Un libro de un destacado psiquiatra argentino analiza este trastorno desde múltiples ángulos, revelando las estrategias de manipulación, la ausencia de culpa y el devastador impacto en las víctimas, quienes a menudo cargan con la responsabilidad en silencio.
Identificar a un psicópata integrado en la sociedad representa uno de los desafíos más complejos de la interacción humana. Estos individuos suelen desenvolverse con aparente normalidad, ocupando posiciones relevantes y tejiendo vínculos que, en superficie, parecen convencionales. Su verdadera esencia, sin embargo, permanece oculta tras una máscara de encanto y adaptabilidad, que les permite mimetizarse con las expectativas sociales mientras encubren sus intenciones. Esta capacidad los convierte en manipuladores hábiles, cuyo reconocimiento excede la percepción superficial.
Frente a este intricado panorama, el médico psiquiatra Sergio Rosengarten, miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), presenta en su obra “El perfil psicopático. Enfoque clínico, legal y relacional” (Editorial Salerno) un análisis profundo y multidisciplinario. La obra integra perspectivas de la psiquiatría, la psicología, el derecho y la criminología para desentrañar los patrones de conducta característicos y ofrecer herramientas para navegar o evitar las relaciones patológicas, considerando sus graves repercusiones clínicas y legales.
Rosengarten sostiene que la génesis de la psicopatía no responde a una causa única. Si bien los factores hereditarios no son descartables, el entorno —especialmente el familiar y social— ejerce una influencia decisiva en el desarrollo de estas conductas. El psiquiatra subraya que no existe un predominio de género: la psicopatía puede manifestarse tanto en hombres como en mujeres, desmitificando la antigua asociación casi exclusiva con lo masculino.
El núcleo del trastorno radica en una personalidad marcadamente egocéntrica, acompañada de una ausencia total de empatía y de la incapacidad para establecer lazos emocionales genuinos. Estos sujetos construyen vínculos superficiales y mantienen un patrón constante de manipulación y engaño. “Socialmente, incluso en consulta, suelen mostrarse encantadores y carismáticos. La patología pasa desapercibida, salvo que se sepa leer entre líneas”, explica el especialista. Una de sus señales distintivas es la falta de culpa: el psicópata está convencido de que la responsabilidad siempre es ajena, en cualquier ámbito de la vida.
Su comportamiento se adapta al contexto —laboral, social o familiar—, pero el contenido esencial permanece invariable: la necesidad de un complementario, alguien sobre quien volcar su narrativa patológica. Este rol, descrito por el psiquiatra Hugo Marietan, es fundamental para su dinámica. En las relaciones de pareja, por ejemplo, el psicópata busca convencer al otro de que es el único responsable de los problemas, utilizando una convincente frialdad que puede llevar a la víctima a la autoinculpación. Cuando esta resistencia se fortalece, el psicópata buscará un nuevo “recipiente” para su patología.
Una herramienta central en su arsenal es la cosificación: transforman al otro en un objeto de utilidad, negando su subjetividad. Este proceso va de la mano con una relación de poder y dependencia, donde la víctima es sistemáticamente subestimada. Una técnica devastadora, conocida como “gaslighting”, consiste en manipular la percepción de la realidad de la otra persona, haciéndola dudar de su propio juicio y recuerdos, incrementando así su vulnerabilidad y sujeción.
El impacto en la víctima suele ser severo. Quienes llegan a la consulta clínica presentan comúnmente cuadros de angustia, ansiedad y depresión intensos, inicialmente atribuidos a una falla personal. “Entran con un miedo interior, convencidas de que son las culpables”, describe Rosengarten. La baja autoestima es tanto un terreno fértil para el psicópata como un resultado de su manipulación; él se nutre de minar la confianza del otro para afianzar el control.
Ante la sospecha de estar frente a un vínculo de este tipo, el autor enfatiza que es más viable cambiar la propia respuesta que intentar modificar al psicópata. La clave reside en detectar la subestimación constante y la sensación de impotencia. Pedir ayuda terapéutica externa es crucial para obtener herramientas que permitan romper el ciclo de dependencia y recuperar la autonomía. La obra de Rosengarten se erige así como una guía esencial para comprender y enfrentar una realidad psíquica tan fascinante como perturbadora, que se esconde a plena vista en la trama de la vida cotidiana.
