Central exhibe poderío y despliega un fútbol arrollador en La Plata

Central exhibe poderío y despliega un fútbol arrollador en La Plata

Con Di María como faro creativo, el equipo canaya dominó de principio a fin a un desdibujado Gimnasia. Una actuación contundente, coronada en el cierre, que consolida sus aspiraciones en el torneo.

El once que la parcialidad anhelaba contemplar hizo su aparición en el bosque platense, desplegando un juego ofensivo, audaz en sus propuestas y con una superioridad abrumadora sobre su adversario, materializada en la red. Rosario Central superó y subyugó a Gimnasia durante la totalidad del encuentro, teniendo a Ángel Di María como el arquitecto principal de un guion colectivo que contó con intervenciones decisivas de otras figuras, como Malcorra, Véliz, Copetti y el mismo Campaz. Un cuadro canaya que capitalizó cada error del contrario para lanzarse con credenciales sólidas a la disputa por el campeonato.

La contienda comenzó con una declaración de intenciones. El conjunto visitante generó dos situaciones de peligro en el minuto inicial, en ambas con la impronta de Di María. En la segunda incursión en el área rival, la ventaja se concretó con rapidez: Véliz, en la línea del gol, empujó un centro rastrero de Copetti. Así se inició una tarde donde el ritmo lo marcó el equipo de Rosario, pese a las interrupciones por lesiones de jugadores de Gimnasia. Todo lo acontecido en la primera etapa fue obra y responsabilidad de Central, que maniobró a su antojo. Di María marcó la diferencia en cada esfera que tocó, mientras Copetti, Malcorra y Campaz tuvieron oportunidades para aumentar el marcador. Insfrán, en el arco, se limitó a custodiar una ventaja mínima que no reflejaba el dominio de un visitante que dejó a su rival completamente desconcertado e incapaz de generar peligro.

El equipo canaya se retiró al descanso con sentimientos encontrados. Había ejecutado un fútbol para golear, pero solo contaba con una frágil delantera en el marcador. Al reinicio, el cuadro local mostró una reacción, impulsada más por el orgullo que por una clara idea de juego. El Lobo logró, por unos instantes, equilibrar las acciones, poniendo incómodo a Central y forzándolo a replegarse. El partido pareció tomar un giro dramático cuando el árbitro expulsó a Corbalán por doble amonestación. Sin embargo, la esperanza del local se desvaneció cuando el juez del encuentro, aconsejado por su asistente, anuló un gol de Merlo por una presunta falta previa. Esta decisión apagó cualquier atisbo de fe en el elenco local, permitiendo a Central retomar las riendas del partido.

Fue por esta razón que el técnico Holan vivió momentos de tensión hasta los compases finales. Su equipo desperdició numerosas ocasiones frente al arco, donde el guardameta local respondió con acierto. La acción más clara fue un zurdazo de Di María que estrelló en el poste. Un cierto temor se apoderó del canaya, a pesar de su palpable superioridad, al ver que no lograba dilatar la diferencia. Esa angustia colectiva finalmente se liberó en el tramo final del juego: Giménez, recién ingresado, conectó de cabeza un córner ejecutado por Di María para marcar el segundo tanto, y el propio «Angelito» selló la goleada con un preciso remate desde la entrada del área.

La contundencia en el marcador fue el reflejo exacto de la abismal diferencia observada en el campo de juego entre ambos conjuntos. Así, Rosario Central abandonó La Plata con la certeza de que su desempeño estuvo a la altura de las enormes expectativas generadas desde el regreso a casa de su ídolo, Angelito.

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