La diputada del FIT encabeza los rankings de imagen positiva, pero rechaza cualquier entendimiento con el PJ, al que califica como una fuerza “moderada” y “agotada”. En una entrevista extensa con LA NACION, la referente de izquierda delineó su programa de gobierno, cuestionó la «complicidad» de la oposición tradicional con el ajuste y defendió su postura en el conflicto de Medio Oriente, mientras se prepara para lo que podría ser su segunda carrera presidencial.
En el ajedrez político argentino, donde las alianzas se tejen y se rompen al ritmo de la especulación electoral, la diputada nacional Myriam Bregman ha decidido mover ficha por su cuenta, sin importar los cantos de sirena que provengan del otro lado del tablero. Mientras altos referentes del peronismo ensayan discursos que abogan por la confluencia de fuerzas antagónicas para frenar el avance del gobierno de Javier Milei, la líder del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) ha sepultado cualquier atisbo de acercamiento, calificando esas iniciativas como meras «piezas de oratoria para la galería».
En el transcurso de un diálogo mantenido con este medio, la legisladora no solo desestimó la posibilidad de una alianza estratégica con el Partido Justicialista, sino que sentenció que la experiencia política del peronismo «naufraga en un océano de agotamiento». Según su diagnóstico, un sector significativo del electorado que en las urnas rechazó la propuesta de La Libertad Avanza (LLA) hoy deambula sin rumbo, sintiéndose estafado por la performance de la oposición tradicional, que a su juicio brilló por su ausencia en las calles durante los embates del ajuste gubernamental.
Este posicionamiento no es un dato menor en la coyuntura actual. Los últimos sondeos de opinión, como el relevamiento de junio de AtlasIntel para Bloomberg, ubican a Bregman en el segundo puesto del podio de dirigentes con mayor estima ciudadana, solo superada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Este fenómeno de popularidad ascendente no ha pasado inadvertido para un peronismo que, sumido en la fragmentación, teme que la oferta de la izquierda le erosione el caudal de votos en su rol de principal fuerza opositora al oficialismo.
Un programa de confrontación sin concesiones
Lejos de los discursos edulcorados que prometen cambios sin tocar estructuras de poder, Bregman plantea un programa de gobierno basado en la confrontación directa con los factores de poder económico. En su hoja de ruta, un hipotético gobierno de izquierda debería intervenir de manera contundente para evitar el colapso de fuentes de trabajo, como el reciente cierre de la empresa Fate (neumáticos), y derogar las modificaciones a la Ley de Glaciares, así como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). «No hacemos promesas vacías. Decimos desde ahora qué intereses hay que afectar», enfatizó la diputada, subrayando que cualquier transformación real solo será viable si la sociedad se organiza para respaldar esas medidas.
En el plano de la política internacional, Bregman buscó despejar cualquier equívoco al tomar distancia del grupo Hamás, afirmando categóricamente que no tiene «nada que ver con la política, los métodos ni la estrategia» de esa organización. Sin embargo, fue inflexible al reiterar su denuncia contra el Estado de Israel, al que acusa de perpetrar un «genocidio» contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza, una postura que defendió con vehemencia al recordar que fue de las primeras en señalar el contexto de «apartheid» en la región, incluso antes de que organismos internacionales consolidaran ese diagnóstico.
El techo electoral y la batalla contra el «voto útil»
Consultada sobre la paradoja que representa su alta imagen positiva frente al techo electoral que históricamente ha limitado a la izquierda en los comicios presidenciales, la referente del FIT rechazó la noción de un tope infranqueable. «No comparto esa idea de que la izquierda tenga un techo fijo», sostuvo, recordando los buenos resultados obtenidos en distritos clave como la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires —donde rompieron la polarización entre LLA y el peronismo— y Jujuy, donde alcanzaron picos del 25% en algunas localidades.
Para Bregman, el principal obstáculo es la lógica binaria impuesta por las dos grandes fuerzas, que construyen su estrategia en torno al «mal menor» y el denominado «voto útil», al que ella prefiere definir como «bastante inútil para resolver los problemas de la sociedad». Su desafío, explicó, es romper ese esquema a través de la construcción de «fuerza social organizada» y no solo juntando adhesiones coyunturales. En este sentido, observó un fenómeno internacional donde candidaturas de izquierda emergen poniendo en el centro de la agenda problemas concretos como la vivienda, el trabajo y el costo de vida.
El peronismo: una fuerza «moderada» y fragmentada
La distancia con el justicialismo fue uno de los ejes más ríspidos de la entrevista. Bregman cuestionó duramente la dirigencia del PJ, al que describió como una fuerza «moderada» en sentido peyorativo, incapaz de ofrecer una salida transformadora a la crisis. «El peronismo ya no representa una alternativa para transformar la realidad. Lo vimos cuando fue gobierno y lo seguimos viendo ahora en la oposición», afirmó, señalando que la conducción de la CGT y las dos CTA por parte del peronismo no se tradujo en una resistencia efectiva en la calle contra el ajuste de Milei. «¿Dónde estuvieron durante estos dos años y medio de ajuste, despidos, pérdida salarial y represión?», se preguntó retóricamente.
En cuanto a la figura de Cristina Kirchner, la diputada evitó personalizar el conflicto, pero reconoció que la expresidenta es parte orgánica del PJ y que sus disputas internas responden a «luchas de poder» más que a programas de gobierno. Al ser consultada sobre la posibilidad de un indulto para la exmandataria, Bregman fue cauta pero crítica: señaló la «parcialidad» del Poder Judicial, comparó las restricciones impuestas a Kirchner con la flexibilidad que se les otorga a represores condenados y advirtió que cualquier degradación de las garantías democráticas termina afectando al conjunto de la sociedad.
La interna de la izquierda y el fantasma de la reforma electoral
Respecto a la estructura del FIT, Bregman desestimó los rumores de conflictos internos y destacó la estabilidad de una coalición que, integrada por cuatro partidos trotskistas de diferentes tradiciones, se mantiene firme desde 2011. «Somos la coalición política más estable de la Argentina», afirmó, contrastando esa solidez con las permanentes fracturas que azotan a otros espacios.
Finalmente, la legisladora arremetió contra el proyecto de reforma electoral impulsado por el oficialismo, advirtiendo que la intención detrás de la derogación de las PASO es «rediseñar el sistema político para perpetuarse en el poder». En sus palabras, la discusión sobre las Primarias Abiertas es secundaria; lo central es que se busca adaptar las reglas electorales para beneficio del partido gobernante y legalizar el financiamiento de campañas por parte de los mismos grupos económicos que ya respaldaron a otros candidatos. «Veremos quién se anima a enfrentar eso», desafió Bregman, dejando la puerta abierta a una batalla legislativa que promete ser uno de los focos de conflicto en el corto plazo.
