La Albiceleste cerró su participación en la fase grupal con una exhibición de fútbol abrumadora, goleando por siete goles a cero a una desbordada selección de Fiji. La contundente victoria coloca al combinado nacional en una inmejorable posición de cara a los octavos de final del torneo que se celebra en Qatar.
En una tarde de fútbol contundente y dominio absoluto, la selección argentina Sub-17 selló su pase a la siguiente ronda del Mundial con una victoria arrolladora sobre Fiji. El marcador final de 7-0 no hace más que reflejar la abismal superioridad desplegada por el equipo dirigido por Diego Placente, quien desde el pitido inicial impuso un ritmo y una intensidad que la débil escuadra oceánica no pudo contener.
La apertura del marcador llegó tras una jugada colectiva de notable factura. A los dieciséis minutos, una precisión quirúrgica en el pase de Gastón Bouhier y el posterior desborde y pase atrás de Ramiro Tulián encontraron a Uriel Ojeda, quien no perdonó desde corta distancia. Sin embargo, el camino no estuvo exento de un momento de frustración. Poco antes, Ojeda había visto cómo el guardameta rival, Melvin Prakash, estiraba su pierna para frustrar un lanzamiento desde los doce pasos, luego de que el árbitro, asistido por la tecnología del VAR, señalara una falta clara dentro del área.
Lejos de amilanarse, Argentina redobló su ofensiva. El claro dominio se materializó en la primera mitad con el doblete de Mateo Martínez, quien demostró una puntería letal. A la media hora de juego, el delantero se infiltró con inteligencia en la zona para batir nuevamente a Prakash, y justo antes del descanso, aprovechó un nuevo desajuste defensivo para sentenciar el primer tiempo con un contundente 3-0.
El complemento fue un mero trámite donde el conjunto albiceleste continuó sumando cifras a su ya abultada cuenta. Ojeda se redimió del penal fallado con un potente tiro libre que, tras un desvío involuntario de Thiago Yánez, terminó por vencer la resistencia del confundido portero fijiano. El mismo Ojeda completaría su triplete personal antes del final, consolidando una actuación sobresaliente. El resto del encuentro se transformó en un monólogo ofensivo, donde la defensa rival, completamente replegada, fue incapaz de evitar el remate preciso de Santiago Silvera y el infausto autogol de Ravuso Sukabula, quien sólo pudo desviar un centro al fondo de su propia red.
Esta goleada no sólo significa una victoria en el papel, sino que proyecta a Argentina como una de las selecciones más temibles del certamen, asegurando el primer puesto en la tabla de los mejores terceros, una condición que, tal como se preveía, le otorga un cruce presumiblemente más favorable en la inminente ronda de octavos de final.
