En una final marcada por los contrastes, el Pincha de La Plata superó el cansancio y revirtió el marcador ante un Platense que se quedó cerca. Con un doblete magistral del ingresado Lucas Alario, el equipo de Domínguez selló una temporada gloriosa y alzó el título que lo corona como el mejor del año en el fútbol argentino.
San Nicolás. El fútbol argentino cerró su ciclo anual con una definición que contuvo todos los matices de un deporte impredecible. Este sábado, en el estadio Único de San Nicolás, Estudiantes de La Plata se coronó campeón del Trofeo de Campeones 2025 tras vencer por 2-1 a Platense, en un encuentro que reflejó dos realidades diametralmente opuestas y que tuvo en Lucas Alario su figura estelar con un doblete que volteó el resultado.
El partido enfrentó a dos mundos. Por un lado, Estudiantes, aún con el desgaste físico y anímico de haberse consagrado en el torneo Clausura apenas una semana atrás, y que además debutaba en esta final con su nuevo director técnico, Eduardo Domínguez. Por el otro, Platense llegaba tras un extenso receso de casi cinco semanas, cargando además una prolongada sequía de triunfos y con un futuro técnico aún por definirse. A pesar de que la lógica sugería un encuentro parejo, la historia favoreció al conjunto que supo sobreponerse a sus propias limitaciones.
El primer tiempo transcurrió con ritmo pausado y escasas emociones. Platense dominó la posesión del balón, pero sin lograr generar peligro verdadero. Estudiantes, evidenciando la fatiga acumulada, se mostró contenido, aunque produjo las dos situaciones más claras del inicio: un potente disparo de Edwuin Cetré y un cabezazo contra su propio arco de Guido Mainero, ambas frustradas por atajadas clave del arquero rival Federico Lozano.
Tras el descanso, el partido encontró su chispa. A los cuatro minutos, Franco Zapiola, jugador formado en Estudiantes y dejado libre por Domínguez el año pasado, apareció en el área para empujar un rebote y desatar el júbilo del Calamar. El gol pareció inclinar la balanza definitivamente. Cuatro minutos más tarde, Platense tuvo la chance de sentenciar el encuentro, pero Mainero desperdició un cara a cara con el experimentado arquero Fernando Muslera.
Esa oportunidad fallida no solo salvó al Pincha, sino que operó como un revulsivo. El equipo de La Plata comenzó a creer, encontró una segunda ráfaga de energía y asumió el control. La respuesta llegó con la entrada de Lucas Alario, cuyo ingreso cambió el rumbo de la historia. En un lapso de doce minutos, el experimentado delantero ejecutó una actuación magistral: primero, con un preciso cabezazo que niveló el marcador; luego, con un remate de primera, anticipándose a la defensa, que completó la remontada espectacular. Su doblete fue un golpe de autoridad y calidad.
El agotamiento, finalmente, no pudo con la jerarquía y el corazón de Estudiantes. El conjunto platense no solo defendió con éxito su supercorona del 2024, sino que abrió un horizonte de nuevos desafíos internacionales para el año próximo, donde luchará por la Supercopa Argentina, la Supercopa Internacional y la Recopa de Campeones.
En San Nicolás, Estudiantes escribió un nuevo capítulo glorioso, su título número diecinueve. Lucas Alario emergió como el héroe de la tarde, y Eduardo Domínguez inició su ciclo con un trofeo que sella una temporada inolvidable. El equipo demostró que, más allá del cansancio, la grandeza se construye con carácter y que, a veces, la justicia poética del fútbol también premia a quienes nunca dejan de luchar. La celebración, esta vez, es a pura alegría y con el mérito bien ganado.
