Tras años de un marcado “efecto desplazamiento” que estrangulaba el financiamiento, el sistema financiero ejecuta un viraje histórico. Con el sector público reduciendo su demanda, los bancos destinan ahora una proporción creciente de sus activos a familias y empresas, impulsando una incipiente reactivación de la actividad económica a través de un mayor consumo e inversión.
En un cambio de paradigma con profundas implicancias para la actividad productiva, el sistema bancario argentino ha reorientado de manera decisiva el destino de sus fondos desde el inicio de la actual administración. El fenómeno, conocido en la jerga económica como crowding out o “efecto desplazamiento”, que durante años caracterizó a la plaza financiera local, comienza a revertirse, dando paso a una dinámica de crowding in que privilegia el financiamiento para el sector privado.
Esta transformación es considerada por los analistas como un pilar fundamental para la reactivación, luego de que la economía atravesara un período de estancamiento y posterior contracción, como resultado del ajuste monetario aplicado por el equipo económico del presidente Javier Milei en el contexto de las elecciones legislativas. Al liberar crédito para empresas y particulares, se busca destrabar el consumo y fomentar la inversión.
Al respecto, Martín Vauthier, director del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), explicó el mecanismo subyacente: “El verdadero ajuste es el déficit fiscal. Con déficit, el Estado se financiaba con impuesto inflacionario, erosionando el poder adquisitivo de la moneda, y absorbiendo el ahorro de la economía, lo que impedía la existencia de crédito para familias y empresas”. Vauthier graficó la magnitud del cambio: “Los bancos llegaron a tener más del 50% de su activo en financiamiento al sector público y apenas 22% al sector privado. Con el orden macro, ese ahorro paralizado durante años se transformó en acceso a una vivienda o un automóvil para miles de familias o en financiamiento para la inversión de las compañías”.
La evolución del financiamiento, documentada en un gráfico difundido por el propio funcionario, ilustra este vuelco. Tras un incremento sostenido de la exposición crediticia al Estado a partir de 2018, que alcanzó un pico del 51% hacia fines de la gestión de Alberto Fernández, la tendencia se ha invertido. Para marzo del presente año, el crédito al sector privado no financiero ya representaba el 44% del activo total de la banca, reduciendo la participación estatal al 28%.
El motor de esta transición fue una combinación de factores. Luego del triunfo oficialista en los comicios de octubre, el Ministerio de Economía inyectó liquidez al mercado mediante una licitación de deuda, lo que provocó un descenso de las tasas de interés, que se estabilizaron en un rango entre el 19% y el 30% anual en pesos. Este nuevo escenario reactivó el flujo crediticio.
Los datos del Banco Central confirman la tendencia. En octubre, los préstamos en pesos al sector privado registraron un crecimiento real del 1,1%, marcando una ruptura con la caída del mes anterior. Más significativo aún es el avance interanual, que alcanzó un 44,8% en términos reales. Medido sobre el Producto Bruto Interno, el saldo de crédito llegó al 9,2%, duplicando el nivel observado a comienzos de 2024.
Dentro de este panorama, los préstamos con garantía real mantienen una trayectoria sólida, con diecisiete meses consecutivos de expansión. Los créditos hipotecarios, impulsados mayoritariamente por las líneas ajustables por UVA, lideraron este crecimiento con un salto del 8,3% mensual y una acumulación del 285,8% en los últimos doce meses. Federico González Rouco, economista de Equilibra, destacó que en octubre se desembolsaron el equivalente a 372 millones de dólares en hipotecarias UVA, la cifra más elevada desde mayo de 2018.
No obstante, el especialista lanzó una advertencia: “El apuro por cerrar los créditos preelectorales se notó”. Anticipó que, una vez agotado este impulso, la demanda podría resentirse ante un eventual repunte de las tasas y la apreciación del dólar, factores que restringen el acceso al financiamiento.
Pese a estos riesgos en el horizonte, la información preliminar correspondiente a noviembre consolida el rumbo: la recuperación del crédito privado se afianza, mientras pierde relevancia el destinado al sector público, en un círculo virtuoso alentado por el abaratamiento del costo del dinero.
