Mientras avanza en un complejo juego de seducción con gobernadores indecisos, La Libertad Avanza busca reconfigurar el mapa político del Congreso. La meta: arrebatarle al peronismo la primera minoría y desbloquear las leyes clave de la gestión.
El Gobierno nacional se apresta a transitar una semana decisiva, en la cual las promesas deben comenzar a materializarse en acciones concretas. La Casa Rosada ultima los detalles de su hoja de ruta para la temporada alta de reformas, en un clima de expectativa y negociaciones a puertas cerradas. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro Diego Santilli lideran una ronda de encuentros con mandatarios provinciales, con el objetivo firme de consolidar los apoyos necesarios para impulsar el paquete legislativo.
La agenda es ambiciosa y abarca desde la presentación de un nuevo Presupuesto y una reforma tributaria, hasta la modernización de la legislación laboral y el fortalecimiento del Código Penal. No obstante, el menú de incentivos para los gobernadores que aún mantienen sus dudas se ha ampliado significativamente. Sobre la mesa de diálogo reposan modificaciones a la Ley de Glaciares —que transferiría a las provincias la potestad de habilitar emprendimientos mineros—, ofertas de avales para acceder a créditos internacionales, promesas de ejecución de obras públicas y el compromiso de saldar deudas previsionales pendientes.
Este minucioso juego de seducción convive, de manera paralela, con una ofensiva política directa sobre el peronismo en ambas Cámaras del Congreso. Los operadores clave de este movimiento de pinzas son el diputado Martín Menem y la futura senadora Patricia Bullrich, quienes intensificarán en los próximos días la presión para fracturar los bloques opositores más reticentes.
El objetivo secreto de la administración de Javier Milei es claro: arrebatarle a Unión por la Patria la primera minoría en Diputados y Senadores. A partir del 10 de diciembre, ese espacio contaría con aproximadamente 90 diputados y 25 senadores, una cifra muy similar a la que manejará La Libertad Avanza. Si el oficialismo logra esta redistribución de fuerzas, podría acceder al control político de las autoridades parlamentarias y de comisiones clave, un cambio estratégico fundamental. “El reparto será distinto y ya no dependeremos de que el kirchnerismo repita lo de este año, una crisis política que terminó dañando la economía”, confió una fuente libertaria de alto rango.
En el Senado, se perfila un escenario histórico: el peronismo no solo quedaría en minoría, sino que estaría al borde de perder el tercio de bancas necesario para bloquear designaciones de jueces de la Corte Suprema. “Ya no los necesitamos para esa negociación”, advierten con firmeza voces del oficialismo, en alusión a los rumores sobre posibles acuerdos para completar el máximo tribunal.
Una definición inminente en la Cámara alta es la sucesión en la Presidencia Provisional, actualmente en manos del puntano Bartolomé Abdala. Desde la Rosada apuestan por la neuquina Nadia Márquez, aunque el acuerdo depende de la capacidad de Bullrich para articular apoyos entre radicales y los mismos gobernadores con los que se negocian las reformas. “No es tan fácil. Que junten los votos”, desafió un senador interesado en el cargo.
En este tablero de incertidumbres, la figura del gobernador santiagueño Gerardo Zamora emerge como un actor de peso. Dueño de tres bancas en el Senado y siete en Diputados, su decisión final —mantenida bajo hermetismo— es aguardada con expectativa tanto en el Gobierno como en el entorno de Cristina Kirchner. Un reciente encuentro suyo con el opositor Leandro Santoro, divulgado en redes oficiales, no pasó desapercibido para el oficialismo. Sin embargo, Zamora ya ofreció una señal potente al participar de la reunión convocada por Milei tras el triunfo electoral del 26 de octubre, donde se subrayó la urgencia de las reformas.
El apoyo legislativo y la conformación de los bloques forman parte de una negociación amplia y multifacética. En el centro de estas conversaciones se encuentran Karina Milei y su equipo, junto con el asesor Santiago Caputo, quien ha retomado un rol protagónico en la mesa chica de la política.
Al ser consultado sobre la relación con los gobernadores, Martín Menem aseguró que “la confianza está instalada”, aunque fue contundente al recordar el mandato de las urnas: “El mensaje de la sociedad ha sido claro y contundente. Vamos hacia una baja de impuestos, más desregulación y a darle más lugar al sector privado”. A partir de esta semana, se definirá cuánto hay de retórica y cuánto de realidad en esas palabras.
