A días del recambio legislativo, el oficialismo y Unión por la Patria disputan la hegemonía en la Cámara de Diputados. Mientras el Gobierno busca fracturar al bloque opositor, Cristina Kirchner impulsa la unidad. La gestión de Martín Menem en la presidencia de la Cámara también está en la mira.
La pulseada por la primera minoría en Diputados marca la antesala de un nuevo ciclo político
A pocos días de la renovación legislativa, la batalla por la primera minoría en la Cámara de Diputados adquiere un carácter estratégico para el futuro del Gobierno y la oposición. La Libertad Avanza y el peronismo se enfrentan en una lucha por ocupar ese lugar, actualmente en manos de Unión por la Patria, que define no solo la arquitectura del Congreso, sino también el control de las comisiones donde se debatirán las reformas estructurales exigidas desde la Casa Blanca al Ejecutivo nacional.
Con Diego Santilli a la cabeza, el oficialismo ha emprendido una campaña dirigida a los gobernadores, con el claro objetivo de quebrar la cohesión del peronismo. Mientras tanto, desde su oficina en San José 1111, Cristina Fernández de Kirchner insiste en la necesidad de “evitar cualquier situación que pueda generar una ruptura”, según reiteran sus allegados. La exmandataria busca consolidar la unidad del espacio, en un contexto donde la fuga de gobernadores y las necesidades financieras de Axel Kicillof aparecen como factores de riesgo.
Por otro lado, Martín Menem se perfila para conservar la presidencia de la Cámara de Diputados, aunque la oposición prepara una ofensiva para limitar los márgenes de discrecionalidad que caracterizaron su gestión. El próximo 3 de diciembre, durante la sesión preparatoria, se jurará a los nuevos legisladores y se renovarán las autoridades. Pese a las críticas por su manejo de las comisiones y el desarrollo de sesiones caóticas, el riojano contaría con los apoyos necesarios para mantenerse al frente del cuerpo por tercer año consecutivo.
Unión por la Patria mantendrá su tradición de ceder al oficialismo el rol de primera minoría, un puesto que forma parte de la línea sucesoria presidencial. Sin embargo, el descontento trasciende al peronismo y alcanza a socios del Gobierno, como el PRO y el radicalismo, cuyos bloques se ven desarticulados por el avance de los libertarios. A los bullrichistas se sumaron recientemente los tres “radicales con peluca” de La Liga del Interior, lo que permitirá al oficialismo contar con un bloque de 91 integrantes a partir del 10 de diciembre. Una cifra insuficiente para alcanzar la mayoría propia, pero suficiente para blindar los vetos presidenciales y alejar cualquier posibilidad de juicio político, incluso tras las conclusiones de la comisión investigadora del escándalo de las criptomonedas Libra, que señalaron la participación necesaria de Javier Milei en el entramado previo a la estafa.
Las aspiraciones del espacio libertario no se agotan en las alianzas políticas tradicionales. La Casa Rosada se ha propuesto captar el apoyo de gobernadores para debilitar al peronismo, que actualmente retiene 96 bancas y ostenta la primera minoría. “El oficialismo nos quiere romper, y nosotros debemos hacer lo contrario”, afirma una fuente cercana a Cristina Kirchner, quien subraya el trabajo de la expresidenta para preservar la unidad. En esta línea se inscriben sus recientes encuentros con el diputado tucumano Pablo Yedlin, el gobernador Ricardo Quintela y José Mayans.
Las grietas en el peronismo
Germán Martínez buscará reunir esta semana al bloque de Unión por la Patria para consolidar la unidad. Las diferencias entre los diputados ligados a Cristina Kirchner y aquellos alineados con Axel Kicillof no parecen ser, en principio, el principal obstáculo para la cohesión. Incluso la incorporación de legisladores massistas y seguidores de Juan Grabois podría convivir en el mismo espacio. No obstante, un diputado peronista admite que “la principal amenaza de fuga son los gobernadores”.
En La Plata observan con atención las tratativas en la Legislatura bonaerense por el presupuesto y el endeudamiento que requiere Kicillof. Desde su entorno advierten que no basta con el apoyo formal, sino que esperan un compromiso activo de La Cámpora y el massismo para sumar votos. Cualquier desentendimiento en este ámbito, según las mismas fuentes, podría tener repercusiones directas en el Congreso.
En el Senado, José Mayans logró contener a los legisladores santiagueños, pero persisten las dudas sobre el futuro del interbloque. Convicción Federal, un espacio armado por un grupo de senadores, se desmarcó de la reunificación del peronismo anunciada por el formoseño bajo el nombre “Justicialista”. “El Bloque Convicción Federal existe y seguirá existiendo”, afirmó un integrante de ese espacio, mientras la senadora jujeña Carolina Moisés cuestionó en redes sociales: “Siguen declarando ‘unidad’ sin convocar a nadie. Siguen imponiendo sin consensuar ni una idea”.
En el Partido Justicialista sospechan que tanto Moisés como el catamarqueño Andrada podrían sumarse al armado del gobernador Gustavo Sáenz. De gira por Buenos Aires, el salteño no solo se acercó a peronistas ajenos a la órbita de CFK, sino que también tendió puentes con libertarios excluidos, como Marcela Pagano y Carlos D’Alessandro. Sáenz busca perfilarse como un opositor dialoguista con el Gobierno.
Diego Santilli actúa, por el momento, como el nuevo interlocutor con los gobernadores. Su encuentro con Gerardo Zamora dejó un sabor agridulce: el santiagueño condicionó su apoyo al presupuesto 2026 a la inclusión de iniciativas acordadas por los mandatarios en el CFI, como la transferencia automática de los Aportes del Tesoro Nacional y una parte del Impuesto a los Combustibles Líquidos. No hubo promesas concretas. El flamante ministro escucha y toma nota, pero las definiciones finales las toma la Casa Rosada, en un esquema que ya había diluido la influencia de su predecesor, Guillermo Francos. En los próximos días, Santilli se reunirá con el misionero Hugo Passalacqua, Jorge Macri, Carlos Sadir y Claudio Vidal, en una ronda de contactos que podría definir el rumbo de la pulseada legislativa.
