora agudizada falta de financiamiento. “La imposibilidad de trasladar estos costos al precio final, por la profunda recesión y la caída del consumo, termina de cerrar un círculo vicioso que aplasta una rentabilidad que ya era extremadamente delgada”, concluyó, augurando un futuro inmediato muy complejo para el empleo y la actividad industrial.

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