El Tesoro norteamericano intervino directamente en el mercado cambiario local y acordó un swap de divisas por 20.000 millones de dólares, en un movimiento que, según reveló su secretario, Scott Bessent, tiene como contrapartida el congelamiento de las relaciones económicas con China y la apertura a empresas estadounidenses para la explotación de recursos estratégicos como las tierras raras.
En una jornada que conmocionó a los mercados financieros globales, la administración del presidente Donald Trump desplegó una operación de salvataje inédita hacia la Argentina, marcando un giro histórico en la política exterior y económica de Estados Unidos hacia la región. La intervención directa del Tesoro norteamericano en la compra de pesos argentinos, ejecutada a través del Banco Santander, constituye un hecho extraordinario que busca apuntalar la frágil situación del gobierno del presidente Javier Milei.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue el encargado de anunciar la medida y, en declaraciones reveladoras, expuso los términos políticos y estratégicos que sustentan este rescate. Bessent afirmó que la Casa Rosada se ha comprometido a “dejar a China afuera” de sus planes económicos, congelando de facto la relación comercial con el gigante asiático. Simultáneamente, garantizó “la llegada de empresas privadas estadounidenses y su colaboración” en sectores críticos como las tierras raras y el uranio, recursos naturales en los que Argentina posee vastas reservas.
El alto funcionario justificó la audaz movida argumentando que el gobierno de Milei representa una oportunidad para romper con décadas de ciclos económicos negativos y erigir al país como un “ejemplo para la región”. En una clara alusión al contexto de competencia geopolítica, Bessent vinculó la decisión con las recientes medidas de China sobre el control de tierras raras, subrayando la importancia estratégica de asegurar el acceso a estos recursos en un aliado hemisférico.
“Ganamos mucho”, declaró Bessent con franqueza durante una entrevista, al tiempo que elogió la determinación de Milei para apartarse del camino del peronismo y alinearse con los intereses de Washington. El secretario se esforzó por transmitir que la operación no constituye una transferencia de fondos que represente una pérdida para el contribuyente estadounidense, sino una inversión oportunista en una moneda depreciada, bajo la premisa de “comprar barato y vender caro”.
Más allá de la estabilización cambiaria inmediata, el acuerdo consolida al expresidente Trump como el garante fundamental del experimento económico libertario de Milei. El anuncio del encuentro entre ambos mandatarios previsto para octubre confirma la profundización de esta alianza. Bessent manifestó su confianza en el éxito electoral del mandatario argentino y percibió un “amplio consenso político” para la segunda mitad de su gobierno, celebrando su enfoque en la reducción de impuestos y la libertad económica.
Esta intervención, que incluye un acuerdo marco de swap por 20.000 millones de dólares con el Banco Central argentino, trasciende lo meramente financiero. Se erige como una maniobra geopolítica de primer orden, destinada a reconfigurar el mapa de influencias en América del Sur y ofrecer un modelo alternativo al auspiciado por Pekín. El éxito o fracaso de este salvavidas económico, por tanto, no solo definirá el destino del gobierno de Milei, sino que también pondrá a prueba la capacidad de Estados Unidos para proyectar poder económico y consolidar una esfera de influencia en su patio trasero.
