Tras su breve periplo en el exterior, el Presidente concentra sus esfuerzos en la compleja geometría política doméstica. La jura de un nuevo ministro, las negociaciones con los gobernadores y la pulseada legislativa por las reformas estructurales marcan una semana decisiva para el Gobierno.
Con el eco de su fugaz gira internacional aún resonando, el presidente Javier Milei ha reorientado su agenda para sumergirse de lleno en los asuntos internos, en un contexto político de alta fragilidad y donde cada movimiento es analizado al milímetro. El regreso a la arena local implica una triple agenda: la consolidación de su equipo de gobierno, la reactivación del diálogo con las provincias y la preparación del terreno para una batalla legislativa de proporciones.
El primer acto formal de esta nueva etapa tendrá lugar en el Salón Blanco de la Casa Rosada, donde el mandatario tomará juramento a Diego Santilli, confermando de manera oficial una designación que ya ejercía en la práctica. La incorporación de Santilli al Gabinete nacional no es un mero trámite protocolario, sino un gesto cargado de significado en la tensa relación entre La Libertad Avanza y el PRO. Este acercamiento se produce luego de que el expresidente Mauricio Macri manifestara abiertamente su descontento con anteriores modificaciones en el equipo presidencial.
Precisamente, la cartera que ocupará Santilli, Interior, se erige como el epicentro de la estrategia de consensos. Por instrucción directa del líder libertario, la nueva autoridad ministerial ya ha iniciado una ronda de contactos con varios mandatarios provinciales. La agenda de la semana incluye encuentros con los gobernadores de San Juan y Córdoba, mientras que para los días venideros se planean visitas a territorios claves donde el oficialismo selló alianzas electorales, con el objetivo declarado de fortalecer esos lazos.
Este despliegue diplomático tiene un horizonte concreto y apremiante: la inminente convocatoria a sesiones extraordinarias en el Congreso. Desde el Ejecutivo ya se han delineado los ejes centrales que buscarán imponer en el recinto. La discusión del Presupuesto para el año 2026, enviado recientemente, se presenta como la piedra basal. A este le siguen dos pilares de la transformación prometida: la reforma laboral y la tributaria, proyectos que se ultiman en el seno del Consejo de Mayo. Completa este paquete de iniciativas de alto impacto la promulgación de un nuevo Código Penal, cuyo texto final aguarda desde hace meses su turno para el debate.
Sin embargo, el paisaje político que enfrenta el Gobierno es volátil. La coalición opositora PRO se encuentra sumida en una profunda reflexión interna, agudizada por la reciente deserción de varios de sus legisladores, quienes han decidido cruzar la frontera hacia las filas libertarias. Esta sangría de bancas ha encendido las alarmas en el espacio que conduce Macri, quien convocó para este miércoles a un consejo nacional de su partido donde, se anticipa, la definición de la relación con la Casa Rosada será el tema excluyente.
En un guiño interpretado como un esfuerzo por aquietar las aguas, el propio Milei compartió en sus redes sociales un elogioso texto de una dirigente juvenil del PRO, quien ponderaba la figura de Santilli como un actor respetado transversalmente y una «enorme salto de calidad» para la administración. Este gesto parece buscar limar las asperezas de un vínculo que es crucial para destrabar cualquier avance legislativo.
La semana, por lo tanto, se configura como un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven con cautela. La jura de Santilli, las reuniones con gobernadores y la pulseada partidaria interna del PRO definirán el clima político con el que el Gobierno de Milei enfrentará el desafío mayor: convertir sus proyectos bandera en ley.
