Un informe de FIEL revela que la producción industrial registró en noviembre su sexta baja consecutiva, con retrocesos en casi todos los rubros. La escasez de insumos importados y la contracción de la demanda interna agravan el panorama, aunque la automotriz logra un crecimiento interanual.
La actividad industrial argentina atraviesa un momento complejo, según los últimos datos difundidos por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas. En noviembre de 2023, el Índice de Producción Industrial experimentó un descenso del 6,1% en comparación con igual mes del año anterior, marcando así la sexta retracción consecutiva a nivel interanual. El estudio, titulado “Indicadores de Coyuntura”, subraya que este resultado negativo se extendió a la casi totalidad de los bloques productivos, con la única salvedad del segmento automotor.
Al observar la serie desestacionalizada, la contracción se mantiene: la producción fabril cayó un 2,1% respecto a octubre, profundizando una tendencia negativa que se viene acentuando en los últimos meses. La fundación explicó que este deterioro ocurre en un marco de demanda interna debilitada, mayores dificultades para acceder a insumos del exterior y un aumento en los costos financieros.
Entre los sectores más perjudicados se destacan la producción de alimentos y bebidas, los minerales no metálicos y la industria química y plástica. Asimismo, en el acumulado de los primeros once meses del año, la actividad industrial registra una merma del 2,5% interanual. Los rubros que exhibieron los retrocesos más pronunciados en este período fueron la metalmecánica, la siderurgia, los insumos textiles, la fabricación de cigarrillos y el bloque de papel y celulosa.
En contrapartida, el sector automotriz mostró un crecimiento interanual del 10,1%, impulsado fundamentalmente por la demanda externa. No obstante, al eliminar el factor estacional, se observa que incluso este bloque experimentó una leve disminución mensual del 2,9% respecto a octubre.
La fundación hizo hincapié en que las complicaciones para importar insumos y repuestos afectaron de manera directa la operatoria de numerosas empresas, en especial de las pequeñas y medianas, que vieron interrumpidas sus líneas de fabricación. Esta restricción cambiaria limitó severamente la adquisición de componentes importados, generando parálisis en plantas con alto grado de integración de piezas provenientes del exterior.
El consumo eléctrico del sector manufacturero reflejó este declive: en noviembre se redujo un 7% frente al mismo mes de 2022, confirmando la debilidad generalizada en la actividad. A su vez, el informe advierte que la menor producción está comenzando a impactar en el empleo formal industrial, cuyos últimos datos disponibles muestran signos de estancamiento.
En sus conclusiones, FIEL señaló que las empresas enfrentaron durante noviembre un escenario adverso, caracterizado por la caída de la demanda local de bienes, la persistencia de barreras para la provisión de insumos importados y un clima financiero desfavorable. Frente a la prevalencia de estos obstáculos, la actividad manufacturera exhibe una creciente heterogeneidad sectorial y un deterioro generalizado que compromete el desempeño de toda la producción fabril nacional.
