Una interna al rojo vivo fuerza el regreso urgente del Presidente y congela la reforma laboral

Una interna al rojo vivo fuerza el regreso urgente del Presidente y congela la reforma laboral

En medio de una aguda disputa interna por el contenido del proyecto, Javier Milei abortó su agenda en Noruega y retornó para intentar desbloquear la ley. La pulseada entre el ala dura y los dialoguistas pone en jaque los tiempos legislativos.

Una aguda crisis interna en el seno del gobierno, que amenazó con dinamitar la Ley de Reforma Laboral en el preciso instante de su ingreso al Parlamento, motivó el abrupto regreso del presidente Javier Milei desde Oslo, donde participaba de la ceremonia del Premio Nobel de la Paz. La versión oficial, difundida extraoficialmente, aludió a la necesidad de ajustes finales y la firma del proyecto. No obstante, en los hechos, dichas gestiones podrían haberse realizado de modo remoto. El verdadero motivo fue la necesidad imperiosa del mandatario de contener una fractura entre sus principales operadores políticos, que puso en riesgo la propia viabilidad de la iniciativa.

El conflicto estalló entre dos figuras históricamente antagónicas dentro del espacio libertario, pero que en esta ocasión coincidieron en bloquear la versión original del proyecto impulsada por el ministro Federico Sturzenegger. Santiago Caputo y Martín Menem, reconocidos como los nexos más fluidos con la dirigencia de la CGT, advirtieron que la propuesta, tal como estaba redactada, corría un serio peligro de naufragar en el Congreso. Su advertencia se basaba en el precedente aún vigente de la reforma previsional de 2017, que terminó siendo severamente mutilada. Su diagnóstico fue claro: el texto, de no ser modificado, podía ser rechazado, transformado hasta perder su esencia o aprobado a un costo político exorbitante.

El núcleo de la controversia radica en los artículos que afectan directamente la estructura financiera y normativa que sostiene al poder sindical, los denominados derechos colectivos. Estos puntos son considerados una línea roja por la central obrera, que los prioriza por encima de las modificaciones a las condiciones laborales individuales. Ya el lunes, en una reunión con diputados oficialistas de la cual Menem estuvo notablemente ausente, Sturzenegger había insinuado la posibilidad de una “versión light”, más consensuada y con mayores chances de aprobación. Sin embargo, al día siguiente, el vocero presidencial Manuel Adorni anunció un contenido que ignoraba en gran medida esos posibles recortes e incluía cláusulas consideradas inaceptables incluso para el sector más negociador del sindicalismo. Fuentes de la Casa Rosada indican que la orden de mantener una redacción intransigente partió del propio Milei.

Fue en ese preciso momento, con el proyecto listo para ser girado al Senado, cuando la intervención conjunta de Caputo y Menem logró detener su avance. Ese impasse forzó la vuelta urgente del Presidente, quien debió suspender encuentros con el primer ministro noruego e incluso con la realeza, además de una potencial reunión con la laureada activista venezolana María Corina Machado.

Mientras tanto, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se alinea con la postura de Sturzenegger y reclama agilidad, argumentando que si la reforma no obtiene una media sanción exprés antes del receso navideño, su tratamiento podría empantanarse definitivamente en el próximo año legislativo. El plan original de emitir dictamen esta misma semana se ha ido desvaneciendo hora tras hora. En el escenario más optimista, la sesión podría producirse en vísperas de Nochebuena, lo que, dadas las profundas divisiones internas y la feroz oposición externa, sería considerado por muchos un verdadero milagro navideño. La capacidad del Gobierno para cerrar sus filas y consensuar un texto viable se juega en estas horas críticas.

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