El oficialismo se erigió como la primera fuerza en Diputados durante la sesión preparatoria, en la que Menem renovó su presidencia con poderes ampliados, mientras la oposición evidenció profundas fracturas en su intento por definir la tercera minoría.
En un hecho político de notable trascendencia, Javier Milei se presentó en el Congreso para atestiguar la consolidación parlamentaria de su espacio. El movimiento que germinó a partir de su exposición mediática hace seis años y que accedió al Congreso con una representación mínima, no solo conquistó el gobierno sino que ahora se alza como el bloque más numeroso de la Cámara baja. Esta metamorfosis, que resquebrajó los cimientos del PRO y de la Unión Cívica Radical, le arrebató al peronismo un sitial de privilegio que este había detentado durante décadas.
El encuentro constitucional permitió la renovación de las autoridades legislativas. Martín Menem, artífice de la transformación del oficialismo en la fuerza preponderante, no solo revalidó su mandato al frente de la Cámara, sino que también obtuvo la potestad para designar discrecionalmente a los vocales de las comisiones internas. En paralelo a los juramentos, las bancadas opositoras aún forcejeaban por establecer cuál de ellas ocuparía el tercer lugar en importancia. Mauricio Macri logró recomponer parcialmente la otrora alianza Juntos por el Cambio, equiparando en número al conglomerado de gobernadores agrupado en Provincias Unidas y preservando así una porción de influencia política. Con veintidós integrantes cada uno, la designación del tercer vicepresidente quedó pendiente de resolución.
El Presidente arribó al recinto en las primeras horas para participar de una ceremonia donde La Libertad Avanza exhibió su principal activo: una bancada numerosa con capacidad para sostener vetos presidenciales, disuadir cualquier iniciativa de juicio político y dominar las comisiones estratégicas que tramitarán las reformas centrales del Ejecutivo, en consonancia con los lineamientos exigidos desde Washington.
Vestido con un traje y mostrando una actitud más solemne, se limitó a gestos de aprobación y eludió cualquier expresión extemporánea. Ocupó una de las tribunas principales y se retiró poco después del discurso de asunción de Menem. El mandatario que ha tensado al máximo la relación con el Poder Legislativo permaneció impasible ante las provocaciones: el gesto de Juan Grabois evocando Los Juegos del Hambre, la acusación de Myriam Bregman de ser cómplice “del carnicero Netanyahu” o la señal de Martín Lousteau aludiendo a presuntos sobornos, todo ello en medio de una atmósfera cargada de abucheos. Su inusual serenidad contrastó con el clima de crispación que reinó en el hemiciclo, saldado con silbidos, desafíos y cruces verbales en lo que, en teoría, debía ser un acto puramente protocolar.
La conducción de la transmisión oficial generó desconcierto. En los instantes iniciales de la jura, las cámaras se centraron exclusivamente en los legisladores oficialistas y sus aliados, relegando a la oposición. Incluso, cuando se nombraba a diputados no alineados con el gobierno, la señal optaba por enfocar sus manos al jurar, evitando mostrar sus rostros.
El nuevo tablero y la pugna por un cargo
Con el respaldo indisimulado de los hermanos Milei, Martín Menem cosechó un doble triunfo. Su reelección al frente de la Cámara fue acompañada por la facultad de distribuir a su arbitrio las vocalías en las comisiones clave. Esta prerrogativa quedará expuesta en breve, cuando defina la integración de las comisiones de Presupuesto y Legislación Penal, vitales para impulsar el proyecto fiscal y la ley de perdón que el gobierno anhela sancionar.
El gran bloque opositor que llegó a cercar al oficialismo durante su primer año se encuentra ahora desintegrado. La confirmación de Menem dejó al descubierto el nuevo panorama: solo Unión por la Patria y la izquierda parecen dispuestos a enfrentar abiertamente un gobierno decidido a aplicar reformas de corte regresivo.
Cecilia Moreau fue designada primera vicepresidenta y Luis Petri, segundo vicepresidente. El tercer cargo de vicepresidencia permanece vacante y es objeto de una disputa entre dos conglomerados que ambicionan ser la tercera fuerza: Provincias Unidas y una reagrupación de lo que fue Juntos por el Cambio, aunque sin la participación de la Coalición Cívica.
La negociación por la conformación de los bloques mantuvo su intensidad incluso durante el desarrollo de la jura. Provincias Unidas, impulsado por los gobernadores Llaryora y Pullaro, cuenta con dieciocho diputados propios y alcanza los veintidós con la adhesión de Miguel Pichetto, Nicolás Massot y los representantes de la Coalición Cívica. Este interbloque adoptará el nombre “Unidos”.
Por su parte, el espacio liderado por Gisela Scaglia incorporó a la excandidata libertaria Lourdes Arrieta, pero perdió al santacruceño José Luis Garrido. Este sector alega que la tercera vicepresidencia debe definirse por la cantidad de legisladores de cada bloque individual, y no por el total del interbloque, un criterio que podría favorecerlo frente a la reconstituida alianza opositora, que aún carece de denominación formal.
La maniobra de Claudio Vidal, al aliarse con el PRO y los radicales, enmascara la hemorragia interna del partido amarillo, reducido a doce diputados tras varias deserciones hacia el oficialismo. Este interbloque, que reedita en gran medida a Juntos por el Cambio, logró sumar a dos legisladores del MID, a Garrido y a la radical Karina Banfi. El cambio de bando de Banfi fue fuertemente cuestionado por Provincias Unidas, donde se interpretó como una estrategia para debilitar su armado y adjudicarse la vicepresidencia en disputa. “Las viudas de JxC hicieron trampa para quedarse con un cargo”, expresaron con malestar en ese espacio.
Mientras tanto, la iniciativa del gobernador salteño Gustavo Sáenz no logró concretarse, al no sumar a los disidentes tucumanos y catamarqueños, reteniendo solo a sus legisladores provinciales.
Una presencia polémica
La sesión estuvo marcada por la inesperada presencia de la legisladora Lorena Villaverde. Impedida de asumir en el Senado por una impugnación del PJ rionegrino, que señaló su “inhabilidad moral” por presuntos vínculos con el narcotráfico, la diputada presentó su renuncia a dicha designación. Esta jugada le permite conservar su banca y sus fueros en la Cámara baja por al menos dos años más, bajo el argumento, según publicó en sus redes sociales, de no ser “usada como herramienta para dañar al Gobierno”. Su permanencia añade un capítulo más de controversia a un escenario político ya de por sí fragmentado y complejo.
